Pensamientos en voz alta


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4- AIRES CELTAS: QUE EMPIECE LA FIESTA
Durante la fiesta, Puchi intentó negociar con Angel la hora de toque de diana del día siguiente. Era una negociación inútil, todos los sabíamos, pero al menos lo intentó. Teníamos que estar en Bayona a las 12 de la mañana ya que la policía municipal nos tendría reservado el aparcamiento de 12 a 14 horas (un saludo al ayto de Bayona que se portó tan bien con nosotros). Así que de llegar tarde, nada de nada. Además, por mucha negociación que hubiese, los hay que se levantan más temprano empeñados en que todos nos pongamos en pie con el ruido de motores y música a toda pastilla. Así que era difícil no despertarse.

Seguimos con la fiesta. Kike se encargó de la queimada recitando de memoria el ?conxuro?. Pero ese aguardiente no había quien lo quemase. Normal, era de la ?primera hornada?, es decir, con más grados que años tiene Sara Montiel y no había manera de apagar el fuego (el de la queimada, no el de Sara). Pero claro, siempre están los borrachuzas impacientes, taza en mano y en primera fila esperando ansiosos a ser servidos. No importa si se ha quemado ya o no. Tú sirve que ya soplo yo. Y soplar, soplaron. En el amplio sentido de la palabra.

Después de la queimada nos tenían preparado un concurso, con sus bandas y regalos y todo. Era un concurso de Miss y Mister en varias categorías: al más barrigón, a la de más cadera, al más tatuado? De todo un poco. A mí me obligaron a presentarme a Miss Caderas ?no se por qué, lalalieroliero- y? ¡perdí! Creo que es la primera vez que me alegro de perder un concurso. Podría haber reclamado mi premio ya que la ganadora llevaba puesto el pantalón de cordura y yo unas finas y muy ajustadas mallas, pero para qué liarla. Deja que se lleve ella el premio y yo me quede contenta pensando que no soy la más gorda del lugar. Lo que me fastidió era que el premio eran unos Ferrero Roché; en fin, no se puede tener todo.

Después del concurso, con accidente contra alambres invisibles incluido je je je, algunos decidimos irnos a un garito cercano a seguir con la juerga pues nos habían dado invitaciones ?primera consumición gratis?. Allí enfilamos dispuestos a bailar y conocer lugareñas (ellos, a mí las lugareñas?). Al llegar a la puerta y presentar las invitaciones nos explican que la primera consumición es a 4?. Empezamos mal, ¿no era gratis? Pues no, la ?oferta? era un descuento de ¡2?! en la primera cerveza. Le dije al tipo que si quería cerveza tenía a tutiplén en el camping por lo que no pensaba pagar por ella, así que media vuelta y de regreso al camping. Emilio no acababa de entender por qué volvíamos y nos lo preguntó toooooodo el camino. ?¿Por qué no hemos entrado?? ?Por que nos cobraban 4? por una cerveza y nos habían dicho que era gratis? ?Ah, vale?. Al cabo de 2 minutos: ?explicadme otra vez por qué no hemos entrado?, y vuelta a lo mismo. Así unas cuantas veces, qué paciencia. Pero cualquiera le lleva la contraria a Emilio, sobre todo teniendo en cuenta que ganó el concurso de Mister Barriga. Nada, nada, a explicarlo las veces que haga falta. Mac quiso dar media vuelta y pagar lo que hiciese falta cuando nos cruzamos con unas chicas que le llamaron ?guapo? y que parecía que iban hacia el garito gratis a 4?. Incluso nos pagaba nuestras entradas con tal de ir, pero no aceptamos. Lo hicimos por tu bien, Mac.

Ya en el camping nos aposentamos como en las aldeas, sentados en las sillas en el porche ya más tranquilos. No había mucha opción más teniendo en cuenta que en lo poco que tardamos en ir y volver del garito gratis a 4?, todo el mundo se había acostado ya. Y empezamos con los chistes. Parecía que todo el mundo dormía, pero no. Escuchábamos las risas dentro de las tiendas de campaña, y algunas voces diciendo ?eh, que no he oído el final?. Pero a ver, ¿no estabais ya roncando? En estos casos siempre hay algún chiste muy bueno con el que se ríen todos menos uno. El chiste era el del mono y el que no lo pilló fue Emilio. Claro que ya te haces una idea de cómo estaban las neuronas a esas horas. Pues ni al día siguiente, con más explicaciones, fue capaz de entenderlo.

Uno de los usuarios del camping vino a darnos un toque para que por favor no hiciésemos tanto ruido. Vale, sin problema. Algunos aprovechamos y nos fuimos a dormir, que al día siguiente aún nos quedaba bastante tute, sobre todo a los que teníamos que volver a Coruña.
Comentarios (3) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 28-04-2009 13:13
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3- AIRES CELTAS: EL TIO GILITO
Arrancamos todas las motos y emprendemos la marcha. Bueno, todas no. A alguna montura no le sienta bien el frío nocturno y solitario de la alta montaña y decide no arrancar. Y hala, a esperar todos a que vayan los listos a mirar qué le pasa. Al cabo de un rato todo solucionado (cuando el susodicho recordó cómo funciona su propia moto, básicamente) y bajamos las curvas y más curvas que ahora son p?abajo p?abajo. Llevo delante de mí a Iago, que va bailando en cada parada, y también en marcha.

Otro paseíto por Vigo, en este caso respetando algunos semáforos ?la costumbre- y llegamos al camping a montar la fiesta que el dueño había dicho que podíamos montar y que luego dijo que no podíamos montar pero que íbamos a montar de todas formas aunque algo más moderados. Creo que este es buen momento para hablar del camping de cuyo nombre no puedo ni quiero acordarme. Al llegar por la tarde y elegir caravana setentera pude apreciar alguna cosilla, como por ejemplo que ni siquiera se habían molestado en poner papel higiénico en el baño. Quizás fuese un despiste, pero después de la informalidad que demostró el dueño, pues ya todo lo veía con malos ojos. Y es que cuando Angel, de Simplemente Moteros, habló con el tipo quedaron en que reservábamos 8 caravanas y que íbamos a hacer fiesta por la noche. Vale, de acuerdo. Al cabo de unos días resultó que ya no eran 8 sino 7. Una faena, pues la nº 8 ?la más grande- ya estaba llena así que hubo que reubicar a los ocupantes. Es que quería tenerla libre por si iba alguien más al camping. A ver, ya vamos nosotros. Esto ya te va dando una idea de cómo es el dueño, así tipo Gilito, dinero, dinero, dinero pero a lo gallego (y que no se me ofenda nadie, pero es así). Es decir, ve el euro hoy en mano, pero no los euros de mañana, la inversión.

A lo que iba. Después de ese cambio de reservas nos viene diciendo que no podemos hacer fiesta porque no podemos molestar al resto de la gente del camping. Ya, vale, pero es que ya lo habíamos hablado y estaba conforme. Creo que por eso Angel eligió ese sitio, por las facilidades que nos daban. De saber que no podríamos hacer nada, habríamos buscado otro sitio. Yo había propuesto en nuestro foro cambiar de sitio, aún estábamos a tiempo, pero me quedé sola con la iniciativa así que todos al camping del tío Gilito. No teníamos intención de fastidiar a nadie, ni de hacer ruido para no dejar dormir, pero creo que el propio dueño debería haber avisado a los clientes de que no iba a ser una noche tranquila. Claro, que eso suponía que quizás no le fuese nadie más y perder esa pasta. Bueno, pues la que ha perdido es la nuestra (que no ha sido poca en temporada baja en una sola noche) porque no volveremos nunca jamás de los jamases.

Cuando Kike y Gloria entraron en nuestro moviljóm mostraron una sorpresa con tono de envidia. Según dijeron, el nuestro estaba muy bien pues el suyo parecía sacado de un episodio de Cuéntame. A lo que respondí que sería de la primera temporada, porque el nuestro parecía de la última. No vi las demás caravanas por dentro, pero caras de ?cómo mola? tampoco vislumbré. Y menos la de mi hija cuando vio dónde le tocaba dormir. Era un avance de la caravana hecho a base de cristales color caramelo con cortinas que no llegaban al suelo, así que de mañanita te despierta la luz del sol. Además, era un sofá de madera con cojines separados no estables, por lo que te puedes imaginar lo que debió ser dormir en algo que no está quieto y que no ocupa todo el espacio, por lo que se mueve aún más.

Voy a dejar el tema del camping. Sólo añadiré que estuvo bien para ser una noche, pero que debido al ?donde dije Digo, digo Diego? que demuestra mucha informalidad, no volveré más, ni en manada ni en solitario. Por mucho que esté en plena playa de Samil. Creo que el año que viene estaremos en Baiona, cuyo ayuntamiento ha dado muestras de ponernos todas las facilidades del mundo.

Y empieza la fiesta, con su queimada, su música de maletero de coche y volumen muy bajo, sus bizcochos caseros que con tan poca luz coges el que tienes pasas y no te gustan? En fin, lo normal.
Comentarios (2) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 14-04-2009 16:54
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2- AIRES CELTAS: MOTOS, MOTOS Y COMIDA
Una cosa buena, muy pero que muy buena, que tiene Vigo es que las normas de tráfico no funcionan como en el resto del mundo mundial. Allí los semáforos quieren decir ?las motos tienen preferencia de paso? estén en rojo, ámbar o verde. Los cedas, los stops? todo todo está pensado para las motos. No creas que te miento. Allí íbamos todos en fila de trebolillo sin hacer caso a las señales y no pasaba nada. Los coches paraban para dejarnos pasar, sin pitar, sin estresarse. Que si, que conducir en moto en Vigo me ha gustado. No se si tendrá algo que ver con que los que iban en cabeza se iban quedando en cruces y demás parando el tráfico para que el grupo no se rompiese y perdiese, pero no creo. Seguro que es así todos los días. Y así, felices de poder pasarnos las normas por el forro de? del asiento de la moto, llegamos a la sede donde nos esperaban unos pinchos mágicos que todos esperábamos con mucha ?jambre?. Digo mágicos porque tú los mirabas, pero sólo con que pestañearas una vez ya no estaban en el plato. Desaparecían con una rapidez increíble. No conseguí ver al mago, pero era bueno, si señor. A pesar de eso pude comer algo, en parte gracias a mi hija que me surtió, de algo tenía que servir llevarla. Seis representantes de espalda parcheada, uno por cada motoclub, se pusieron para la foto de rigor contra la pared. Entretanto, a Puchi le vencía la edad y se quedaba dormido a pesar del jaleo y la comida. Es lo que tiene ir de reenganche pasados los XXX años. Bueno, qué más da la edad. Todos nos quedamos callados para que durmiese el angelito, pero Carlos ?el pelao? decidió que allí no se dormía nadie y le despertó ¿suavemente? con un silbido a corta distancia que hasta me asustó a mí que lo estaba viendo.

Descansando estábamos tranquilamente al fin (unos más que otros) cuando, de repente, me acordé de Peter. Tenía que haberle dado una llamada perdida al llegar al camping. Me levanté rauda y veloz pero ya Kike había hablado con él y al cabo de unos pocos minutillos apareció Peter ?el ofendido?, y con razón. Perdón, perdón, perdón y otra vez perdón. Es lo que tiene ser tan despistada y olvidadiza como yo. Quedo mal incluso con la gente que me importa porque me olvido de las cosas. Pero Peter aún no está acostumbrado a este fallo mío y mantuvo su postura ofendida hasta la cena.

Después del merecido descanso y repostaje de nuestras barrigas, que no sólo hay que repostar monturas, nos hicimos fotos de grupo antes de arrancar. La ?sección Ausonia?, es decir, las chicas que íbamos pilotando nuestras propias motos nos hicimos una, y después la del grupo completo. Sorprendentemente cupimos todos en una sola foto. Es lo que tiene contar con Tino entre Os Artabros. Un fotógrafo siempre es de agradecer, y así tenemos después los megareportajes que tenemos de cada ruta. Arrancamos por las calles de Vigo, otra vez pasando olímpicamente de las normas de tráfico ?qué gustazo, sólo por eso merece la pena ser motera- y vamos ya de noche por unas carreteras de cuarta división, o al menos eso me parece a mí, hasta el restaurante, que debe estar en el pico del monte más alto porque no hacemos más que subir y subir y subir, y curvear y curvear y curvear. Todo esto sin riesgo a caerme, lo cual es un triunfo para mí. Cuando al fin llegamos vamos con tranquilidad ocupando sitios. Nosotros nos sentamos con Bond, y después llega Peter, que a pesar de su ofensa razonable se sienta conmigo. Lo más destacable, al menos para mí, de la cena fue el susto que se dio mi hija al notar el aliento de Carlos ?el pelao? en la nuca después de que éste se mediodespelotase. Como pa? no asustarse con semejante elemento. Ah, y el licor casero de chocolate que llevaron algunos moteros. Qué rico. Y eso que a mí no me suelen gustar los licores, que no bebo alcohol ?excepto tequila-. Repito, qué rico, y suave. Quiero más. Tendré que esperar a que coincidamos en otra. Fotos y más fotos, cambios de mesa después del postre, risas, charla? Es que la vida del motero es muy solitaria a lomos de su cabalgadura y por eso en cuanto podemos nos ponemos a charlar con el resto de la manada. Unos pocos intentamos hacer la jugada de largarnos sin pagar cuando Teté se acercó a por la pasta, pero nos salió mal. Ya nos tenían el paso bloqueado. Mecachis, otra vez será. De la comida diré que fue escasa ?al menos los entrantes- para lo que cobraron, pero sólo es mi opinión. Ninguna otra pega que se me ocurra al respecto.

Después de estas cosas de cenas y reuniones varias de noche viene siempre el mismo problema: ¿cuál es mi moto? Así de noche y con tanto hierro parecido y arrejunta?o, es difícil distinguir la montura propia, al menos para los de las custom, que eran mayoría. Mi marido, con su BMW roja de plástico la encontró rápido; yo reconozco siempre la mía por el maletón y sus feas pegatinas fucsias que algún día arrancaré. Los demás se dedicaron a silbar confiando así que su moto respondiese a la llamada de su amo. Ilusos. A lo mejor esperaban también que al escuchar el silbidito se arrancase sola y acudiese moviendo el guardabarros de felicidad. Yo intento siempre en estas situaciones coger otra moto, así, como por error, pero no hay manera. No es que no me guste la mía, pero por probar otra? por ejemplo una Shadow? 750? Total, tampoco hay tanta diferencia con mi CB500, ¿no?
Comentarios (3) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 09-04-2009 14:18
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1- AIRES CELTAS, OTRA RUTA EN MOTO
Aquí estamos, después de otro fin de semana de dos ruedas. Aún no he terminado de contar el anterior y ya tengo más. En esta ocasión he ido en moto, por fin. Y con mi casco nuevo; qué maravilla, con sus gafas de sol incorporadas. Esta vez hemos ido a Vigo a juntarnos con nuestros ?hermanos?, los Simplemente Moteros. Pero no sólo nosotros, no. Además de Os Artabros también estaban Águilas Rebeldes, Furia Vikinga (los tres de Coruña), Spekes (Pontevedra) y Os Trasnos (Orense).

Como el sábado por la mañana algunos trabajamos ?aunque sólo sea una hora como yo- se decidió salir a las 15 horas de Coruña y por el camino ir juntándonos con el resto. Esto quiere decir que a las 15 arrancamos del parking de Alcampo, tan sólo 3 motos: la mía, la de mi marido con mi hija y la de Mac. Si, si, mi hija, que no ha querido perderse este magno acontecimiento. Y menos después de ver las fotos y los vídeos de la Noite Máxica. Y mira que hemos intentado convencerla "te vas a aburrir, no va a haber nadie de tu edad...". Pues nada, ahí va toda feliz en la moto de su papi. Nos vamos hacia el Corte Inglés de Altamira donde nos esperaban 3 más, si no recuerdo mal. Al poco llegaron otras y justo cuando arrancábamos llegaron Mario y esposa. Y todos juntos en amor y compañía nos fuimos rumbo a la Donuts de Santiago. Allí nos juntamos una buena tropa, tomamos algo, visita al baño por si acaso pues aún quedaban dos horas de camino y otra vez a ponerse el casco ?es decir, a aplastar el pelo recién lavado- y vamos que nos vamos hasta Pontevedra, que es donde nos espera el resto del mogollón.

Por el camino todo bien, buen tiempo a pesar de que amaneció lloviendo, buen ritmo, buena compañía? Tan sólo al coger un tramo de autopista se rompió el grupo. Pero bueno, qué le vamos a hacer, María ?Bond? no pasa de 80 y no íbamos a dejarla sola. Al cabo de un rato de ir detrás de ella me puse delante para intentar tirar de ella, pero nada. En algún momento se puso a 90, pero enseguida bajaba otra vez. Lo bueno es que sabíamos que multa de radar no íbamos a tener, no. Poco antes de llegar a la salida, Padrón, decidí acelerar para ganar tiempo en el peaje. Ya sabes, entre que quitas el guante, buscas las monedas, vuelves a poner el guante? pues hace falta el tiempo. Así que aceleré muy contenta yo y cuando miré el cuentakms iba a ¡160!, yo, que 130 ya me parece mucho y 140 es mi tope. Rápidamente bajé gas aunque ya llegaba a la salida. A esa velocidad no me extraña. Ya habría sido mala suerte que después de ir todo el trayecto a 80 me pillara un radar justo en ese momento. Lo habría negado todo, por supuesto, ejem. Total, que mucho adelantarme para acabar todos en la cola casi a la vez.

Pasado Padrón, pasado el puente que delimita las provincias de Coruña y Pontevedra, estaban esperándonos los demás y algún otro que se unió ahí después de una noche de juerga que aún llevaba reflejada en la cara, a pesar del casco. Seguimos por carretera hacia Pontevedra. Poco antes de llegar (no recuerdo el nombre del pueblo) nos encontramos con un tramo en el que la carretera estaba de lado a lado levantada, como si le hubiesen pasado un rastrillo. Imagínate lo que es eso para alguien como yo ?o como María Bond-. La moto se me iba todo el rato por más que yo intentase ir por un único surco, cosa imposible. Y para colmo no eran unos pocos metros, que va. Un kilómetro de asfalto rastrillado. Nunca un solo km se me había hecho taaan largo. Lo único que pude pensar en todo ese tramo era ?me caigo? ahora si? ahora? me caigo ya? pues ahora?ahí voy??. Por suerte no me caí; ni yo ni nadie, pero hay que ser burro para tener así toda la carretera. Lo normal es ir a cachos, ?amos, digo yo, que la Bond va en custom y le llega bien con los pies al suelo, pero yo voy de puntillas.

Bueno, ya está, ya pasó. Después de superar esa dura prueba ?que ni los del Dakar- iba yo pensando ?vale, no me he caído? todavía, pero queda la vuelta?. Y en esos optimistas pensamientos estaba yo cuando de repente ya estábamos en Pontevedra con un montón de motos esperándonos. Esta vez no he hecho ni un cálculo aproximado, pero más de 50 teníamos que ser. Imagínate el espectáculo por ciudades y pueblos. Y es que aunque no te gusten las motos, ver tantas en procesión (nunca mejor dicho ahora en Semana Santa) siempre es llamativo. Yo voy como la reina: saludando a los transeúntes que se paran a vernos, si ellos saludan primero, claro. Sólo me falta ir tirando caramelos a los niños.

La carretera de Pontevedra a Vigo no es estupenda, ni siquiera un poco buena. Mal asfalto, con surcos, todo el rato con límite de 50 y sin posibilidades de adelantar. Aunque cuando vamos tantas motos juntas no se suele pasar a los demás vehículos, a no ser que vayan excesivamente despacio. Hay que mantener la formación en trebolillo (creo que ya te lo he comentado en otras ocasiones) y respetando los límites de velocidad estúpidos-absurdos-sin sentido que tiene la mayoría de nuestras carreteras. Que para reparar asfalto y poner dobles biondas en los matarraíles no habrá pasta, pero pa?poner señales van sobra?os.

Al fin llegamos a Vigo y, ya se lo tuvieron que pensar nuestros anfitriones, ¡no tuvimos ninguna cuesta! Por que Vigo tiene la playa de Samil, la estatua de los caballos, la Citroen y cuestas. Muchas y empinadas cuestas. Pero nos llevaron por el puerto, todo llano, hasta Samil, que es donde estaba el camping en el que ya estaban los de Furia Vikinga instalados y en el que debíamos ocupar posiciones los demás (del camping ya hablaré, ya, que tengo unas cositas que decir). Vamos poniendo las motos como y donde podemos, organizando los ?mobiljóms? (que, traducido, quiere decir caravana de los ?70) decidiendo en cuál nos metemos y con quién lo vamos a compartir, descansando las piernas y posaderas sentados en el porche mientras vemos las caras de susto de los otros usuarios del camping que seguro que esperaban un fin de semana tranquilo? En fin, lo normal.

Al cabo de un rato oooootra vez a cabalgar para ir a la sede de los anfitriones. Pero esto te lo cuento otro día.
Comentarios (0) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 08-04-2009 22:36
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