A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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MADRID 1936

O incesante bombardeo diario sobre a poboación civil de Madrid coa sua colleita de morte e destrucción refléxase nestes dous artigos referidos a ditos feitos de novembro de 1936...RSP lembra os acontecementos dende o exilio en Chile, nesas mesmas datas seis e sete anos despois.


7 de noviembre de 1942

MADRID


Por Ramón Suárez Picallo

7 de noviembre de 1936. Amanecida en Madrid nuevo, fosco y extraño. Poco antes de la salida del sol, después de un minuto de silencio de muerte, un eco casi sordo vibraba en su aire límpido y sutil. Madrid, que era ciudad-sonrisa se trocó en ciudad-gesto y eco. Gesto voluntarioso y enérgico, no ensayado desde el 2 de mayo de 1808; eco de una canción que hablaba de los pobres del mundo, de los esclavos sin pan. Porque Madrid era en aquella amanecida el sístole y diástole del mundo. Su nombre breve, de dos sílabas, pendía en el cielo de mares y continentes como una estrella trémeluciente, a punto de caerse, desprendida del espacio, sobre el alma, estremecida de angustia, de todos los pobres y los libres de la tierra.

La ciudad, otrora, alegre y confiada, que decía a los forasteros, con el alma en los labios: “Ha tomado Ud. posesión de su casa”, cerró sus puertas, a sangre y fuego a unos forasteros ingratos, que llegaban a ella en plan de conquista. Y Madrid, por ese lado, fue, es, y será siempre inconquistable. Sus hombres, sus mujeres y sus niños, se dan en ingenio, en gracia y en amor a quien les extienda una mano cordial; pero jamás, jamás, serán conquistados por quien lleve contra ellos una piedra en cada mano. Quienes golpearon aquella noche memorable del 6 al 7 de noviembre de 1936 a las puertas de Madrid, no llevaban piedras. Llevaban obuses y bombas y rifles y ametralladoras. Madrid que solía dar albergue amoroso y cálida casa cubierta a todos los peregrinos, echó a sus puertas cerrojo y candado, el hizo, por el lado de adentro, muralla de almas, valle insalvable de corazones. Fue, en aquella mañana memorable, alma y corazón de España, sístole y diástole de todos de todos los libres del mundo.

¡Madrid! Dulce, alegre, bello y heroico Madrid, abierto todos los puntos de la Rosa de los Vientos; porque esa noche cerraste tus puertas y tus puentes sobre el Manzanares, eres y serás inmortal para siempre jamás, en las almas y en los siglos.

Fueron después, Sebastopol y Stalingrado. Pero antes, fuiste tú, dulce, bello y heroico Madrid.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 7 de novembro de... 1942)



7 de noviembre de 1943

MADRID 1936


Por Ramón Suárez Picallo

La capital de España, pulso, aliento y corazón de un pueblo en armas en defensa de su soberanía, de sus derechos y de sus instituciones estaba acosada por los cuatro costados. Gentes extrañas, física y espiritualmente, golpeaban a sus puertas con afán de derribarlas. Vociferaban y gritaban y blasfemaban. Pero Madrid, la ciudad más hospitalaria, más acogedora y más abierta del mundo, dispuesta siempre a dar albergue y casa cubierta a quienes lo pidan cordialmente, esta vez dijo: “No pasaréis”. Los ancianos, los niños, las mujeres, los soldados, los vivos y los muertos, dijeron eso y formaron barricada y parapeto para cumplir su dicho. Madrid sabía de eso desde siempre. Recordaba otras dos fechas el 2 de mayo de 1808 y el 19 de julio de aquel mismo año. Fue una noche tremenda de angustia y de decisión. El mundo seguía en vilo sus horas, sus minutos y sus segundos. Con las primeras luces de la aurora la noticia voló por todos los ámbitos: “Madrid no ha caído. Madrid se defiende. Madrid será siempre Madrid: pulso, alma, corazón, músculo y cerebro de un gran pueblo”.

Y mientras la noticia corría por el mundo a través de mares y continentes, en la Moncloa, a la vera del sagrado Manzanares, desde Atocha al Puente de los Franceses, del uno al otro lado de la alegre ciudad, los héroes daban su último aliento junto con su último cartucho. El lucero del alba y los primeros rayos del sol, alumbraron la faz de los muertos y guardaron, en los espacios siderales el nombre sagrado de Madrid. El nombre había de ser, poco después, punto de referencia, en otras ciudades y latitudes, para cuantos prefieren “morir de pie a vivir de rodillas”.

Aún no se apagó el signo estelar de Madrid. Quizá dentro de poco, alumbre, con renovado fulgor, en la vieja Puerta del Sol.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 7 de novembro de ... 1943)
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LENTITUDE XUDICIAL

Hai tempo que sabemos que a Xusticia en moitos países se encontra desbordada polo crecemento das causas, e tamén polo incremento da conflictividade social.
A cantidade de tribunais, a dotación de persoal e recursos técnicos,non poden canalizar debidamente as demandas da poboación. O persoal dos xuzgados de insuficiente para a cantidade de traballo e esto extende a duración dos procesos...
Esto non é novo, e xa RSP comenta a lentitude da xusticia en Chile polos anos 40.



6 de noviembre de 1942

¡JUSTICIA RÁPIDA!

Por Ramón Suárez Picallo

El grito, que es a la vez, un postulado jurídico del Derecho Moderno, está inspirado en una terrible noticia dada por “La Hora”: Seis hombres, procesados por un delito que, en caso de ser probado, serían castigados con la pena de tres años y un día, esperan, en la Cárcel de Temuco desde hace nueve, a la vista de su causa. Es decir, que, en el supuesto de ser condenados, habrían estado en la Cárcel, injustamente, seis años. El hecho es consternador e indica que algo anda mal en el funcionamiento de uno de los esenciales poderes del Estado. Quizá defecto de la Ley Procesal, quizá falta de diligencia, quizá la premiosidad de un viejo engranaje, inepto para los tiempos presentes. Lo que sea. Pero algo anda mal, allí donde todo debe andar con la precisión de un reloj perfecto. La Administración de Justicia es un resorte maestro en una sociedad bien organizada. Un resorte que debe ser revisado minuciosamente, para asegurarse de su buen funcionamiento. Es uno de los deberes ineludibles de jueces y magistrados. Como lo es inexcusable el cumplimiento de los plazos procesales que marca la Ley para pronunciar los fallos. Su incumplimiento debe tener una sanción, y la tiene en muchos países, en los cuales el estado es responsable por los perjuicios causados a los ciudadanos, victimas, por acción o por omisión, del incumplimiento de las leyes.

Seis hombres que purgan injustamente seis años de Cárcel cada uno -¡por lo que sea! –no es grano de anís, que pueda despacharse, así como así, con una crónica periodística, aunque ella tenga, como corolario, un oficio de explicación y excusa. El hecho es inexcusable e inexplicable, después de la toma de la bastilla que trajo como consecuencia los derechos del Hombre y las garantías procesales que informan la Ley de la materia, desde entonces hasta nuestros días. ¿Qué es lo que ha ocurrido con los procesados de Temuco? Lo que haya sido, debe servir para que se repita, porque no honra, poco ni mucho, al Poder Judicial de Chile.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile, o 6 de novembro de ... 1942)
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A CONFERENCIA DE MOSCÚ

Na Conferencia interaliada de Moscú (18-30 outubro 1943), os ministros de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Estados Unidos e a URSS (Eden, Hull e Molotov respectivamente) decidiron a creación dunha Comisión político-militar conxunta que, no futuro, tería que ocuparse de estudiar aqueles asuntos referentes a Europa que xurdisen durante o avance da guerra, así como de dirixir aos gobernantes dos seus países as recomendacións oportunas. En total, a Comisión chegou a reunirse nunhas 120 ocasións ata que, na Conferencia de Potsdam (17 xullo-2 agosto 1945), Stalin, Churchil e Truman decidiron a sua disolución. RSP comenta a importacia desta Comisión.


3 de noviembre de 1943

UNA NUEVA ERA HISTÓRICA


Por Ramón Suárez Picallo

Por días, semanas, meses, años, lustros y, quizá, siglos, se hablará en el mundo de la Conferencia que acaba de celebrarse en Moscú, entre los Cancilleres de Gran Bretaña, los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, felizmente terminada hace pocas horas. Se la citará como fuente de Derecho, como etapa decisiva en la más grande guerra de todos los tiempos, y como punto de arranque de una Nueva Era en la Historia de la Humanidad.

Cuando escribimos estas líneas, sólo se conocen los temas principales tratados en ella, sobre los cuales ha recaído acuerdo, factibles de ser conocidos por la opinión pública internacional, sin menoscabo del secreto, político, diplomático y militar, indispensables para la buena marcha de la guerra en esos tres frentes esenciales. En días, semanas y meses sucesivos, serán ampliamente esclarecidos, estudiados y comentados esos acuerdos, y sus textos completos serán Historia para las generaciones venideras.

Aparte de lo que se refiere a la continuación de la guerra y de la organización de la paz, basada en la soberanía, la independencia, la justicia y la libertad de los pueblos, salvaguardada por un organismo internacional con fuerza jurídica y ejecutiva de seguridad colectiva; de la inclusión de Austria entre las naciones que serán renacidas con la victoria y de otros temas que afectan principalmente a todo el viejo Continente, hay un punto concreto que queremos tratar por su enorme interés internacional, como complemento a la Carta del Atlántico y a las cuatro libertades proclamadas por el gran Presidente Roosevelt, y, principalmente, como homenaje ejemplar a la justicia, a la cultura, a la humanidad y a la civilización, ultrajadas y escarnecidas, en ésta, como no lo fueron en ninguna otra de las guerras conocidas, desde Atila, Genghis Kan y Tamerlán.

LOS CRIMINALES DE LA GUERRA

Nos referimos al tercer punto de los dados a conocer, consistente en la declaración tripartita de Roosevelt, Churchull y Stalin, prometiendo solemnemente el juzgamiento y castigo inexorables de los criminales de la guerra, allí en los lugares mismos donde cometieron sus atroces crímenes y de acuerdo con las leyes del respectivo país. Todas las naciones civilizadas –y lo son en grado superlativo las asoladas por el nazismo– tienen previstos y penados en sus códigos penales comunes, y penales militares, un grupo de delitos conocidos bajo el rubro genérico de “Delitos contra el Derecho de Gentes”.

Tipifican tales delitos, hechos como el maltrato a los prisioneros de guerra, civiles y militares; las represalias contra rehenes sin discernimiento de responsabilidad individual; las medidas crueles contra las poblaciones no combatientes; las depredaciones y estragos innecesarios a las estrictas operaciones militares; incendios de poblados o campos sembrados, destrucción de viviendas o edificios públicos, templos, monumentos artísticos e históricos y obras de utilidad pública; además del ultraje al sexo, edad y condición de las personas.

Tales hechos, constitutivos de delitos penados con castigo capital, han sido realizados, elevados a la máxima potencia, por los nazis, junto con otros mucho más horribles aún, inconcebibles por la mente del legislador civilizado, para incluirlos en los códigos.

Y fueron realizados, con la concurrencia de todas las circunstancias agravantes conocidas e inimaginables: premeditación, alevosía, nocturnidad, cuadrilla, abuso de fuerza, intención de aterrorizar, ánimo cruel y falta de necesidad entre, otras muchas.

Un solo nombre, Lídice, el pueblo mártir de Checoeslovaquia, incendiado, arrasado, con el asesinato en masa y en frío, con ametralladoras, de todos sus habitantes, basta para sintetizar, en un solo episodio, el grado tremendo de terrorífica criminosidad a que se ha llegado en esta guerra por parte de los nazis alemanes, superando todos los antecedentes conocidos en el sentido de elevar la crueldad a la categoría de norma común. ¡Y toda Europa está llena de Lídices, corregidos y aumentados!

Los autores de tan espeluznantes crímenes serán castigados, y, esta vez, no habrá de valerles aquello de: “es la guerra”. No. No es la guerra normal, reglada por normas de civilización y de Derecho, dictadas por la cultura para distinguirla del crimen colectivo, frío y cruel. Es, sí, la guerra total y totalitaria inventada por ellas para hacer retroceder a la Humanidad a remotos tiempos de barbarie sin límites y dominar al mundo acoquinado por el terror. Esta guerra se llama crimen y quienes la practican son criminales. Y como tal serán tratados, según la solemne promesa de los tres grandes líderes, que no suelen prometer en balde.

PARA PODER VIVIR “LIBRES DE TEMOR”

Para reivindicar la justicia escarnecida, para no dejar impunes delitos que horripilan a toda criatura humana, para escarmiento y ejemplo, y para que las gentes de bien puedan vivir en el futuro libres de temor – la más bella, humana y trascendente de las “cuatro libertades” proclamadas por el gran Roosevelt – los criminales de guerra, serán buscados, perseguidos y sacados de donde se encuentren “hasta el fin último de la tierra”. Estarán, pues, fuera de toda ley universal y de toda protección jurídica, ínterin no comparezcan a rendir cuentas de sus actos y no habrá en el mundo escondite impune para ellos.

Es la necesaria garantía para que la gran consigna “rooseveliana” tenga efectividad sobre la tierra. Porque mientras existan, vivan y se muevan en alguno de sus rincones, uno o varios de tales criminales, la humanidad no podrá vivir libre de temor, porque quedará, oculto y acerante, como la fiera y el bandido de caminos, esperando la ocasión para hacer de las suyas, el peligroso enemigo.

Muy importantes y trascendentales son, sin duda alguna, todos los otros acuerdos de la histórica Conferencia de Moscú. De entre ellos, aunque no lo parezca a simple vista, destaca éste, estrechamente relacionado con la justicia, el orden y la moral internacionales, perturbadas por los criminales de la guerra, total y totalitaria, con escarnio y vilipendio de aquellos principios elementales que distinguen al hombre de la fiera; y, también, porque, como ya queda dicho, es garantía de que uno de los grandes principios que alientan esta lucha gigantesca será, sobre la tierra, una realidad de bienaventuranza: vivir la vida libre de temor, de crueldad y de terror. Y, además, avisarle al mundo que los grandes crímenes no pueden quedar impunes.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile o 3 de novembro .... de 1943)
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OS MORTOS
Camposanto de Boisaca en Santiago
Nos dezaseis anos de exilio en Chile, tal día como hoxe (1 de novembro) RSP escribiu artigos de temática diversa. Coñecemos dez. Agora presentamos dous adicados aos mortos, aos difuntos, escritos nos anos 1942 e 1947.

1 de noviembre de 1942

LOS MUERTOS


Por Ramón Suárez Picallo

Recordemos hoy y mañana a nuestros muertos.

A los que, habiendo transpuesto los umbrales de lo conocido a lo inconocido , siguen viviendo en nuestro corazón y en nuestro espíritu, por el amor y por el recuerdo.

Honremos hoy a los que viven en sus obras. Y a los que nadie recuerda, con una ofrenda floral, o una lamparilla de aceite encendida sobre los siete palmos de su morada. A los que tuvieron por sepulcro, el fondo del mar o de la mina. A los que no tienen tumba señalada en ningún camposanto del Mundo.

Recordémosles hoy; a unos por lo que fueron, y a otros, por lo que no pudieron ser. A todos ellos llegará el homenaje. Porque ellos no son muertos, como dijo el poeta:

“No son muertos los que en dulce calma,
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que llevan muerta el alma y viven todavía”.

Y en la celebración cristiana de los Fieles Difuntos, veamos la eterna preocupación del hombre de todos los tiempos, fiel de todas las religiones, por buscar solución al gran problema ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Porque el culto a los muertos, practicado de maneras distintas por todas las civilizaciones y religiones conocidas, es a la vez, protesta y afirmación ante el gran enigma.

¿Siguen viviendo los muertos? Viven: Para unos en el Paraíso o en el infierno. Para otros, en el espacio infinito; para los de más allá, trocados en flor o en gusano; y para los que nos fueron más próximos en el recuerdo de su obra o en el amor de su corazón.

Para los unos, y los otros y para todos, vaya hoy nuestro recuerdo.

Y ante la tumba deslindada con verja y cruz y ante el pedazo de tierra que nadie sabe si hay en él una tumba, descubrámonos un instante por todos los que fueron. Porque así volverán a ser en nuestro pensamiento. Y tengamos misericordia para los que no fueron ni serán nunca. Aquellos que tiene muerta el alma y viven todavía.

(Artigo publicado no xornal La Hora, o 1 de novembro de ... 1942
Tamén está publicado no libro La Feria del Mundo, editado polo CCG en 2008)





1 de noviembre de 1947

NUESTROS MUERTOS


Por Ramón Suárez Picallo

Hoy no es el día de los muertos. Hoy es el día de Todos los Santos, que, por ser muchos, no caben dentro del santoral establecido en los 365 días del año y a los cuales la Iglesia les asigna un día para todos, juntos y remejidos . El día de los muertos es mañana, 2 de noviembre, consagrado a la conmemoración de los Fieles Difuntos de la Comunidad Católica, Apostólica y Romana. Pero en Chile, por causas que no conocemos, las dos fechas se confunden en una sola, y el día de hoy es, en realidad, el dedicado a los muertos. A nuestros muertos; a los que convivieron con los que aún estamos vivos, en el amor del hogar, en la comunión de las ideas y las esperanzas, y en los grandes afanes cotidianos; a los que siguen viviendo en el recuerdo íntimo de nuestros corazones; la madre, el hermano, el amigo, el maestro y el compañero, la novia y la esposa, la abuela y la hermana; todos aquellos que fueron carne de nuestra carne y espíritu de nuestro espíritu y que siguen siendo todo eso, más allá de los umbrales de la muerte física.

TRADICIÓN

La tradición de honrar a los muertos es, quizá, de origen egipcio. En efecto, la vieja patria de los Faraones, ha volcado sus mejores esfuerzos, espirituales y artísticos, en sus incomparables monumentos funerarios. De allí pasó a Grecia, a Roma, y, más tarde a los otros pueblos de cultura cristiana y grecolatina. El cementerio de Florencia, situado en el Fiésole, el de Génova, el de Granada y el de Toledo, son maravillas de arte, sin contar el Escorial y la tumba de los Médicos florentinos, en la que culminó, plenamente, el genio insuperado de Miguel Ángel. Y en los viejos pueblos célticos, Irlanda, Bretaña, Escocia, Gales, Galicia; la Isla de Man y Cambria , sólo hay recuerdos y testimonios de su cultura plástica primitiva, examinando los monumentos dedicados a honrar a los muertos: el Dolmen y el Menhir y sus camposantos, llamados “lubris”, de donde provienen, seguramente, las palabras “lúgubre” y “fúnebre”, indicadoras del rito funeral que honra a los muertos. La Iglesia Católica entristeció un mucho aquel florecimiento con sus tétricos cánticos: el “Dies Icore”, el “Pater Noster” y el “Me recordareis”, además del “Libera Dómine”, que los sacerdotes cantan en los entierros empavorecidos de los cuerpos y las almas.

LA LITERATURA Y LA MUERTE

No es del caso evocar aquí a los poetas y escritores de lengua castellana, que tomaron a la muerte como tema; desde Jorge Manríquez, en la Elegía pesimista a la muerte de su padre, hasta Santa Teresa de Jesús, que cifra en la muerte la esperanza suprema de confundirse con el Amado: “Y tan alta vida espero, que muero porque no muero”.

En el pasado siglo, el tema de la muerte se confundió con los mejores poetas románticos de nuestro idioma. José Zorrilla, salva, después de la muerte de sus víctimas, a don Juan Tenorio, el pecador impenitente, por el camino del amor. El milagro se produce en el cementerio de Sevilla, cuando el iconoclasta empedernido dialoga con sus muertos, se arrodilla ante ellos, simbolizados en doña Inés y, después de unas frases fanfarronas y orgullosas, les recuerda, que si les quitó buena vida, les dio mejor sepultura. Por algo la inmortal y última versión del gran burlador, se representa todos los años el Día de Difuntos, o sea, el 2 de noviembre.

HUMILDAD

Mientras tanto, los que estamos ya en el recodo que tiene por remate la muerte, a modo de postrero descanso, después de rudas y bien vividas jornadas por la Libertad y por la Justicia, hemos de trasladarnos hoy humildemente al hermoso Camposanto de Santiago, con un ramo de flores en la mano, para dejarlo caer sobre la primera tumba innominada que hallemos a nuestro paso: Por todos y para todos nuestros muertos, santos o bandidos, apóstoles o apóstatas, víctimas o victimarios, acogidos con igual ternura en el seno amoroso de la Madre Eterna, que los trueca y los confunde a todos ellos en el mismo polvo original. Por los amigos y por los hermanos, que no tienen quien deposite sobre su tumba un ramo de flores frescas, cualquiera que sea el lugar donde descansan.

Y, a la entrada y a la salida, volveremos a leer, con los ojos puestos en el infinito, una vez más, los bellísimos versos, inspirados en las tres grandes Virtudes Teologales:

“Ancha es la puerta; pasajero, avanza; y ante el misterio de la tumba, advierte, como guardan el sueño de la muerte, la Fé, la Caridad y la Esperanza”.

(Publicado no xornal La Hora, en Chile, o 1 de novembro de... 1947)


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A PAZ

O 24 de outubro de 1945 constituiuse oficialmente a Organización das Nacións Unidas (ONU). Ramón Suárez Picallo no 4º ano da súa constitución adica este artigo.


24 de octubre de 1949

PALABRAS AL VIENTO

LA PAZ


<Por Ramón Suaréz Picallo


Bajo la advocación de la Organización de las Naciones Unidas, se celebra hoy, en todos los países que la integran, el “Día de la Paz”. En Chile, país substancial y esencialmente pacifista, la parte más importante y significativa de los festejos, corre a cargo de los escolares, niños y adolescentes, que harán exhibiciones deportivas, cantarán y bailarán en homenaje a la Paz, que para ellos es y quiera Dios que lo sea siempre una realidad viva; o, como decía el gran poeta argentino, Mario Bravo:

“Cantan los niños de las escuelas;

juegan los niños en las escuelas;

¡Esta es la Paz!
Mientras tanto, los hombres ya maduros, que hemos oído hablar de la Paz, junto con las canciones de cuna de nuestras madres, y que hemos soportado ya las consecuencias de dos tremendas guerras mundiales y de alguna que otra feroz guerra civil doméstica, hemos agotado ya la facultad de creer en la existencia real y positiva de la imponderable Bienaventuranza, proclamada en el Gloria in Excelsis…

Mas, esta angustia por falta de fe en la Paz, que entristece los últimos años de los hombres de nuestra generación, liberal, democrática y humanística, formada en los principios que creíamos inmortales de la Revolución Francesa, ampliados con las ideas generosas del socialismo -¡utópico y delicioso socialismo!– de los Tomás Moro, de los Iglesias, los Jaurés, los Briand, los Vandervelde, los Besteiro y los de los Ríos, no debe ser causa bastante para perturbar las esperanzas y las ilusiones de la juventud en una paz futura, por la que hoy, cantan y bailan los que vienen tras de nosotros, ¡ojalá que para enmendarnos la plana!

¡No! La primera condición para amar y servir a la paz, es olvidar agravios, injusticias y amarguras para que ella venga a nuestros corazones y a nuestros espíritus y pueda trocar las chozas en paraísos; apartar el rencor de nuestras almas, levantándola en vilo, para que, los malos recuerdos pasen por debajo sin tocarlas y la otra condición es ser de los que se van, sabiendo estar con los que vienen, para que éstos logren los bienes y dones de que nosotros –los hombres de mi generación– fuimos privados, quien sabe si en penitencia de terribles errores y de imperdonables pecados. Quizá -¡quién lo sabe!- por haber querido, amado y servido a las ideas de una paz vacía de contenido, en vez de enrolarnos derechamente, en la guerra, cuando la guerra estaba cargada de razones de justicia. Cuando, en fin, la guerra debía haberse hecho, precisamente, contra los enemigos permanentes y jurados de la paz del mundo.

¿Un sermón? De ninguna manera. Estas palabras, lanzadas al viento para que el viento se las lleve, quieren ser otra cosa: un voto todavía esperanzado, una oración, un deseo, a favor de la paz verdadera; de la paz de todos y de la paz para todos los hombres de buena y de mala voluntad. Para que los niños que aún están en las cunas, duerman y sueñen con mansos elefantes blancos, cruzando en paz, caminos de leyenda; para que los mozos vean logrados sus ensueños de largos viajes por el aire, la mar y la tierra, en busca de remotas metas ideales; para que los labradores de todas las campiñas puedan arar cantando las tierras de panllevar, y festejar con palmas, laureles y olivos, las opimas cosechas; para que en las fábricas y en los talleres, nadie se sienta esclavo de nadie, y una esperanza de superación humana, ilumine las rudas jornadas; para que los navegantes de todos los mares naveguen por rutas francas, en el noble trueque y transporte de hombres, ideas y mercancía.

No por la paz, monótona, silenciosa y fría y de los camposantos, impuesta por los gendarmes; sino que por una paz viva, con voz y voto, amparada en la Ley y en el Derecho; por una paz surgida de lo íntimo de las almas, con libertad para creer y expresar en voz alta la creencia, sin miedos ni temores físicos, ni espirituales; una paz con tolerancia , con convivencia y con estilo para saber llevarse y conllevarse, en buena vecindad y en buena armonía, buscando en el prójimo ls virtudes y prescindiendo de los defectos que de todo hay, y todo se encuentra, cuando se busca con afán y buena voluntad. Por una paz civil y civilizada, entre los hombres, entre los pueblos y entre los Estados.
Por todos estos inestimables bienes que deben ser base, cimiento, alma y cuerpo de la paz universal, elevamos hoy nuestra voz al viento, a modo de oración y de elegía, los hombres que no tuvimos paz; mientras las voces juveniles que tapan nuestra voz, entonan canciones de fe y de esperanza, afirmando su derecho a tenerla, a vivir en ella, con ella y para ella.

¡Que su cántico, cargado de porvenir esperanzado, sea oído y atendido a todo lo largo, lo ancho y lo profundo de la tierra! Tal es nuestro voto ferviente en este Día de la Paz.


(Publicado no xornal La Hora de Santiago de Chile o 24 de outubro... de 1949)
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