Pensamientos en voz alta


Porque todavía puedo opinar libremente
Leer este blog es gratis excepto si eres de la SGAE que tendrás que pagarme un canon por mis derechos de autor/propiedad intelectual, así yo también podré vivir de esto, como vuestros artistas, y no tendré que buscar trabajo.

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LA EXPERIENCIA LABORAL NO IMPORTA
Cuando hablamos de buscar trabajo, la veteranía NO es un grado. Es un obstáculo. No tiene ningún sentido, ninguno en absoluto, pero lamentablemente es así. Quizás te estés preguntando en qué me baso para decir esta afirmación, sobre todo si estás buscando tu primer o segundo trabajo y ves que casi para cualquier puesto piden entre 1 y 3 años de experiencia. Sigue leyendo y te expondré mis argumentos.

Seguramente todos conocemos a alguien que está en paro. Si ese alguien tiene como mucho 35 años le diremos que no se preocupe, que algo saldrá, que ahora con la crisis es difícil pero que siga intentándolo? Porque las empresas siempre han buscado sus candidatos entre los 25 y los 35 años de edad. Y con experiencia, claro. Hoy en día veo incluso bastantes ofertas que indican como edad máxima 30 años. Si te fijas en el puesto ofertado no entenderás por qué no quieren a alguien de 40, qué más dará. Pero no, cómo muy ?viejo? de 30/35. Es lo que hay.

Si nuestro conocido en paro tiene 60 años ?ó 55, da igual- seguro que no le damos ánimos porque sabemos que alguien que pasa de los 40-45 lo tiene muy muy difícil para que le cojan por muy brillante que sea su curriculum. Basándome en este hecho demostrable me atrevo a afirmar que el primer dato que miran las empresas es la edad. Y si no es el primero es al que más importancia dan y en el que se basan para descartar candidatos. No importa cuántos años de experiencia laboral tienes, ni cuántos idiomas hablas, ni tus diplomas. Todo eso les da igual y no me parece normal.

No se plantearán ni siquiera concederte una entrevista personal para valorarte, para conocerte. No te darán la oportunidad de demostrar que te adaptas sin problemas, que aprendes muy deprisa, que eres responsable porque la hipoteca y los hijos así te lo exigen, que sabes lo que es trabajar y por eso no protestarás por todo ni abandonarás al primer contratiempo? En resumen, que puedes aportar mucho más de lo que esperan y que acertarán si te eligen. No les importa. Tienes más de 40 años y eso te convierte en ?descartado?.

Es ilógico e injusto. Tan ilógico e injusto como pedir experiencia para casi todo y encima poca edad. Por no hablar de las ofertas en las que piden diplomaturas hasta para trabajar de comercial a comisión, por ejemplo. Hay muchos trabajos que yo podría hacer, y que he hecho, pero ?los señoritos? quieren candidatos con carrera universitaria. ¿Para qué? ¿Para tener que pagarles más?

Y los idiomas? de risa. O eres nativo bilingüe con filología y 5 años de experiencia o no te comes un rosco. Mira que yo tengo experiencia dando clases de inglés y de otras materias con resultados positivos porque me apasiona enseñar, pero eso no es suficiente. Las empresas no se dan cuenta de que una persona con muchos conocimientos no es necesariamente una persona que sepa transmitirlos. Por mi experiencia puedo afirmar que los alumnos prefieren a alguien que sepa dar clase aunque no tenga el 100% de los conocimientos antes que a otra persona que sabe responder a cualquier pregunta pero que no sabe enseñar.

Podría seguir hablando de este tema, comentando ofertas con requisitos absurdos, contando anécdotas, criticando el sistema. Pero lo voy a dejar aquí por hoy. La próxima semana seguiré un poco más con una experiencia laboral propia por la que estoy pasando estos días. Hasta pronto.
Comentarios (2) - Categoría: De todo un poco - Publicado o 21-02-2010 23:23
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HISTORIAS DE UNA RUBIA: LA ENCUESTA TELEFÓNICA
Que suene el teléfono suele ser molesto porque parece que elige el momento más inoportuno pero si además suena para hacernos una encuesta da igual si el momento es bueno o no, siempre molesta. Las que hemos trabajado ?o trabajamos- de teleoperadoras solemos tener más paciencia y atendemos amablemente a quien nos moles? perdón, a quien nos llama. En este caso la voz era de una chica y no me pilló con mucho tiempo porque había quedado y me iba a meter a la ducha, que hay que ir aseadita para poder volver a casa oliendo a tabaco, pero aún así no le colgué por lo que hice malabares para no entretenerme y poder ser puntual a mi cita. Ahí estaba yo en mi baño con una mano ocupada intentando prestar atención a la conversación y con la otra abriendo el grifo de la ducha. Cuando la temperatura estuvo en su punto me metí con cuidado de no mojar el móvil, que si fuese de los que tienen manos libres o impermeable habría sido más fácil, pero no. Y mientras me iba mojando con cuidado de no empapar a la teleoperadora yo respondía como podía:
Ella: Buenas tardes, le llamo de la peluquería Loida. Estamos realizando una encuesta acerca de los hábitos de belleza?
Yo: Perdona, pero es que no me pillas en buen momento.
Ella: No le robaré mucho tiempo, sólo serán unas sencillas preguntas.
Yo: (dudo) Bueno, pero no tengo mucho tiempo, de verdad.
Ella: Gracias, no la entretendré mucho

Ya está liada. Algún día aprenderé a decir no. ¿Por qué los de Loida tienen mi nº si yo nunca he ido allí? Además es el de mi móvil. Bueno, da igual, que acaben pronto con las preguntas para poder arreglarme y marchar.
Ella: ¿Me puede decir su edad?
Yo: Si, tengo treintaytantos.
Ella: ¿Qué tipo de tratamiento utiliza para su pelo?
Yo: No uso nada especial, sólo champú con productos naturales.
Ella: ¿Qué marca de tinte utiliza?
Yo: No me tiño.
Ella: Pero a su edad ya tendrá canas, debería teñirse.
Yo: (¿me está llamando vieja?) Pues? no, no necesito teñirme. Tengo mi color natural.
Ella: ¿Y de qué color es su pelo?
Yo: Rubio.
Ella: Pero si lo tiene rubio será porque se tiñe.
Yo: (¿cree que le estoy mintiendo?) No, soy rubia natural.
Ella: Entonces si es rubia será usted tonta, ¿verdad?
Yo: (¿?????????) Eeeeh? no? no tanto.

¡¡¿No tanto?!! Pero cómo se me ocurre decir eso. Esto es lo que pasa cuando te pillan desprevenida, que te quedas un poco fuera de lugar pensando que eres tú la que está entendiendo mal así que allí seguí bajo el agua, con cara de circunstancias y esperando la siguiente pregunta a ver si acababa ya. Pero se hizo un silencio y de repente una carcajada; eso si que me descolocó del todo.
El: (si, ahora es él con compañía, que hay más risas de fondo para humillarme a gusto) Ja ja ja Que soy yo, Pablo.
Yo: ¿Pablo?
El: Ja ja ja ja ja. Si, ja ja ja ja ja. Es que ya no podía más con la risa.
Yo: Bueno, yo te mato
El: Mira que eres buena. Te llamo vieja, mentirosa, tonta y todavía sigues al teléfono. Pensé que me colgarías ya en la primera.
Yo: No, entre el ruido de la ducha y las prisas pensaba que era yo la que estaba entendiendo mal aunque lo de tonta? ahí ya me empecé a mosquear un poco, pero no iba a colgar.
El: Porque eres demasiado buena. Pues tenía más preguntas de ese tipo pero es que no aguanté más la risa.

Así de ?agradables? son mis amigos. No le he matado todavía pero hay más días que romerías, así que no tengo prisa. Bueno, realmente tampoco fue para tanto. Ahora ya tenemos algo más que contar y de lo que reírnos en las reuniones cafeteriles. Y para evitar más situaciones absurdas ?si es que eso es posible en mi caso- ya tengo un móvil con manos libres y presto más atención a las voces que me encuestan, por si acaso.
Comentarios (1) - Categoría: Historias de una rubia - Publicado o 15-02-2010 00:21
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UN AÑO SIN ATENTO
Ha pasado ya algo más de un año desde que Atento nos dio la patada y nos mandó a la cola del paro. Qué rápido pasa el tiempo, ¿a dónde irá con tanta prisa? Sigo juntándome con mis antiguas compañeras, no queremos perder el contacto. Entre cenas, comidas y tardes de café y cerveza seguimos contándonos nuestra vida. Durante años, entre llamada y llamada hemos compartido opiniones, risas, cotilleos, intimidades? no íbamos a dejar todo eso olvidado entre las líneas de un finiquito.

Cada una ha llevado este año a su manera. Patri se casó y está embarazada, Sonia trabaja, otras se han distanciado, yo disfruto de mi tiempo libre hasta saber si vuelvo a dar clases o no? Hace poco se ha unido Cris al grupo de ex-atentas aunque las circunstancias han sido otras diferentes que no viene al caso contar, al menos hoy. Así hemos ido pasando este primer año, ocupándonos en lo que hemos podido y siguiendo de vez en cuando los últimos sucesos de Atento.

Aunque me cuesta reconocerlo debo decir que al principio se me hizo duro asimilar lo que había ocurrido. Más retorcidamente, creo que me costaba aceptar el hecho de que me costaba aceptar mi despido. ¿Rebuscado? Pues si, pero tiene sentido. Todas sabíamos que nos iban a despedir, de eso no teníamos ni la más mínima duda; no podíamos asegurar cuándo pero nos aproximamos bastante. Después de los primeros despidos (marzo 2007) íbamos todos los días a trabajar pensando si ese sería el último. Al principio fue duro afrontar así cada jornada pero con el tiempo a todo nos acostumbramos y decidimos ?unas más que otras- que era tontería preocuparse, que lo que tuviese que pasar pasaría, así que tan sólo podíamos trabajar mientras durase. Y duró casi dos años. El mes anterior al ?traslado? todavía comentábamos si nos echarían en diciembre o en enero así que yo, como las demás, tenía muy claro y muy asumido que no me quedaba ya mucho tiempo en Atento. Pero incluso así la noticia me superó. Quizás fue la manera de recibirla, o porque no contábamos que fuese en esa fecha, o porque no era un despido como Dios manda. No lo sé. El caso es que no lo afronté con la serenidad que debía y el mes y medio de incertidumbre, abogados y demás no ayudó mucho a hacerse a la idea. Por eso digo que me costó aceptar el despido, cuando no debía ser así y, en consecuencia, me costó aceptar que me costase aceptar el despido (si no ha quedado claro, a releer, que no lo vuelvo a explicar).

Pero a pesar del daño que Atento nos hizo no puedo evitar pensar en mi época allí, casi 8 años, con una sonrisa y mirar a veces con nostalgia hacia la puerta por la que me echaron recordando los buenos momentos que pasé. Lo que me llevé es mucho más que lo me quitó. Mereció la pena trabajar allí sólo por toda la gente que conocí y con la que sigo en contacto incluyendo alguna amistad más fuerte que he ganado. Aprendí a ser más femenina, a debatir, a escuchar con atención otras opiniones antes de juzgar, lo retorcidas que pueden ser algunas personas, cuánto afecta lo que nos ocurre en la infancia, lo buena y lo mala que puede llegar a ser la gente? Me he reído a carcajadas, hasta el punto de no poder atender alguna llamada por culpa de la risa, pero también he llorado y he descubierto lo que es sufrir un ataque de ansiedad. Los buenos momentos superan con creces a los malos por eso no pienso que trabajar en Atento haya sido una pérdida de tiempo a nivel personal ?en lo profesional es otra cosa-.

Seguiré reuniéndome con mis compis y recordando juntas las anécdotas y los momentos que hemos compartido. El finiquito no fue el final sino el principio de una nueva vida con más experiencia.
Comentarios (1) - Categoría: Telemárketing - Publicado o 08-02-2010 10:16
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© by Abertal

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