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CUANDO PINGÜINOS HABÍA QUE SUFRIRLO (aún más) 2º parte
En el refugio y pegadito a la lumbre las cosas se ven con mejor color. En este lugar hice amistad con 2 alpinistas que tenían los mismos problemas invernales. Por aquel entonces por esas latitudes lo normal era encontrarse con amantes de la naturaleza. Los jacobeos aún no estaban de moda y los moteros, como los primeros pobladores, eran pocos pero duros como el pedernal. El caso es que no hay mal que por bien no venga y las siguientes 24 horas me las pasé con mis nuevos compañeros pasándonos historias de motos y montañas con un buen fuego mientras en el exterior la nieve lo cubría todo.

Cuando amainó el temporal (porque no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista) volví a pedir el favor de que me acercasen a la gasolinera. Ya os podéis imaginar cómo estaba la moto. Lo bueno de estas cosas es que puedes dormir tranquilo porque sabes que nadie te robará la máquina; primero tendrían que encontrarla. Escarbé un poco en la nieve, le quité la tienda y... nada más porque no arrancaba. Para encender la ZZ me tuvieron que empujar.

Bueno, ya estaba otra vez en el buen camino, por decir algo. Dejaron pasar a los primeros vehículos con cadenas y yo iba escondidito detrás del camión del pesca'o a unos 30 kms/hora, velocidad ideal para seguir sus roderas en la nieve. La verdad, cuando tocó descender el puerto dirección Navia me entró el hormiguillo y tuve que dejar que el camión se alejara si no quería meterme debajo de sus ruedas traseras haciendo patinaje artístico. Con el acojone de circular por la pista de hielo se me había pasado el frío. Ya veis, queridos moteros/as, a veces circulas en pelotas y no te enteras. Todo depende de las circunstancias o del miedo. Pero tranquilos, que aún me quedaba superar el puerto del Manzanal. Ya andaba yo por ahí y ahora si que tenía frío -joder, qué frío hacía-. Es que aunque hayan pasado 20 años, cuando hace frío de verdad en la moto te cagas por la pata y ni gotelex ni leche; hay que tirar como sea o esperar al verano.

Escorado 300 grados a estribor, con noche cerrada y con el paquete helado, llegué por fin a Tordesillas. Aguanieve a manta, voy patinando por el barro hacia el calor de la lumbre y esa fue mi salvación. La hoguera formaba parte de un grupo de moteros andaluces. "Bueno, aquí tenéis a un gallego que viene de cruzar la ventisca del norte y no siente las piernas", "passssa tío, métete debajo de los leños si es menester y lo que haga falta, pisha". Me ayudaron a colocar la tienda empapada pegadita al fuego y empezó a echar baho que no veas. Fui entrando en calor y al poco rato ya éramos compañeros de toda la vida. En estas circunstancias es donde se nota el buen rollo motero, o el motero verdadero y pingüinero. No hubo cortes de encendido, ni éramos 30.000, no había cabinas WC ni pulseritas ni chicas en pelotas pero cada uno andaba por donde quería, casi nos llegábamos a conocer todos y todos pasábamos frío. No me dieron el premio ni al más mayor ni al más lejano. Me hubiese dado igual. Lo que si puedo decir con orgullo es que los gallegos en aquella ocasión se contaban con los dedos de la mano y sobraban dos.

Desde aquí quiero mandar un recuerdo entrañable a aquellos andaluces gracias a los cuales mi quedada en Pingüinos fue muchísimo más agradable (joder, qué frío pasé).
Comentarios (0) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 30-10-2008 19:35
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CUANDO PINGÜINOS HABÍA QUE SUFRIRLO (aún más)
(La siguiente historia la he sacado del foro de mi motoclub www.osartabros.es con el permiso de su autor. Gracias Tino, esperamos que nos sigas entreteniendo con tus crónicas.)


Os voy a contar la historia que intenta responder a la pregunta que muchos nos hacemos ?¿a qué carallo vamos a pasar calamidades a la meseta encima de una moto??. Ahora puede parecer de risa, pero esta crónica que os relato sucedió hará 20 años en enero del próximo año. Por eso, aprovechando este aniversario contaré la historia a quien quiera oirla.

Hace muchos años, tantos que casi ni me acuerdo, me fui a Tordesillas para conocer la famosa concentración pingüinera después de que los reyes magos me echasen de casa por impresentable. Por aquella época no pasaría de ser una reunión más si no fuese porque al llegar a Piedrafita me encontré con una fuerte ventisca de nieve y frío que te cortaba el alma. De aquella, el ?gotelex? -más conocido por ?goretex?- era cosa de los americanos y de los niños ricos. Al llegar a Becerreá, bajando a la izquierda y chorreando de aguanieve, entré en una ferretería de esas que tienen de todo. Los paisanos no daban crédito al verme. Me dijeron que me quedase al calor de la lumbre, me tomase un buen caldo y que no cometiese la locura de seguir practicando patinaje por la nieve. Era una oferta muy muy tentadora que no pude rechazar aunque mi primera y única intención al llegar era comprar un traje de aguas (definición de ?traje de aguas?: funda de plástico verde de dos piezas y katiuskas de goma, lo que había en aquel entonces para combatir las inclemencias meteorológicas -igual que el jardinero fiel-). Tengo que confesar que me quité toda la ropa mojada y me pasé la mañana calentándome de pies a cabeza.

En este punto del trayecto ya no tenía yo muy claro lo de ir a Pingüinos. Acababa de empezar mi aventura y ya estaba pensando en dejarla. Además, los lugareños me aconsejaban que al menos esperase a que amainara el temporal, lo que me generaba más dudas y más ganas de alargar la conversación para seguir allí calentito. Pero le hice caso a mi espíritu aventurero y después de agradecer los favores recibidos salí a enfrentarme de nuevo con mi decisión de sufrir sobre dos ruedas, pero ahora mejor equipado. Como sabía que el parte meteorológico anunciaba fuerte temporal seguí hacia Tordesillas con tiempo. El miércoles al atardecer me encontraba secando mis ropajes en una casa refugio de O Cebreiro.

Los que no habéis tenido esta experiencia pingüinera quizás os preguntéis cómo narices podía andar por esos lugares con nieve a manta. Pues por optimismo. Resulta que después de despedirme de los amables paisanos que me dieron cobijo y calor en Becerreá prometiéndoles que la cosa iba a mejorar -porque lo decía un entendido en temporales marinos- enfilé hacia el puerto de montaña. Por el camino iba pensando ?si soy capaz de cruzar Piedrafita, el resto sólo será cuestión de tiempo?. Ja, qué equivocado estaba. Oscuro como la boca del lobo, nevando con fuerza y yo allí solito subiendo -o intentándolo- con los pies por fuera y sin ver ni la rueda delantera. Era casi como escalar el K2 pero sin K2 y en moto. No se cómo pero conseguí llegar hasta la gasolinera del puerto, y eso que la intuí más que la vi. Allí también se encontraba el todoterreno de los guardias civiles así que me acerqué a preguntar si iban a cerrar la carretera a causa de la nieve y si sabían si el temporal seguiría apretando. Aunque no se quién apretaba más, si el temporal o mis... que los llevaba a la altura de la nuez. Me dijeron que si a las dos preguntas (carretera cerrada y temporal cabezota) y añadieron ?los tienes bien puestos para llegar hasta aquí en moto. Ahora vamos a intentar llegar a O Cebreiro para ver cómo andan las cosas y si la máquina quitanieves está en su sitio?. Les dije que como se hacía de noche iba a hablar con el gasolinero para dejar allí la moto y les pedí si me podían acercar hasta el refugio para dormir calentito. La moto quedó tapada detrás de la gasolinera. La cubrí con la tienda de campaña lo mejor que pude y hasta dejé una marca, por la nieve.

Continuará...
Comentarios (0) - Categoría: Mi moto y yo - Publicado o 24-10-2008 19:58
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