Pensamientos en voz alta


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DEJA EL ORDENADOR
Estamos en verano (vaya noticia de última hora, ¿eh?), la gente se va de vacaciones o simplemente dedica su tiempo a salir, a ir a la playa, a hacer vida social en la terraza de un bar? En definitiva, que se está menos delante del ordenador, lo cual aplaudo. Esta reflexión es para decirte que ya que en esta época estival baja el número de lectores, voy a aprovechar para tomarme yo también un descanso bloguero. Seguiré escribiendo, pero no semanalmente? o si? no sé? depende de lo que me apetezca contar y de si me apetece contarlo.

Una de las cosas que me gustaría este verano es poder terminar el primer borrador de la novela que estoy escribiendo. Si, me conformaría con el borrador, que ya es escribir bastante. Así, el tiempo que no le dedique al blog se lo dedicaré a la novela. Lástima que no me paguen por ello, pero al menos disfruto mientras escribo.

Bueno, no te entretengo más. Vete a la playa, a la piscina, de viaje, de ruta motera, a pasear, a la verbena, a la feria, a visitar a tus abuelos? lo que sea menos quedarte sentado delante del ordenador aunque sea en el campo. Desconecta ya y lárgate. Eso sí, no te olvides de pasar por aquí cuando vuelvas de tu desconexión. Y llévate algún libro, así no pierdes la costumbre de leer. Te pasaría mi novela, que es buenísima, pero todavía está sin terminar.
Comentarios (2) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 19-07-2010 20:30
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1ª TRASNADA MOTERA, BAÑOS DE MOLGAS
Ruta de las Antorchas (Baños de Molgas, Orense)
El pasado fin de semana estuvimos en la primera Trasnada, esto es, la primera concentración que organizó el motoclub Os Trasnos, en un lugar perdido llamado Baños de Molgas. No podíamos faltar. El protocolo social es importante en este mundo y sería una falta de respeto no haber ido, aunque el motivo real era que nos apetecía pasar un fin de semana motero entre colegas. Así que el sábado por la mañana organizamos los equipajes, fuimos a recoger mi Honda que estrenaba zapatos, mi marido tuvo que hacer un arreglo de última hora en las luces de su BMW, comimos? y al fin arrancamos. Qué difícil es salir de mi casa. No es que nos pongan barreras ni peajes en la puerta, es que entre una maleta, la comida, otra maleta, todo a última hora (en este caso tuvo que ser así)? no doy hecho. Ya sabes, las madres solemos hacer nuestra maleta, la de los hijos pequeños y revisamos las otras. Lo raro es que no se nos olvide algo. Cuando, por fin, me veo ya en mi montura ?o en el coche, depende del viaje- respiro aliviada confiando en no tener que dar media vuelta por algún olvido. En este caso fue mi marido el que olvidó algo: los guantes de la moto, y regresó con las manos echas un desastre.

Repostamos en la gasolinera de al lado de casa y empezamos la ruta. Yo llevo a nuestro hijo de 7 años y mi marido a nuestra hija de 15. Para el niño es su primer viaje en moto y su primera concentración. Ya le avisé de que iba a ser mucho rato en la moto, algo más de 3 horas, y cuando llevábamos unos 30 minutos me dice por el intercomunicador ?mami, tenías razón, este viaje es muy largo?, ?pues aún nos falta mucho?. Pobre, aguantó como un campeón. Hicimos paradas, por supuesto, para ponernos de pie y que la sangre volviese a circular por donde la espalda pierde su nombre y la sensibilidad también después de muchos kms sin parar. Llevar los intercomunicadores fue una muy buena idea, sobre todo a la vuelta, que se dormía y tuve que ir cantando y propiniéndole juegos para mantenerle despierto. Funcionó.

La última parte del viaje no estuvo mal: carreteras secundarias con muchas curvas y árboles a ambos lados, realmente bonitas. Lo que pasa es que a mí lo de las curvas no me gusta mucho todavía ?vaya motera de pacotilla-, así que entre mi marido y yo había un par de curvas de diferencia. Es que él las traza con tiralíneas y aunque yo intento seguirle me resulta imposible, snif.

Cuando al fin llegamos, estaban todos ya preparados para salir hacia la primera ruta organizada. Hicimos nuestra inscripción y decidimos irnos al hotel a descansar, que ya habíamos ruteado bastante. Nos dimos una agradable ducha ?aunque con precaución porque no había cortinas ni mampara ni nada-, nos echamos un rato en las 3 camas individuales y descansamos lo suficiente como para aguantar todo lo que nos quedaba por delante. Por no ir a la ruta nos perdimos la bendición de motos y cascos, y los pinchos de después. Otra vez será.

Cuando terminó el partido pudimos entrar a cenar, que ya había hambre. Además de comida había baile, evento al que los Spekes no se pueden resistir, así que tuvimos una cena muy entretenida. No entiendo esa manía de sentarse en grupos pero así es siempre. Los Artabros nos vamos sentando donde hay sitios libres, sin importarnos si vamos a estar juntos o no; es la mejor manera de hacer vida social, al menos así lo vemos nosotros. Después de la cena hubo ?ruta de las antorchas? (pequeño paseo en moto en recuerdo de los compañeros caídos, a ver si Pere Navarro y Fomento aprenden) en la que no participé por no ponerme el casco, que se me aplastaba el pelo y lo tenía recién lavado. Y después de eso la fiesta en la zona de acampada. Los grupos tocaron muy bien, pero no éramos muchos y parecía que no les hacíamos caso. Se lo hicimos, al menos yo. No podía faltar la queimada, con conjuro y todo ?si es que a lo que recitó Alex se le podía llamar conjuro, jeje-. Antes de acabar la fiesta, nosotros nos volvimos al hotel porque el desayuno tenía prevista una hora indecentemente temprana.

Por la mañana, después del escaso desayuno, nos preparamos para la ruta. Hubo dos paradas con sus abundantes pinchos correspondientes, muy buen clima, muy buen ambiente, como debe ser. De regreso al hotel empezamos a preparar los equipajes antes de bajar a comer. A algunos les dijeron que tenían que dejar la habitación a las 12; a nosotros nos dijeron que no había prisa por dejarla, y fue cierto, así que comimos tranquilos aunque habíamos dejado las maletas ya hechas. En los postres hubo sorteos y regalos. Mi hija fue la ?mano inocente?, tan inocente que sacó su nº pero no los de sus padres. Se llevó un casco. Los demás no nos fuimos con las manos vacías porque había detalles para repartir sin sorteo. Menos mal que teníamos sitio en una de las maletas de la BMW, porque un casco de moto no ocupa poco.

El regreso lo hicimos con otras dos motos, pero el camino que nos indicó un coche? era como para pillarle la matrícula y quemarle. Metros y metros y más metros y todavía más metros eternos de carretera en obras. Y ya sabemos que cuando se hacen obras sólo se piensa en los vehículos de cuatro ruedas, así que de lado a lado era todo gravilla y tierra ?pero montañitas de gravilla-, lo que hacía que bajásemos a segunda e incluso primera algunas veces. No caerse en esas situaciones es para dar gracias a todos los ángeles de la guarda que nos acompañan. Yo iba acojonada, pero no por la posibilidad de acabar en el suelo, sino porque también se caería mi hijo. Al día siguiente todavía me dolían los brazos de toda la tensión que tuve que hacer para sujetar el manillar y mantener el equilibrio. Pobres ruedas nuevas. Pero después de esos tramos realmente largos todo volvió a la normalidad y pudimos llegar sanos y salvos después de alguna parada para refrescar el gaznate, que hacía un calor agobiante.

Resumiendo, un estupendo fin de semana. Nuestra felicitación a Os Trasnos que se lo curraron bien para conseguir que estuviésemos a gusto y que siempre siempre se portan de lujo con nosotros concretamente y con el resto de invitados. El próximo año nos tendréis ahí si nada se tuerce.


Comentarios (5) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 12-07-2010 19:11
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