Pensamientos en voz alta


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PINGÜINOS 2008... A CASA
Por fin llega el domingo. Me voy a mi casa. Como todas mis elucubraciones fueron fallidas, tengo que volver en moto. Ya me he hecho a la idea, así que me da igual. Dicen que está lloviendo no se dónde pero no nos ponemos el traje de aguas, ya lo haremos cuando hagamos la primera parada. A las 9 de la mañana estamos ya en la cafetería del hotel con las maletas preparadas. Poco a poco van bajando más "compañeros" de motoclub (más adelante sabrás por qué lo pongo entre comillas). Desayunamos juntos los pocos que hemos bajado y decidimos que queremos salir lo antes posible. No vamos hasta la concentración a pesar de que van algunos famosos del mundo de la moto. El tinglado acaba demasiado tarde y -al menos yo- no quiero pillar noche por el camino. Quiero estar en mi casa ya.

Sigue bajando gente. Les decimos que nos vamos ya, pero comentan que salen a las 12, que se mandó un mensaje a todos para decirlo. Pues unos cuantos no hemos recibido nada (¿seremos socios de 2ª?). Bueno, el caso es que decidimos esperar aunque las 12 me parece tarde, pero mejor ir en grupo. Así que esperamos y esperamos y esperamos... hasta que el "autolíder de la manada" decide que ya podemos irnos. Sale primero, mi marido detrás, yo de 3º y después el resto, en total unas 15 motos. El autolíder va calentando rueda, tranquilo, buen ritmo, pero de repente empieza a acelerar y a dejar al grupo atrás. Mi marido mantiene el ritmo pero el resto del grupo se acojona pensando que se pueden quedar sin autolíder perdidos en el mudo y nos adelantan. Se van alejando cada vez más y más y más hasta que los perdemos en la lejanía. ¡Nos han dejado tiradas a 4 motos!

Según las normas de nuestro motoclub -y me imagino que de cualquier motoclub- "se adaptará el ritmo al de la moto más lenta". Ja ja ja. Nosotros no éramos lentos, tan sólo no queríamos ir tan rápido, pero aún así deberían haber esperado. Llevábamos una media de 120 kms/hora. Entiendo que apetezca correr más, pero hace mucho mucho viento como para jugar a "mariquita el último". La otra norma es "hay que mirar siempre por los retrovisores para comprobar que el de detrás sigue ahí", pero quizás las normas sean para los socios de 2ª, y no para los altos cargos. En fin, que no merece la pena darle más importancia. Ahí queda mi crítica y ya está.

Empieza a llover y nosotros sin el traje de aguas. Lo que más me preocupa es el viento. Veo a mi marido que va delante en su BMW, inclinado, y me imagino que yo también voy así. Hago lo que puedo por mantenerme dentro del carril, pero el viento me empuja hacia el de salida. Que no quiero ir por ahí, sigo haciendo toda la fuerza que puedo, estoy al límite de los dos carriles, el de salida se acaba... y prueba superada. Ha costado, pero he conseguido dominar la situación. Bueno, qué tensión, me voy curtiendo metro a metro. Voy a acabar convertida en una "machomotera", espero que no me salga pelo en el pecho.

Debajo de algunos túneles vemos motos en el arcén. Al cabo de un rato de lluvia mi marido pone el intermitente (con tiempo, para que yo pueda reaccionar) y paramos también debajo de un túnel para ponernos los elegantes a la par que cómodos trajes de aguas. Le decimos a las dos motos que aún venían con nosotros que sigan camino. Las demás motos que nos pasan reducen y nos pitan preguntando si necesitamos algo, "no, seguid, gracias" (esto por señas y con las v's de rigor al final). Ya ves, los "nuestros" nos dejan tirados y los desconocidos reducen por si necesitamos algo. Una vez parada me doy cuenta de cuánto llueve y cuán mojada estoy (no busquéis doble sentido). Mientras mi marido me ayuda en la "fácil" -y odiosa- tarea de revestirme con otra capa más, para otra moto. Es una chica en una Aquila 650. También ha parado por la lluvia, pero no tiene traje de aguas. Por estas cosas del espíritu motero, que ya no llevo congelado, y porque mi marido es previsor le ofrecemos a Marta -así se llama- un traje de aguas que lleva él a mayores. Ella duda, pero le recordamos lo que está lloviendo, lo empapada que lleva la cordura y lo que le queda todavía de camino. "Ya nos lo devolverás" y lo acepta. Ya que va sola y nosotros también, decidimos adoptarla. Es decir, le preguntamos si quiere venir con nosotros mientras coincidamos en el trayecto. "Vale, pero tengo que parar a respostar" "sin problema, así paramos a tomar algo calentito". Después de dos intensas búsquedas de gasolinera (mira que las esconden) podemos al fin sentarnos a charlar con las manos calientes. Típica conversación de moteros: "¿hace mucho que tienes moto? Me gustan las custom. Pues a mí las trail..." Y típica conversación de moteros pingüineros: "¿de dónde vienes? ¿qué tal el viaje? Qué valiente venir tú sola. Pues si que quita frío el traje de aguas..."

Mientras charlamos, me alegro de que el grupo nos dejase atrás pues así hemos podido conocer a Marta, "no hay mal que por bien no venga". Además, el viaje está resultando estupendo. Puede que si hubiese sido así a la ida no me habría agobiado tanto. Buena velocidad, las manos bien, paramos cuando queremos, disfruto del paisaje nevado... Asi si que voy a gusto.

Al cabo de un buen trecho Marta se desvía. Qué suerte, casi ha llegado a casa. A nosotros nos quedan casi dos horas. Al llegar a Valcarce nos para la guardia civil. Yo sabía que por exceso de velocidad no era, así que paro tranquila. Nos desvían hacia el área de descanso pues el puerto está cortado por la nieve hasta nuevo aviso. Jo...pelines. El lugar está lleno de motos y moteros que aprovechan para comer y descansar. Nos da tiempo a quitarnos traje y cazadora cuando entra un GC para avisar de que ya podemos seguir. Hala, a vestirse otra vez. Lo siento por mi marido que miraba con ansia los platos de comida, pero no quiero perder más tiempo, y nos vamos. Tengo que reconocer que el paisaje es precioso. Ir en moto con esas vistas de montes nevados, incluso nevándote encima, es una sensación que no se puede describir.

Ir en moto es algo solitario, y por autovía se puede hacer aburrido. Así que voy jugando a "no me quito la nieve de la pantalla del casco hasta que no vea que la quita él primero". Ya ves, en algo hay que entretenerse. Por cierto, perdí el juego. Yo no veía que mi marido se quitase la nieve y yo lo hice 3 veces. Luego me dijo que no la había quitado. Ya está acostumbrado a no ver bien por lo rayada que tiene la pantalla. La próxima vez inventaré otro juego en el que gane yo, para eso es mi juego.

Aún haremos otra parada para repostar y estirarnos, y llegamos a territorio conocido. Sólo un poco más disfrutando del viaje y de la moto y ¡estamos en casa!. Encendemos la calefacción, nos quitamos todas las capas de ropa y las tiramos por ahí -ya se recogerá-, llamamos a la familia para tranquilizarla, y al sofá. Qué razón tenía ET cuando decía "mi caaassaaa".

Se acabó Pingüinos, el sufrimiento, el disfrute, el frío intenso, la aventura... ¿hasta el año que viene?
Comentarios (1) - Categoría: Pingüinos 2008 - Publicado o 24-02-2008 09:49
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PINGÜINOS 2008... UN VIAJE DE IDA Y VUELTA 4ª PARTE
Seguimos paseando por ?Pingüinos Village?. Después de dar un primer paseo por los chiringuitos nos acercamos al aparcamiento para ver las motos. Hay de todo: motos normales, clásicas, con sidecar, tuneadas, con perro de copiloto... de Italia, Rusia, Francia, Alemania... Nos hacemos fotos para que quede prueba gráfica de que hemos estado allí. Hay otros compañeros de motoclub que no necesitan hacerse fotos, a cada paso (no exagero) les para alguien para hacerlas. Van disfrazados de vikingos, puede que les hayas visto después en alguna revista de motos, por ejemplo en la de ?motociclismo?.

Volvemos al bar. Todos esperan porque a las 12 serán las campanadas y se celebrará otra nochevieja, pero nosotros queremos irnos a dormir. Ya hemos tomado el caldo y el carajillo que regalaban con la inscripción (a repetir todo lo que quisieras); hemos cogido las copas de barro grabadas y los piñones que también regalaban para tomar el champán; hemos comprado un par de regalos... Vamos, que por hoy ya hemos cumplido.

Como he tenido un mal viaje de ida, decido dejar la moto en la zona de acampada (sólo me llevo la maleta) y volver en coche al hotel. No quiero más frío. No dejo de pensar en el viaje de vuelta. Voy ofreciendo mi moto a todo el que quiera escucharme. He llegado a tramar llamar al seguro diciendo que he perdido las llaves para que me lleven la moto y volver en coche. Dios mío, estoy paranoica.

Después de una placentera ducha y un sueño reparador con calefacción suficiente como para dormir en ropa interior, nos levantamos por la mañana y vemos con alegría un ciedo despejado. Nos arreglamos y bajamos a desayunar, pero ya nos vienen a buscar pues están todos preparados y ?arrancados?, así que lo del desayuno tendrá que esperar.

Desde el parking de coches voy andando hasta mi moto cargando con la maleta, que pesa un montón. Le quito la capa de hielo que le queda (le estaba dando el sol) y arranca a la primera. Es una Honda, lo mejor de lo mejor, no esperaba menos. Vamos cogiendo posiciones para hacer la ruta ?pingüinos village-Valladolid?. No se cómo ni por qué -o quizás si- mi marido y yo nos vemos marchando en fila india hacia no sabemos dónde, mientras el carril contrario está lleno de motos que van en la otra dirección. ¿Ha empezado ya la ruta? ¿Por qué la mayoría va pa'l otro lado? De pronto en un cruce nos juntamos con los nuestros. Eso si que es casualidad, entre miles de motos encontrarte con los ?tuyos? y poder disfrutar juntos de la ruta; así pudimos después vacilar a Pedro, que llevaba por primera vez pasajera y le costaba coger las curvas -las de la carretera, no las de la pasajera-.

Al llegar a Valladolid... bueno... sin palabras... Toda la ciudad nos esperaba en las calles, aplaudiéndonos, fotos, vídeos... increíble. Parece el día de la cabalgata de Reyes, sólo nos faltan los caramelos para ir tirándolos a los niños. Bueno, caramelos y más manos, que yo no me puedo soltar del manillar tan alegremente. De verdad, es muy bonito. Acostumbrados a que a los motoristas se nos trate como a delincuentes, ver a toda una ciudad saludándonos con esa alegría... pues se hace raro, y se agradece un montón.

Aparcamos las motos como y donde podemos ocupando calles y plazas. Nos acercamos al chiringuito en el que nos dan bocata de jamón serrano (qué bueno está) y vino. Después de disfrutarlo sentados al sol, nos vamos hacia la zona de la comida. A elegir: alubias, garbanzos, lentejas, churrasco (que ya no quedaba), pan y vino. También a repetir todo lo que se quisiera. Algunos aprovechan y entran en el museo de ?la moto y el cine?, con las motos originales de las películas clásicas. Yo pensaba ir después, pero al final nos marchamos sin verlo, cachis.

Descansamos en un banco viendo y fotografiando motos (y criticando algunas conductas, como quemar rueda y esas cosas) y decidimos volver a pingüinos village. Pero mi marido está cansado y prefiere ir hasta el hotel a descansar e ir por la noche a ver la ruta de las antorchas. Vale, pero le digo que una vez en el hotel a ver si tengo ganas de salir. Allá nos vamos, descansamos... y nos quedamos (él tampoco tiene muchas ganas de volver a salir) con otros compis del motoclub que también están en el hotel. Cenamos juntos después de charlar y reir a gusto, y a dormir. Otro día que se acaba, ya sólo nos queda el regreso.
Comentarios (3) - Categoría: Pingüinos 2008 - Publicado o 17-02-2008 12:22
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PINGÜINOS 2008... UNA AVENTURA DE IDA Y VUELTA 3ª PARTE
Motos, motos, motos, un coche... con motos en el remolque, más motos. Esto es increíble, indescriptible. Y eso que aún no hemos llegado a la concentración, tan sólo es la autovía desde hace ya muchos kms antes de llegar. Aparte del espectáculo que supone ver tantas y tantas motos circulando juntas, el sentimiento que tienes mientras vas así rodeado en carretera es el de seguridad (todo lo contrario que cuando vas en coche en un atasco). Sabes al 200% que si por cualquier tontería te paras en el arcén, la mayoría de los que te pasen te preguntarán si necesitas algo -por gestos, claro-. Saber que no estás solo, que hay un montón de gente dispuesta a ayudarte es lo que te da esa seguridad. Apuesto que más de uno íbamos con una amplia y tranquila sonrisa, aunque no se viese con el casco.

Poco a poco vamos entrando en un embudo moteril que nos indica que ya hemos llegado. Tengo que ir muy atenta para no perder de vista a la moto que llevo delante y no quedar engullida por la masa, además de intentar mantener el equilibrio y no darle a nadie. Vaya dominó de motos se armaría si me caigo en medio de todo eso. En estos eventos no te sentirás solo, pero yo quiero estar con los míos y no perderme. Después de algunos momentos de desconcierto y de ?¿pa'dónde han girao? Me voy a perder? llegamos al parking express. Es una amplia zona habilitada para dejar las motos mientras pagas la inscripción. No hay mucha cola pues hay varias ventanillas. Detrás de nosotros se pone un señor de barba que, como es habitual en estos casos, entabla conversación con nosotros:
- Buenas tardes, pingüinos -nos dice con un marcado acento andaluz y una amplia sonrisa.
- Buenas... y frías.
- ¿De dónde venís?
- De Coruña. Cerca, si lo comparamos con otros.
- Pues si. Yo vengo de Sevilla. ¿Qué tal el viaje? También habéis cogido nieve, ¿no?
- Si, no mucha gracias a los quitanieves, pero suficiente para darme algún susto.
- Yo también. Pasando Madrid es donde empecé a encontrar más nieve, pero así es Pingüinos...

Así de fácil es conocer gente, y esto suele suceder en todas las concentraciones de motos. Por eso muchos se animan a ir solos; saben que alli la soledad no existe, pero el compañerismo lo encuentras a toneladas. Pagamos 20? por cabeza (o por casco en este caso) y nos entregan: 2 pins, 3 pegatinas, una revista atrasada, los cupones para comidas varias-carajillos-sorteo, una pulsera tipo ?supervivientes? de repsol, un boli también de repsol, la tarjeta identificadora (o ?forfí? que decía el de megafonía) con su cinta pa'llevarla colgada y visible... y todo ello dentro de una bolsa de esas para llevar el casco, que no creo que utilice pues tengo una maleta enorme en la que me caben el casco y la cazadora de cordura. Bueno, creo que no está mal teniendo en cuenta que te llevas unos recuerdos, que te puedes llevar una moto y que el sábado no tendrás que pagar ninguna comida en todo el día. He leído comentarios de algunos que dicen que ?vaya birria? ?sólo esto por 20?? ?qué cutres? y lindezas por el estilo. Tengo que decir que los que escribieron eso son los que cuando organizaron su concentración -perdón, su quedada, que es lo mismo pero con invitación previa- el pasado año cobraron unos 18? por una bolsa de plástico con un bolígrafo de Mapfre y una camiseta, 2 desayunos, una cena y las copas de después. Esperaremos a su concentración de este año, a ver cuántos regalos y comidas me dan.

Pero bueno, sigamos con mi crónica personal de Pingüinos que es para lo que escribo. Nos vamos del parking express hacia la zona de acampada y dejamos allí las motos para dirigirnos a hacer turismo por los chiringuitos, que no son pocos. Mi marido y yo había calculado el presupuesto del viaje apartando unos 60? para gastar en recuerdos y esas cosas, pero al ver lo que estaba allí montado nos dimos cuenta que nos habíamos quedado muy cortos. Nos damos una vueltecilla por un grupo de puestos y cuando creíamos que ya habíamos visto todos vemos que hay otro grupo más, a cada cual más interesante. Pensábamos que sería como en otras concentraciones, con sus puestos ambulantes de camisetas, tangas, pañuelos... Pero no, aquí no sólo tienes eso, si no que además puedes incluso cambiarle el asiento a tu moto. Tienes todo lo que puedas necesitar: calcetines impermeables, guantes calefactables, cascos... En mi opinión, este tipo de puestos está muy bien. Piensa que hacemos un largo viaje -algunos muy muy largo- y que puedes tener un sinfín de problemas, pero al llegar aquí puedes comprar todo lo que necesites para el viaje de vuelta. A pesar de todo, nosotros no gastamos mucho, tan sólo un par de recuerdos para los niños en el puesto de Pingüinos, pero con la intención de seguir gastando al día siguiente. También hay un puesto en el que están asando ?cordero o espeto? (si no era cordero pues cualquier otro bicho de esos), una discoteca o dos, bares con calefacción y bocatas -el de chorizo frito no me gustó-, una hilera de casetas de WC's que cuando yo fui te manchabas sólo con mirarla... Imagínate la escena. Entro en el mini-wc, el espacio es muy reducido, me quito como puedo la cazadora de cordura intentando que no toque nada, la cuelgo, me quito los tirantes, desabrocho el pantalón de cordura, lo bajo -también con cuidado- junto con el pijama y el calzoncillo largo y miro a mi alrededor, que no es mucho, para realizar la difícil maniobra: hacer como que me siento pero sin sentarme para que por dios no me toque nada mientras intento encontrar un punto de equilibrio poniendo una mano en la pared o en la puerta y la otra mano agarrando todos los pantalones separándolos todo lo posible del ¿retrete?, y -más difícil todavía- intentando apuntar para no manchar aún más y no salpicarme a mí misma. Los pantalones de cordura no son elásticos y no facilitan nada estas cuestiones de primera necesidad, que por suerte también fue la única. Recompongo como puedo mi imagen de motera mientras fuera me gritan ?a ver, sales o te volcamos la caseta, ja ja ja?, ?no me presionéis que no acierto con la cremallera?, y al fin consigo salir victoriosa del zulo de plástico. La próxima vez me traigo pañales.
Comentarios (0) - Categoría: Pingüinos 2008 - Publicado o 01-02-2008 16:07
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PINGÜINOS 2008... UNA AVENTURA DE IDA Y VUELTA: 2ª PARTE
Sigo encima de la moto -lo cual ya es un logro- sin ganas ni de preguntarme ?¿qué hago aquí?? cuando cogemos un desvío. ¡Vamos a parar, por fin! Estamos en el área de descanso de Valcarce donde tomaremos algo calentito, recuperaremos temperatura corporal y repostaremos. En el aparcamiento hay ya muchas motos así que dejo la mía en el primer hueco que veo. Antes de bajarme intento apagar el contacto pero no puedo. Me bajo, no sin cierta dificultad, me quito los guantes, no sin cierta dificultad, y vuelvo a intentarlo, con mucha dificultad (hay que ver que quejica soy). Que no, que no puedo hacer ni esa poca fuerza de tanto que me duelen los dedos, que se que tengo manos porque las veo; Rambo no sentía las piernas, yo no siento las manos. Bueno, ya está, he apagado al fin la moto. Mi marido se acerca a mí y viendo mis esfuerzos no sabe si reirse o compadecerse. Aún sigue durmiendo en el lecho conyugal a mi vera, así que deducirás que optó por la segunda opción.

Al entrar en la cafetería empezamos a quitarnos capas: el traje de aguas, la cazadora, la chaqueta polar... Luego al baño, donde ya aprovechamos para poner los guantes en el secador, y por fin a tomar un vaso de leche calentita. Los dedos todavía me duelen (me dolerán todo el fin de semana) pero ya puedo moverlos y sentirlos. Todos me miran y alguno se atreve a preguntarme ?¿qué tal?? con una sonrisa. No hace falta que le conteste, con la mirada ya se sabe todo. Y la sonrisa se transforma en risas, y es que reconozco que debía de estar graciosa con esa poca movilidad, semi-enfadada-cansada-azul. Me preguntan si el ritmo que llevamos me parece bien, si lo sigo sin problemas. Aquí miento vilmente y digo que muy bien, que podemos seguir así. Es que no quiero fastidiar al resto y además quiero llegar cuanto antes. Realmente no vamos rápido, a unos 130 kms/hora por autovía, pero es que entre que no siento las manos y el viento que sopla fuerte se me está haciendo un viaje muy muy pesado y pensando que no vuelvo mientras maquino alguna excusa para regresar en el coche escoba.

Terminado el descanso volvemos a montar el puzzle ropero, en mi caso siempre con ayuda que para eso me casé. Se me ha hecho muy corto, ¿no podemos quedarnos un rato más, una o dos horas...? Después de repostar -nosotros y nuestras monturas- volvemos otra vez a la autovía. Ya hemos hecho la mitad del camino, o al menos eso me han dicho (¿sería para animarme?). Tengo que decir que, excepto en las manos, no tengo nada de frío. Entre la ropa abrigosa que me he puesto, la de cordura y el traje de aguas no se lo que es el frío. Las botas están resultando estupendas y en el cuello llevo la braga polar que me ha hecho mi mami, así que mi único martirio, por suerte, son las manos. El problema es que las necesito para conducir, y para usarlas de apoyo para no caerme. Ni siquiera de pequeña en la bici era capar de soltar las dos manos del manillar; ahora me está costando trabajo agarrarlo. Incluso no pongo el intermitente si puedo evitarlo sólo por no mover el dedo que, por otra parte, no noto.

Mientras paso estas penurias agradeciendo que al fin brilla el sol me empieza a preocupar que no volvamos a parar pues ya estoy llegando al límite de gasolina y no quiero meter reserva, más que nada porque dudo mucho que acertase sin sentir los dedos (ya se que estoy repitiendo mucho lo mi congelamiento manual, pero es que me dejó traumatizada). Al cabo de un rato veo un cartel de esos grandotes que indica que más adelante hay una gasolinera y rezo para que los que van en cabeza también lo hayan visto. Si, han puesto los intermitentes. Al llegar, no van a los surtidores si no que aparcan las motos. Me imagino que primero tomaremos algo, como antes, pero veo que están cogiendo las maletas. Les pregunto que para qué las desmontan y me dicen que ¡hemos llegado al hotel! No parábamos a respostar, era nuestro destino. Casi me arrodillo para dar gracias a la vida que me ha dado tanto, pero después no podría levantarme así que me quedo a medias (es cierto, no exagero). Se acabó la tortura, podré quitarme al menos el traje de aguas, entrar en calor... no se, disfrutar de la llegada.

Qué calorcito nada más entrar. Y la habitación es estupenda ¡y con calefacción! Dejamos las maletas, nos quitamos el dichoso traje impermeable -dichoso pero muy útil, que estamos secos por dentro- y mientras yo redescubro la movilidad total, mi marido se quita las botas y los calcetines empapados. Tomamos nota: hay que comprar para él unos cubrebotas de esos impermeables, que es más barato que comprar otras buenas botas y dan muy buen resultado. Por lo demás, todo bien. Mis pies secos, mis manos ya recuperadas, puedo moverme...ya vuelvo a ser persona. Queríamos haber ido a la ruta del viernes, pero nos retrasamos todos en el hotel pues paramos a comer (llegamos a las tres y media, que es la hora de tener hambre), así que nos perdemos la primera actividad, pero me da igual. Yo apenas había desayunado, tan sólo un vaso de leche en casa y otro en Valcarce, y ahora busco lo más pequeño que tengan pues con los nervios sigo con el estómago cerrado pero se que tengo que comer algo.

Después del merecido descanso volvemos a montar en nuestros caballos de hierro y nos vamos a la concentración, que nos queda a unos 40 kms del hotel. Ya he vivido la mitad de Pingüinos y ahora voy hacia el centro neurálgico, qué emoción.
Comentarios (3) - Categoría: Pingüinos 2008 - Publicado o 24-01-2008 23:40
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PINGÜINOS 2008... UNA AVENTURA DE IDA Y VUELTA
Viento, lluvia, nieve, sol... Dicen que Pingüinos no sería Pingüinos si no sufres todas estas inclemencias en el viaje, que cuanto peores son las condiciones climatológicas más vives Pingüinos... Bah, paparruchas. Hay que ver cuántas leyendas urbanas inventan los tíos para demostrar su virilidad: ?yo vengo de más lejos? ?pues yo he pillado más nieve? ?eso no es nada, yo he tenido que remolcar a un camión?... en fin, que más que una concentración de motos parece un alarde de hombría. Aunque tengo que reconocer que es difícil no contagiarse de esos comentarios. Yo misma he contado con orgullo estos días lo duro que fue el viaje con tanto viento y lluvia y nevando. Qué se le va a hacer, quizás sean las ganas de aventura lo que nos empuja de verdad a hacer locuras como ésta. Poder vivir un reto así para salir de la rutina y sentirnos vivos, puede que esa sea la verdadera esencia de Pingüinos.

Este ha sido mi primer año en esa internacional concentración, así que lo he vivido con emoción e incertidumbre, pero también con objetividad, disfrutando lo bueno y ?criticando? lo malo. He sufrido, he disfrutado, me he semi-congelado, he protestado... De todo un poco. ¿Volveré? Bueno, tengo todo un año para decidirlo y es sabido que con el tiempo la mente minimiza los malos momentos, así que ya veremos.

He recibido un correo de un compañero motero del sur, Antonio, un valiente de los que fue de acampada. Qué envidia, pero en el hotel se estaba tan calentita, con baño, calefacción, cama... Poder quitarme todas y cada una de las capas de ropa que llevaba puestas y darme una ducha, dormir sin pijama gracias al calorcito de la habitación. Yo no soy tan valiente como él. Me ha alegrado mucho recibir su correo pues eso quiere decir que ha regresado bien. Espero que los más de 29.800 participantes no sólo hayan disfrutado si no que estén contándolo ya de vuelta en sus casas. Bueno, los de Alemania, Italia, Suiza, Rusia, etc puede que todavía no hayan llegado, pero estarán cerca y les deseo un feliz regreso.

Mi aventura empezó el viernes 11 de enero a las 10 de la mañana. Con muchos nervios y poca movilidad (demasiadas capas de ropa) salimos del garaje hacia el punto de encuentro. Lluvia, lluvia, viento, lluvia, miradas de ?¿a dónde vas estos chalados?? y llegamos a la gasolinera. Somos de los primeros pero rápidamente van llegando todos y al fin emprendemos camino rumbo a la aventura... y al frío y al sufrimiento. Estoy tan nerviosa que no se cómo aguanto encima de la moto. Tengo miedo de caerme, de no aguantar el ritmo... no se. Creo que lo que realmente me preocupa es fastidiar el viaje a los demás con mi ?novatez?, y esa presión psicológica autoinfringida es lo que me hace ir tensa tensa pero que muy tensa.

El viaje es por autovía, desde Coruña a Valladolid, así que los riesgos se reducen mucho. Por supuesto, para los viriles machos esto ya no tiene gracia; lo bueno era antes, cuando había que subir los puertos de montaña por la carretera, con la nieve y todo eso. Que si, que vale, que muy bien, que los tiempos de "Soberano, es cosa de hombres" ya pasaron, y como yo soy mujer pues no tengo que demostrar nada, así que la autovía con los quitanieves no desmerecen Pingüinos. Es más, incluso nos han dejado alguna anécdota para contar; afortunadamente quedó en una anécdota. En Piedrafita empezó a nevar. Al salir de uno de los túneles se me empieza a cubrir la pantalla del casco, pero sólo cuando paso la mano cual limpiaparabrisas me doy cuenta de que ¡es nieve! ¡Qué guay, cómo mola, está nevando! Todo esto lo voy diciendo en voz alta -aprovechando que nadie me escucha- pues aún no se me ha congelado la lengua. Todavía no refunfuñaba mucho, tiempo tendría. Voy disfrutando de conducir mi moto bajo la nieve cuando al salir de otro túnel veo con acojone que también tengo que conducir sobre la nieve, lo que ya no me hace ninguna gracia. Voy tan pendiente de la carretera, de seguir las rodadas de los de delante, de no caerme al cambiar de carril, que no me doy cuenta de lo que acaba de ocurrir. Tan sólo se que hemos parado en el arcén, pero ni idea de por qué. Al llegar al hotel me lo contó mi marido como si yo no hubiese estado allí y con esa sonrisa de "¿pero de verdad no lo viste?". Parece ser que íbamos detrás de un quitanieves (éramos unas 12 motos) aprovechando sus rodadas. Fíjate si iba yo concentrada en la carretera que no vi el ?pequeño? quitanieves. Pues resulta que se echó hacia el arcén, por lo que Kike ?Il Fundatore? que iba en cabeza empieza a adelantarle. Pero de repente y sin previo aviso, el quitanieves da un giro hacia la izquierda, lo que obliga a Kike también a girar. Se quedó al lado de la mediana mirando en sentido contrario. Por suerte no le pasó nada. Si hubiese sido yo seguro que habría acabado en el suelo, pero él lleva ya con éste 13 años seguidos yendo a Pingüinos, así que experiencia tiene la suficiente como para salir airoso en estas situaciones. Ya ves, entre la nevada y mi concentración no me enteré. Al arrancar otra vez me culea la moto, saco los pies de las estriberas, grito (por suerte nadie me escucha) y -todavía no se cómo- consigo mantener el equilibrio y seguir sin más problemas. Qué susto, me veía ya en el suelo. Ahora ya no hablo, ni siquiera para protestar diciendo qué se me ha perdido a mí en Valladolid, ya no estoy disfrutando tanto después del susto. Cada vez tengo las manos más congeladas. Muevo los dedos de vez en cuando pero no sirve de nada. Tengo que hacer mucha fuerza con los brazos para agarrarme al manillar y no salir volando, pero con los dedos congelados se me hace cada vez más difícil a la par que doloroso. ¿De verdad merece la pena tanto sufrimiento?

Continuará...

Comentarios (1) - Categoría: Pingüinos 2008 - Publicado o 17-01-2008 22:21
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PINGÜINOS 2008... QUIERO REGRESAR
Ay, qué nervios. Dentro de unas horas estaré de camino hacia Valladolid; o quizás ya esté de vuelta, depende de cuando leas esto. Creo que ya tengo todo o, mejor dicho, confío en tener todo, al menos lo principal: barra de labios, secador de pelo... Si, está todo.

El clima está por fastidiar y ha decidido llover. Que digo yo que después de tantos meses sin lluvia bien podía haber esperado una semana más. Pero no, si ya parezco un cubilete del parchís con la cordura, para colmo me tengo que poner por encima el traje de aguas. Adiós glamour.

Frivolidades aparte, tengo que confesar que estoy bastante acojonada. Emprender un viaje en moto tiene sus riesgos, eso es evidente, y más en invierno con mal tiempo. Supongo que no soy la única que piensa que regresar es lo más importante y, desde aquí, deseo que todos volvamos. Mi madre está muy nerviosa, no le gusta nada este viaje. Ella piensa en mis niños y no hay nada que yo pueda decir que la tranquilice.

Bueno, voy a cambiar el tono que me estoy poniendo muy seria. Me han adelantado la hora de salida. Me ha parecido muy mal, yo quería dormir. Pero es mejor salir cuanto antes. Ya he comprado las camisetas, unos guantes para poner debajo de los otros, la maneta irá torcida -no he conseguido la nueva a tiempo-, el traje de aguas me cabe encima de la ropa de cordura, he comprado un spray que repele el agua (al menos eso dicen) y se lo he echado a los guantes que es lo más desprotegido... Bueno, que creo que ya está todo a punto. Y mientras escribo esto oigo el viento y la lluvia golpear en la ventana. Parece que dicen "mira lo que te espera, ja ja ja". Pero quién me mandará a mí meterme en estos tinglados, dichoso espíritu motero.

Pero no puedo evitar pensar en los riesgos de este viaje. La verdad es que con los nervios estoy algo pesimista, que ya es raro en mí. Así que, por si no vuelvo, gracias a todos por seguirme cada semana. Besos para mis amigas y compis del trabajo (ya saben que no me gusta dar besos, así que esto es excepcional). Muchos abrazos muy muy fuertes y muchos muchos besazos para mis niños y mis padres. Para mi marido... desearle que regrese conmigo. Y me queda tanta gente y tantas cosas por escribir...

Bueno, mejor termino ya que esto va a parecer un velatorio. Espero pasármelo muy bien en Pingüinos y sacar muchas fotos y reirme mucho y regresar para contártelo. Hasta la próxima semana.
Comentarios (1) - Categoría: Pingüinos 2008 - Publicado o 10-01-2008 23:22
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PINGÜINOS 2008... ALLÁ VOY

Yuuuuhhuuuu, me largo. Al fin esta vez puedo ir. Ya estoy preparando todo desde hace un mes: la moto, la ropa... Hay que ir muy equipados. Mi madre ha fruncido el ceño con esa cara de ?no me gusta que vayas? y mi padre no se si lo sabe. Normal, Pere Navarro (don odioatodoelqueconducemejorqueyo) tiene a nuestras familias acojonadas. Para los que no sepan qué es Pingüinos les diré que es una de las concentraciones internacionales de motos más importantes de Europa. Se celebra en Valladolid a mediados de enero, de ahí el nombre de Pingüinos. Aunque bien la podìan haber llamado ?estalactitas? o ?muñecos de nieve? pues así es como llegas si vas en moto... ¿Qué he hecho? ¿Por qué me he apuntado a algo así? Me da frío sólo de pensarlo. Pero si yo no soporto el frío (y eso que vivo en el norte). Ya me veo en la moto refunfuñando todo el camino ?jo... pelines, qué frío. No siento las manos, ni los pies, ni las pestañas... Tengo congelado hasta el puñetero espíritu motero que me ha traído hasta aquí... Pero quién me mandaría a mí venir... Con lo calentita que estaría yo ahora en mi casa... Me cago en los pingüinos y en los osos polares... Es la primera y última vez... Si me dedicase al encaje de bolillos en lugar de a la moto mejor me iría...? Menos mal que como voy yo sola en mi moto no me va a escuchar nadie y podré refunfuñar a placer toooodo el camino. Eso no me quitará el frío pero me quedaré a gusto, si es que no llevo hasta la lengua congelada.

Por supuesto, voy de hotel. Bastante valor le echo ya yendo en moto y no en coche como para además ir de tienda de campaña. Ja, y una porra. Yo de hotel. Y con mi mantita eléctrica, así podré quitarme durante unas horas el color azul amoratado que se me habrá puesto en la cara. Al menos me hará juego con los ojos, que son azules (hay que pensar en todo). Toda una planta del hotel es para nosotros, varios ?compis? de Mototurismo Coruña. Va a ser divertido. O eso espero ya que este viaje me apetece también para desconectar de la rutina y de los malos rollos cotidianos. Así que confío en pasármelo muy muy bien y reirme mucho. A lo mejor hasta coincidimos tú y yo y nos echamos unas risas mientras tartamudeo tiritando de frío.

Saldremos el día 11 a las 11, que además es el cumple de mi marido. Seremos un pequeño grupo de motos y un coche. Prefiero ir así, en grupo, por lo que pueda pasar. Algunos ya tienen amplia experiencia en Pingüinos por eso voy bastante tranquila, aunque reconozco que me acojona lo de la nieve, el hielo y la niebla. Pero es así, si quiero vivir la aventura tendrá que ser con todas las consecuencias. Y es que Pingüinos para un motero es como la Meca para un musulmán, hay que ir por lo menos una vez en la vida. Y este año voy a cumplir por primera vez. Lo que habrá que ver es si será mi última vez también... pero ya está hecho, hay que ir y -sobre todo- hay que volver para contarlo.

He hecho una lista con las cosas que tengo que hacer y comprar. Aún tengo doblada la maneta de embrague de mi CB500 (por lo de la pata de cabra). Tengo que mirar si le puedo poner la de una Morini Kanguro 350 que tenemos en el garaje -entre otras- así ya no tendría que llevarla al taller. También podría robar la maneta a la moto de mi vecino, que tiene una CBR125, pero me han dicho (no se si será cierto) que eso de robar no está bien. Pues qué pena. Mi marido está entretenido con su moto, una BMW F650 Funduro (anda que vaya nombrecitos) roja. Está muy contento con ella, aparte de por lo bien que va, porque sabe que yo no la quiero coger pues le llego al suelo de milagro con la punta del pie. Menos mal que también tiene tiempo para mi CB, que si no yo me olvidaría de la mitad de las cosas.

Respecto a la ropa... eso si que me vuelve loca. Tengo cazadora y pantalón de cordura con sus protecciones y forros desmontables correspondientes, y eso que los compré en Carrefour y en Lidl respectivamente. Tengo unas buenas botas aún sin estrenar, 2 pares de guantes -unos con protecciones y otros de nieve, que serán los que use para el frío- y traje de aguas. Incluso para el cuello tengo varias bragas polares, los tangas no los llevaré (ya se que es un chiste fácil pero tenía que hacerlo) y el casco. Es decir, que el disfraz de motera está completo, pero ¿¡qué me pongo por debajo!? Me he comprado unos guantes polares con forro que me caben a presión con los de nieve, y una chaqueta también polar, azul claro monísima de cuello alto y muy calentita. Pero claro, el frío de aquí no es el de Valladolid; lo que aquí me protege del frío puede que allí no me llegue. Ay, cuánta incertidumbre, me van a salir arrugas en la frente de tanto pensar. Me compraré ropa interior térmica, camiseta y pantalón, calcetines ya tengo... En fin, que al final puede que no pase frío pero no podré lucir este cuerpo serrano ya que la ropa de cordura, femenina, lo que se dice femenina, no es. Parezco el hermano negro del muñeco de Michelín, y eso que el año pasado conseguí adelgazar 14 kgs.

Aún queda una semana (digo ?aún? para animarme y no perder los nervios) así que tengo tiempo para decidir modelito y mentalizarme para el frío.
Comentarios (1) - Categoría: Pingüinos 2008 - Publicado o 03-01-2008 19:29
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