Pensamientos en voz alta


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EL PRECIO DE LAS COSAS (según los bancos)
Un compañero de mi marido, al que llamaremos John Smith -por eso del anonimato-, decidió que ya iba siendo hora de tener moto otra vez, así que echó cuentas y eligió la que iba a ser su nueva montura. Lo de echar cuentas no era por el dinero, que para eso ya están los bancos, sino por su embergadura. “Veamos, si mido 2 de alto por 2 de ancho está claro que la moto que elija tendrá que ser tamaño XXL. Un scooter no lo quiero, custom ya he tenido -mi última moto fue una Honda Shadow- y se me quedan pequeñas, los “pepinos” no me apasionan...”. Y así, mirando mirando en las distintas marcas encontró la moto que más se ajustaba a él, una Honda (en mi opinión personal, lo mejor de lo mejor). Y encima estaba de suerte, se la dejaban 3.000€ más barata. Aún así, John decidió pedir un préstamo por el precio real, por si acaso; ya puestos a pedir.

Una vez dado el primer paso, elegir moto, nuestro protagonista se dispone a realizar el segundo: ir al banco a pedir pasta, que tienen a tutiplén. Así que una mañana se presenta en su banco de siempre. Le atiende una amable chica que le hace el interrogatorio de rigor: “tienes cuenta aquí, tienes nómina, qué tipo de contrato tienes, cuánto necesitas, para qué, qué talla de calzoncillos usas, de qué marca...”. Lo normal, vamos. “A ver, tienes que traer algunos papeles y en unos días ya tendremos una respuesta.” Y así lo hace al día siguiente.
Como ves, por el momento todo sigue su curso normal: John Smith soñando con el día en que cabalgue su nueva montura, el banco estudiando la solicitud del préstamo. Los días transcurrían como transcurren en estos casos: lentos, muy lentos. John se dio otra vueltecilla por su banco amigo para ver cómo iba su solicitud pero la chica no estaba, vacaciones. Bueno, no pasa nada. La moto aún tardaría así que él podía esperar mientras iba decidiendo cómo tunearla: color, extras... y ya está. No hay mucho más que tunear en una moto. Otra semana más y vuelta al banco. Vaya por Dios, ahora está de baja. Nadie le puede informar así que habla con el director. “No te preocupes -le dice- ya me encargo yo de agilizarlo” (palabra de banquero, qué miedo).

La moto ya está en el concesionario y su futuro dueño empieza a impacientarse. Cada vez que llama al banco amigo le dan excusas hasta que decide ir “in person” y que le expliquen de una vez qué ocurre. Y lo que ocurre es lo siguiente (asómbrate):
John- A los buenos días, vengo por lo de mi préstamo.
Director- Buenos días... si... estooo... siéntate. Verás, es que te lo han denegado.
J- ¿¡Por qué!?
D- Bueno, es que 30.000€ para una moto es mucho dinero.
J- Pues es lo que vale.
D- Además, ahora mismo su contrato es temporal.
J- Ya les traje los papeles que me pidieron para confirmar que estoy la lista del Sergas porque estoy esperando a que salga la plaza. Como mucho tardaría 2 años y hasta entonces tengo trabajo estable.
D- Si, ya, pero de aquí a dos años le pueden surgir otras cosas.
J- ¿Me está diciendo que después de lo que me ha costado aprobar la oposición y teniendo ya una plaza asegurada de funcionario voy a ser tan estúpido de rechazarla? Venga, hombre.
D- Bueno, pero aún así 30.000€ nos parece mucho para una moto. Para un coche puede ser, pero una moto...
J- Ese es el precio oficial. Si quiere le traigo el catálogo. Es lo que valen esas motos tamaño familiar. No estamos hablando de un ciclomotor.
D- No hace falta. Como le he dicho se ha denegado porque el banco considera que 30.000€ es mucho dinero para una moto.

Si señor, un aplauso para el banco y su director, plas plas plas. Eso de “qué atrevida es la ignorancia” se lo han aplicado de lleno. Que ellos sabrán mucho de planes de pensiones, pero está claro que de motos no tienen ni idea. ¿Cómo pueden denegar un préstamo sólo porque les parece que una moto no puede valer tanto? Al menos tendrían que comprobarlo. Pero qué se le va a hacer. El que sabe, sabe; y el que no, trabaja de banquero. Seguro que tú ya has adivinado qué modelo de moto es el que ha elegido nuestro prota sólo con saber el precio. Ahora ya no sólo Pere Navarro nos pone trabas para motorizarnos, los bancos también opinando de lo que no saben. Mucho pa'una moto, mucho pa'una moto... bah, qué sabrán ellos.

Respecto a John Smith, probó en Caixa Galicia, otro banco amigo de toda la vida -de la vida de su padre- y ¡obtuvo la misma respuesta! (no entraré en más detalles por no extenderme más). Finalmente, el concesionario le ha echado un cable (lo que sea con tal de no pringar con la moto) y Johnny ya ha estrenado su Honda Goldwing. Enhorabuena, y a disfrutarla con sensatez y con casco.
Comentarios (1) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 17-09-2008 16:40
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1 Comentario(s)
1 É curiosa a actitude nosa diante dos bancos.
Cando pedimos un préstamo NOS somos os clientes e eles deberían estar contentos con vendernos o seu producto.
Mira ti por onde #blgtk08#,fannos un favor con prestarnos un diñeiro que nos rouban a diario e xestionan ó tolo.
E teremos que devolverlle cuns intereses evidentemente altos ,co cal gañarán máis diñeiro...
Comentario por Peter P. de Mille (07-10-2008 21:25)
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