A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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Causas frecuentes de los accidentes de aviación (en 1947)
11 de octubre de 1947

LA PLACIDEZ CONYUGAL Y LOS ACCIDENTES AÉREOS


Por Ramón Suárez Picallo

Recordamos aún hoy, con cierta emoción de sobresalto, el primer viaje que hicimos en avión. Era desde Barcelona a Madrid, allá por el año 1926, y confesamos, honestamente, que teníamos el corazón en un puño. El aparato era un “Junker” grande y ruidoso que debía cruzar las montañas de Aragón llenas de terribles “baches” o vacíos de aire, sobre los cuales, caía desplomado como una mole, haciendo infernal ruido y un golpe seco como si diese sobre una roca granítica. Jamás en todos los días vividos desde entonces, y en los que nos quedan sin vivir, olvidaremos el tal viajecito. Porque en él, aparte de los riesgos que suponíamos correr, llevábamos encima de nuestra ánima y de nuestro miedo, una especie de profecía de mal agüero.

Efectivamente, en el aeródromo de “embarque”, nos hemos topado a bocajarro con un viejo amigo, que de millonario habíase quedado pobre de solemnidad y que tenía por eso el firme propósito de suicidarse. Y decía: si bebo un brebaje venenoso, me pego un tiro o me arrojo desde un quinto piso, seré un suicida vulgar a quien despacharán los periódicos con tres o cuatro líneas en la crónica de sucesos, pero en cambio, si me mato en un accidente de aviación, es posible que se publique mi retrato y que se me llame héroe y mártir del progreso. Por eso –agregaba muy seriamente– he decidido tomar este avión que sale dentro de unos minutos. Nuestro amigo, que era un humorista de buena ley, daba por hecho que se moriría en el viaje, en forma muy decorosa, capaz de despertar cierto interés público.

Nosotros, que habíamos decidido viajar por los aires, después de haberlo hecho muchas veces por el mar y por la tierra, para que no se dijera que teníamos miedo, hemos aventurado, ingenuamente, esta pregunta llana y simple:

Bueno, díganos Usted, si es que puede saberse, ¿de dónde deduce que tomando el aparato que va a salir ahora pueden lograrse sus propósitos de suicidarse en la forma que usted llama decente?

Usted verá –aclaró impertérrito-: el aviador que lo conduce, no tuvo, en más de diez años de vuelo, ningún accidente; tendrá pues el primero de un momento a otro. Y además, es un hombre desgraciado. No pudo entenderse con su mujer y tuvo que separarse de ella hace pocos días. Está casi tan desesperado como yo, y no tendría nada en particular, que “se dejase caer” sobre el Moncayo o sobre las sierras del Guadarrama, dándole así, fin a una vida poco plácida.

El viaje transcurrió sin ningún incidente digno de mención. El amigo que quería suicidarse decentemente, en cuanto despegó el aparato, se echó a dormir como un lirón, en su asiento, mientras una vieja turista inglesa, leía con gran interés una novela de Walter Scott. Yo temblé como un junco hasta que el avión me dejó sobre la tierra firme de Madrid: y no olvidé nunca la tesis de mi compañero de viaje, sobre la importancia que tiene la tranquilidad del aviador en relación con los accidentes aéreos.


CONFIRMACIÓN DE UNA TÉSIS

Pues señor, el amigo filosuicida que nos amargó aquel memorable viaje, parece que no estaba tan fuera de razón como parecía. Aquí tenemos a la vista una información procedente de Washington, que confirma sus tesis. En efecto, el señor Jerome Lederer, técnico en asuntos de aeronáutica, llamado a declarar en una investigación abierta por el Gobierno de los Estados Unidos, sobre las posibles causas de los frecuentísimos accidentes de aviación, ha sentado premisas que vienen a darle la razón al pesimista amigo de marras. Véase como:

1.- Las preocupaciones domésticas y hogareñas, tanto las que son amables como las que son ingratas, influyen en forma decisiva en el estado de ánimo del conductor de aviones y determinan en buena parte el éxito o fracaso de los viajes que dirige.

2.- Es igualmente importante la situación económica del aviador. Un piloto que tenga letras emitidas, sin los fondos adecuados para su cancelación, o que haya dado cheques a fecha adelantada, sin posibilidad de cubrirlos el día de su vencimiento, es un candidato seguro a caer en el mar, desierto o en la selva donde no tenga que toparse con sus acreedores.

3.- El shock sentimental es también un factor determinante en los accidentes aéreos. La inquina de la suegra, el desamor de la esposa, la rebeldía de los hijos pueden perfectamente causar una catástrofe aérea, por afán suicida del aviador que busca en la muerte la liberación de sus angustias y preocupaciones. Mister Lederer es asesor de cuarenta compañías aseguradoras de Empresas de aviación y de transportes en general y en su informe dado a favor del “interés general”, urge a las empresas afectadas por los accidentes, a observar cuidadosamente las reglas del sosiego, placidez y tranquilidad de sus conductores si realmente quieren evitar el 70 por ciento de los accidentes. Apartar de su mente fricciones domésticas, preocupaciones económicas, e inquietudes de tipo psicológico, es a su juicio, afirmar la seguridad de los viajes, harto inseguros y arriesgados en estos últimos tiempos, ya sean ellos por aire, por mar o por tierra.

Ya lo saben, pues los candidatos a ser viajeros en avión. Hay que enterarse de la vida del piloto que conduce el aparato; debe saberse si su vida doméstica es más o menos plácida; si su mujer y su suegra no le plantean cuestiones desagradables, si los niños van regularmente a la Escuela y sacan buenas notas a mediados y a fines de curso; si no tiene compromisos económicos incumplidos, como ser cheques y letras de vencimiento próximo; si duerme normalmente ocho horas en cada veinticuatro y si su estado de ánimo no está influido por afanes suicidas.

De no tener el viajero en ciernes tales seguridades mejor es que no arriesgase a viajar. Si lo hace sin las antedichas precauciones ya puede encomendarle su alma a Dios y al diablo, en la seguridad de que el viaje es irremediablemente sin retorno. Así lo asegura Mister Jerome Lederer, técnico en estos asuntos, y así lo afirmaba nuestro amigo que tomaba el avión de Barcelona a Madrid, esperando morirse con decoro.


(Artigo publicado no xornal La Hora de Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de ... 1947)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Tal día como hoxe... - Publicado o 11-10-2014 02:53
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