Pensamientos en voz alta


Porque todavía puedo opinar libremente
Leer este blog es gratis excepto si eres de la SGAE que tendrás que pagarme un canon por mis derechos de autor/propiedad intelectual, así yo también podré vivir de esto, como vuestros artistas, y no tendré que buscar trabajo.

O meu perfil
 CATEGORÍAS
 BUSCADOR
 BUSCAR BLOGS GALEGOS
 ARQUIVO
 ANTERIORES

HISTORIAS DE UNA RUBIA: LA ENCUESTA TELEFÓNICA
Que suene el teléfono suele ser molesto porque parece que elige el momento más inoportuno pero si además suena para hacernos una encuesta da igual si el momento es bueno o no, siempre molesta. Las que hemos trabajado ?o trabajamos- de teleoperadoras solemos tener más paciencia y atendemos amablemente a quien nos moles? perdón, a quien nos llama. En este caso la voz era de una chica y no me pilló con mucho tiempo porque había quedado y me iba a meter a la ducha, que hay que ir aseadita para poder volver a casa oliendo a tabaco, pero aún así no le colgué por lo que hice malabares para no entretenerme y poder ser puntual a mi cita. Ahí estaba yo en mi baño con una mano ocupada intentando prestar atención a la conversación y con la otra abriendo el grifo de la ducha. Cuando la temperatura estuvo en su punto me metí con cuidado de no mojar el móvil, que si fuese de los que tienen manos libres o impermeable habría sido más fácil, pero no. Y mientras me iba mojando con cuidado de no empapar a la teleoperadora yo respondía como podía:
Ella: Buenas tardes, le llamo de la peluquería Loida. Estamos realizando una encuesta acerca de los hábitos de belleza?
Yo: Perdona, pero es que no me pillas en buen momento.
Ella: No le robaré mucho tiempo, sólo serán unas sencillas preguntas.
Yo: (dudo) Bueno, pero no tengo mucho tiempo, de verdad.
Ella: Gracias, no la entretendré mucho

Ya está liada. Algún día aprenderé a decir no. ¿Por qué los de Loida tienen mi nº si yo nunca he ido allí? Además es el de mi móvil. Bueno, da igual, que acaben pronto con las preguntas para poder arreglarme y marchar.
Ella: ¿Me puede decir su edad?
Yo: Si, tengo treintaytantos.
Ella: ¿Qué tipo de tratamiento utiliza para su pelo?
Yo: No uso nada especial, sólo champú con productos naturales.
Ella: ¿Qué marca de tinte utiliza?
Yo: No me tiño.
Ella: Pero a su edad ya tendrá canas, debería teñirse.
Yo: (¿me está llamando vieja?) Pues? no, no necesito teñirme. Tengo mi color natural.
Ella: ¿Y de qué color es su pelo?
Yo: Rubio.
Ella: Pero si lo tiene rubio será porque se tiñe.
Yo: (¿cree que le estoy mintiendo?) No, soy rubia natural.
Ella: Entonces si es rubia será usted tonta, ¿verdad?
Yo: (¿?????????) Eeeeh? no? no tanto.

¡¡¿No tanto?!! Pero cómo se me ocurre decir eso. Esto es lo que pasa cuando te pillan desprevenida, que te quedas un poco fuera de lugar pensando que eres tú la que está entendiendo mal así que allí seguí bajo el agua, con cara de circunstancias y esperando la siguiente pregunta a ver si acababa ya. Pero se hizo un silencio y de repente una carcajada; eso si que me descolocó del todo.
El: (si, ahora es él con compañía, que hay más risas de fondo para humillarme a gusto) Ja ja ja Que soy yo, Pablo.
Yo: ¿Pablo?
El: Ja ja ja ja ja. Si, ja ja ja ja ja. Es que ya no podía más con la risa.
Yo: Bueno, yo te mato
El: Mira que eres buena. Te llamo vieja, mentirosa, tonta y todavía sigues al teléfono. Pensé que me colgarías ya en la primera.
Yo: No, entre el ruido de la ducha y las prisas pensaba que era yo la que estaba entendiendo mal aunque lo de tonta? ahí ya me empecé a mosquear un poco, pero no iba a colgar.
El: Porque eres demasiado buena. Pues tenía más preguntas de ese tipo pero es que no aguanté más la risa.

Así de ?agradables? son mis amigos. No le he matado todavía pero hay más días que romerías, así que no tengo prisa. Bueno, realmente tampoco fue para tanto. Ahora ya tenemos algo más que contar y de lo que reírnos en las reuniones cafeteriles. Y para evitar más situaciones absurdas ?si es que eso es posible en mi caso- ya tengo un móvil con manos libres y presto más atención a las voces que me encuestan, por si acaso.
Comentarios (1) - Categoría: Historias de una rubia - Publicado o 15-02-2010 00:21
# Ligazón permanente a este artigo
HISTORIA DE UNA RUBIA (en la ferretería)
Ser rubia en este país -y en muchos otros excepto de Deutschland pa'rriba- significa vivir permanentemente en un tópico y no de los buenos. Ya sabes, las rubias somos tontas, guapas, superficiales... Bueno, lo de guapa no es un tópico malo, lo malo es cuando al fin nos conocen en persona. "Mi novia es rubia, ojos azules...", el incauto de turno se hace una imagen idílica, después aparezco yo... y adiós al encanto y al tópico. Aunque en mi caso lo de vivir en un tópico constante es mi forma de vida (si, estoy exagerando) creo que todos, en mayor o menor medida, estamos afectados por este mal. Por ejemplo, de todos es sabido que si eres hombre sabes eructar y hablar a la vez, entiendes de coches y mecánica, de fútbol, te gustan las pelis de acción y las porno, y tus problemas de visión son debidos a un exceso de ciertos "trabajos manuales" en la adolescencia. Si eres mujer es lo mismo pero al revés. Nosotras no eructamos y mucho menos con vocabulario, no reconocemos un motor ni aunque tenga diseño de Channel, odiamos el fútbol, no nos gustan las pelis de puñetazos y explosiones sin sentido (así llamamos a las películas de acción), jamás de los jamases vemos porno -ni el de Canal 7- porque es supermachista y degrada a la mujer, y nuestros trabajos manuales se limitan a limpiar la casa constantemente.

Podríamos seguir poniendo ejemplos -seguro que a tí también se te ocurren unos cuantos más- pero mejor lo dejamos para otra ocasión, que el tema da para mucho. Esta introducción es para contarte cómo algo tan sencillo como querer comprar un tornillo se puede convertir en una mini-aventura dialéctica e intelectual para que me tomen en serio. En esta ocasión no creo que haya sido por rubia -que también- sino por mujer. Y es que ¿acaso entendemos las mujeres de tornillos? Quita, quita, qué complicado. Me fui a la ferretería de siempre con un tornillo oxidado y su tojino correspondiente. Después de esperar un buen rato, al fin llegó mi turno.
- Buenas tardes, quería un tornillo y un tojino como éstos, por favor.

El chico los cogió, los miró y se fue a esa puerta misteriosa de las ferreterías que llaman almacén. Seguramente iba pensando que mi marido, o mi madre, me mandaron a hacer el recado como a las niñas pequeñas y que no tenía ni idea de lo que estaba comprando. O al menos esa impresión me dio cuando vi lo que me traía.
- Perdona -le dije- pero me das un tornillo de cabeza plana y un tojino más grande. Mira, el tornillo baila dentro.
- Lo del tojino no importa. Una vez que lo pongas se adapta al tamaño del tornillo.

Le miré con el gesto torcido y con cara de "¿me estás tomando por tonta?" y le dije:
- Tráeme por favor un tornillo y un tojino iguales a los que te he dado.
Se va, vuelve... y me da el mismo tornillo de cabeza plana y un tojino un poco más pequeño pero igual de bailón.
- Me has traído el mismo tornillo y el tojino sigue siendo grande.
- Te sirve igual.
- Mira, esto no es para colgar un adorno de 2 gramos de peso. Es para el asa de una bañera y si no está bien sujeta nos podemos matar. Así que, por favor, tráeme lo que te pido... si lo tienes. Si no lo tienes, dímelo y me voy, que tengo prisa. Pero si lo tienes tráelo.

Me di cuenta de que estaba empezando a caerle mal, pero en ese momento vino el dueño y le dijo:
- Deja, que ya la atiendo yo.
- Bueno -le dije- pero deme lo que pido, y no como la última vez.
- Carallo, qué memoria tienes.

A ver, como para no acordarme. Que me tomen por tonta no es algo que olvide fácilmente, lo que ocurre es que esa ferretería es en la que encuentras de todo, llevan muchos años y saben lo que necesitas. Por eso voy. Esa última vez yo necesitaba una junta de silicona, y así tal cual la pedí. Cuando el dueño me trajo la caja le dije:
- Esto no es junta de silicona, es de goma.
Me miró medio sorprendido y me dijo:
- Bueno, carallo, vas a saber tú ahora si es de silicona o no.
- Pues no, pero se inglés y ahí pone "rubber" que quiere decir goma, así que...
- Te vale igual -me dijo con una sonrisa.
- Ya se que me vale igual, pero también se que no es de silicona.

Volviendo al tornillo tojinero, al final el dueño me trajo exactamente lo que pedí y a la primera. Le dije que si el tornillo fuese de acero inoxidable ya sería para un 10, pero lamentablemente no lo tenía, cachis.

Así es el día a día de las mujers, rubias o no. Tenemos que demostrar constantemente que sabemos de lo que hablamos. O , al menos, tenemos que ir a los sitios con la leción aprendida de casa, por si acaso. Yo, ese día en la ferretería no aprendí nada nuevo, pero seguro que les enseñé que la próxima vez que me vean entrar no intenten darme gato por liebre... ni en español ni en inglés.
Comentarios (3) - Categoría: Historias de una rubia - Publicado o 14-06-2008 11:24
# Ligazón permanente a este artigo
¡¡¡¡FELICES FIESTAS!!!!
Los Reyes Magos también son Moteros
Como veis, los Reyes Magos también se han pasado al lado oscuro y -por desgracia para Pere Navarro- se han dado cuenta de que es mejor ir en moto. Espero que ningún guardarrail, grava, bache, aceite, etc, les impida llegar cargaditos de regalos, que este año he sido -otra vez- muy buena.

Un saludo muy muy fuerte para todos los que me seguís relato a relato (que ya son ganas de aguantarme, ja ja). Deseo que paséis unas muy felices fiestas. Y para los que no sentís pasión por esta época del año, espero que la paséis lo mejor y más rápido posible.

V'sssssss y Ráfagas


FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO
Comentarios (4) - Categoría: Historias de una rubia - Publicado o 24-12-2007 20:06
# Ligazón permanente a este artigo
"ANTES MUERTA QUE SENCILLA"
Hoy en día mi lema es "ande yo caliente, ríase la gente", pero hubo un tiempo a los 18 que era "antes muerta que sencilla" y casi lo consigo. Un verano, yo sola y sin ayuda, llegué a la conclusión de que las rubias naturales no es que no tengamos melanina, si no que la tenemos más escondida, así que no había razón para estar blancas. Mis armas serían la insistencia y la persistencia (las cuales, inexplicablemente, no me funcionaban en los estudios). Armada de víveres y toalla rosa me fui con mi Sancho Panza a Corrubedo un viernes de Julio. Tras seis horas de ininterrupida exposición vuelta y vuelta y sin protección solar (nunca había visto un quemado ni un bote de Nivea en los documentales sobre Africa) llegué a casa abrasada, mareada, vomitando y con el bikini y la medalla de la primera comunión tatuados en la piel. Descubrí lo que era ser hereje con la Santa Inquisición porque cuando abrí el grifo y el agua caliente tocó mi piel pensé estar ardiendo en el infierno.

A la mañana siguiente, la rubia-cangrejo se levantó con otra reacción solar, además de los tatuajes, ¡un herpes labial! Tenía planes para esa noche y ningún herpes me los iba a cambiar. Decidí combatirlo con mercromina roja, pero con gran disgusto y congoja observé que teñía el herpes y la piel de rojo. Antes de hacer algo más por mi cuenta y meter la pata, decidí pedir ayuda profesional, así que llamé a mi amiga Alicia que cursaba primero de Químicas para preguntarle si el aguarrás disolvía la mercromina roja. Ella, muy práctica y sin rodeos me contestó que si pero que tuviese cuidado pues si el tejido es de color también puede desteñir bla bla bla...
- Vale, vale. Nos vemos esta noche. Gracias, Alicia, ciao.

Cuando entré en el baño con el bote de aguarrás mi madre charlaba con un amigo que me siguió con la mirada y preguntó:
- ¿Su hija no irá a echarse aguarrás en esa pupa de la cara?
- No, hombre, no, cómo se le ocurre. No está tan loca.

¿Que no? Te puedo jurar que las lágrimas se me saltaron al espejo; nunca había abierto tanto la boca, ni la nariz, ni los poros cuando el algodón empapado en aguarrás reaccionó con el herpes. Deseé estar otra vez debajo del grifo de agua caliente quemándome la piel ya quemada pues el dolor era insignificante comparado con el del aguarrás. Mi madre tiene que elegir mejor a sus amigos, son un poco cotillas.

Ya habrás adivinado que esa noche no pude salir (no por culpa del herpes, sino mía) y que mi madre a partir de ese día ya no volvió a decir con tanta seguridad que yo no haría algo por increíble que fuese. Entre el sol y el herpes casi me matan, pero eso sí, sencilla lo que se dice sencilla... no estaba.

Conclusión: tener ideas y/o iniciativas propias está penalizado con 2.500 pts en after-sun y un sábado sin salir de casa. Ah, y en los documentales sobre Africa alguien está escondiendo los botes de Nivea factor 60.
Comentarios (3) - Categoría: Historias de una rubia - Publicado o 20-12-2007 22:26
# Ligazón permanente a este artigo
HISTORIAS DE UNA RUBIA 2 - Practicando surf
Verano, sol, calor, playa, surf... ¿surf? Bueno, por llamarle algo. Al menos intentar lo intenté. El caso es que en la playa a la que íbamos, Queiruga, había siempre gente haciendo surf -del de verdad- así que un amigo y yo decidimos probar. Yo nunca había tocado una tabla de surf, pero qué mas da. Si los de la playa podían hacerlo, yo también. No parecía tan difícil. Entras en el agua andando con la tabla bajo el brazo, después te subes a ella (esto lo he hecho un montón de veces con las colchonetas de playa) y después te pones de pie. Fácil ¿no? Sólo hay que mantener el equilibrio; si te caes no pasa nada, el agua está blandita. Decidido, iba a hacer surf.

Lo primero era comprar la tabla, pero no tenía suficiente dinero, así que hablé con mi hermano para comprarla a medias. Aquí vi el negocio y lo iba a aprovechar. Como él no sabía cuánto costaba, le dije el doble del precio y así no tenía yo que poner nada, je je je. Mi hermano aceptó, genial, más je je je. Cuando llegué a casa con la tabla se la enseñé, le echó un vistazo y me preguntó con una sonrisa:
- ¿Cuánto dices que te costó?
- Eeeh... ¿por qué?
- No, por si ésta valía menos.
- Pueeees...no, me costó lo que te había dicho
- Ya, verás, la próxima vez quita el precio antes de enseñarme algo
Mier...coles, qué fallo más tonto. En el futuro tendría más cuidado, pero por desgracia él también.

Y llegó el día del estreno. Me fui a la playa con mi amiga Mónica, mi amigo no pudo ir. Yo llevaba mi tabla y ella llevaba una mirada de desconfianza que le duró todo el camino.
- Pero ¿tú te has subido a una tabla alguna vez?
- No, ¿por qué?
- Creo que deberías practicar antes con alguien que sepa.
- Bah, puedo aprender yo sola

Una vez en la playa nos fuimos las dos a la orilla. Ella se quedó allí -supongo que esperando el inevitable desenlace- y yo seguí adelante. Cuando el agua ya empezaba a cubrir me subía a la tabla , me até la cuerdecilla esa que traen y esperé a que llegase la ola mientras intentaba ponerme de pie. Y la ola llegó, vaya si llegó. Me pasó por encima, me tiró de la tabla (increíble ¿verdad?) y fui dando vueltas hasta la orilla. El orden natural debería ser: yo encima de la tabla, la tabla encima de la ola, la ola debajo de todo. Pero no se por qué, pues no es tan difícil estar encima de una tabla en movimiento, de repente el orden cambió: la ola encima de la tabla, la tabla encima de mí y debajo de la ola, y yo debajo-dentro de la ola y de la tabla.

Mi amiga Mónica seguía en la orilla, ahora con el ?inevitable desenlace? ya a sus pies. Si, allí acabé semi-enterrada, sin la parte de arriba del bikini, saliéndome arena por la nariz y hasta por las orejas, y con la tabla de surf en los dientes... o con los dientes en la tabla de surf, según como se mire. Quizás, sólo quizás, tendría que haber ido con alguien que me enseñase un poco.

Ésta fue mi experiencia con el surf; mi primera y única experiencia. Pero no aprendí muy bien la lección pues he seguido intentando hacer cosas yo sola sin esperar a que me enseñen, y así me ha ido.

Safe Creative #0912275211251
Comentarios (1) - Categoría: Historias de una rubia - Publicado o 29-11-2007 20:44
# Ligazón permanente a este artigo
HISTORIAS DE UNA RUBIA - 1
Soy rubia. No una rubia de esas a las que se les oscurece el pelo con el paso de los años, no. Mi pelo sigue siendo rubio rubio. Aunque parezca una tontería, es algo con lo que hay que aprender a vivir. Si viviese en Finlandia no tendría problemas, pero aquí... Te pasas la vida escuchando tooodos los chistes y comentarios acerca de rubias y su ausencia de inteligencia. Menos mal que tengo sentido del humor y, aún siendo rubia, pillo los chistes -a veces-. Mi propio hermano se dedica a mandarme correos con todas las tonterías que encuentra sobre rubias. Qué le voy a hacer, es mi destino en esta vida.

Quisiera poder decir que esta leyenda urbana de que somos tontas no es cierta, pero ha habido épocas y situaciones en las que lo he dudado... o me han hecho dudar. Porque me he fijado que cuando a una morena le ocurre algo absurdo no pasa nada, pero cuando me ocurre a mí todo el mundo se apresura a decir "rubia tenías que ser", por eso acabé pensando si será verdad ese mito. Menos mal que siempre hay alguien que me dice "no te preocupes, yo no soy rubia y me pasó esto y lo otro", realmente me ayuda a no sentirme un bicho raro.

Pero tengo que reconocer que ser tan rubia y con ojos azules me hace vivir situaciones simpáticas. Me confunden con una extranjera más veces de lo que yo quisiera; quizás por eso estudié inglés, para poder entender lo que me dicen. La última vez fue hace poco. Llegué a la estación de tren y vi que había mucho revuelo, "¿habrá pasado algo?" pensé. Ya era la hora de salir pero el tren no arrancaba. Descubrí qué era tan importante que hacía que un tren saliera un par de minutos tarde cuando vi salir del bar de la estación al maquinista diciendo "¡Hamilton se ha salido en una curva!" Ah, bueno, la carrera de Fórmula 1, motivo más que suficiente para que un tren se retrase, cómo no... Qué país. Por un momento llegué a pensar que no nos iríamos hasta que acabase la carrera, pero no fue así. Salimos al fin, pero en el tren el caos no era muy distinto al de la estación. La gente iba y venía por los pasillos con sus MP3-radio y sus móviles-radio a mano alzada intentando conseguir cobertura. No me parece muy normal moverte buscando señal si ya estás en un vehículo en movimiento, pero sólo es una opinión de rubia así que puedo estar equivocada. Yo me senté, tranquila, con mi MP3, escuchando música y leyendo un libro ajena a la carrera, a Hamilton y a su curva cuando de pronto escucho a alguien decir "te compro la pila". Levanté la vista y vi a un chico de pie frente a mí que al mirarme a los ojos debió confundir mi expresión de "¿eh? ¿es a mí?" por "mi no entender" pues me dijo a la vez que hacía mímica "I buy your pila... your... paila". Sonreí mientras me quitaba los cascos y le dije "si, te la doy". Suspiró aliviado por no tener que echar mano otra vez de sus dotes bilingües. Saqué la pila/paila de mi MP3 y se la di. Le dije "por cierto, pila en inglés es battery" "si, eso... battery, paila" dijo riéndose y después de darme las gracias se fue a disfrutar de lo que quedaba de carrera.

Hubo una pequeña época de mi vida en la que me molestaban estos equívocos. No me gustaba que me prejuzgaran por mi aspecto. Por ser rubia ya tenía que ser extranjera, y además tonta porque daban por sentado que no había aprendido español. Fue una niñería enfadarme por eso así que decidí aceptarlo -como si tuviese elección- y hoy por hoy incluso me lo paso bien con estas situaciones.

Safe Creative #0912275211244
Comentarios (7) - Categoría: Historias de una rubia - Publicado o 17-11-2007 14:10
# Ligazón permanente a este artigo
© by Abertal

Warning: Unknown: Your script possibly relies on a session side-effect which existed until PHP 4.2.3. Please be advised that the session extension does not consider global variables as a source of data, unless register_globals is enabled. You can disable this functionality and this warning by setting session.bug_compat_42 or session.bug_compat_warn to off, respectively in Unknown on line 0