A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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EN EL ANIVERSARIO 80 DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
LAS VIEJAS HERIDAS

Como si se me hubiera muerto el cielo
de España me separo:
salgo en un tren precipitado al hielo
de su materna piedra, de su fuego preclaro
.

Miguel Hernández



Si el dolor del recuerdo se hace insoportable, es preciso olvidar. Pero no siempre logramos tender un piadoso manto de olvido sobre las penurias del pasado. Entonces, cabe hacer frente al peso de la remembranza, apelando al beneficio de la reflexión y quizá a un atisbo de sabiduría, para superar el porfiado escozor de las viejas heridas.
Es lo que nos ocurre ante el octogésimo aniversario del comienzo de la Guerra Civil española, el 18 de julio de 1936, con el alzamiento de Francisco Franco Bahamonde contra la II República, con el apoyo irrestricto de la Curia española y de buena parte de las fuerzas armadas que se plegaron al movimiento, cumpliendo a cabalidad su encomienda de gendarmes al servicio de los poderes financieros y clericales.
Cuando se cumplió el cincuentenario del cruento golpe militar que significó la muerte de más de un millón de españoles (1986), regalamos a nuestro padre Cándido, gallego y republicano hasta el fin de sus días, el documental de la BBC de Londres sobre el conflicto, en tres VHS que completaban casi dos horas de rodaje. Mi hermano Mario procuró el transmisor adecuado y lo echó a andar después del almuerzo, en el dormitorio de papá, quien se arrellanó en su sillón preferido, dispuesto a rememorar aquellos sucesos en las elocuentes y desgarradoras imágenes.
Quince minutos después, con los ojos enrojecidos y un rictus amargo, entró en el salón, donde hacíamos la sobremesa, devolviéndonos las grabaciones con escuetas palabras: -“Gracias…, pero es mejor que se las lleven”. Era sencillo, él no podía resistir el cuchillo aciago de la memoria; le superaba el peso de aquella contienda fratricida que le sorprendió en Chile, a tres años de la llegada desde Argentina. Luego viviría, a través de las noticias radiales y periodísticas, los avatares del conflicto que iba a concluir, en su fase de guerra civil, el 1 de abril de 1939, con el lacónico parte de Franco: “La guerra ha terminado”. Aunque no significaba el advenimiento de la paz sobre la sufrida España, sino el inicio de una larga posguerra que iba a extenderse hasta la muerte del “caudillo”, ocurrida treinta y seis años después, en noviembre de 1975. Apenas dos meses antes de su fallecimiento, fueron ajusticiados cinco militantes de izquierda, dos vinculados a ETA y tres activistas. Nunca se clausuraron los paredones de la muerte, como esos cuadros negros de Goya…
El dictador gallego no era partidario de los indultos. Sobre el particular, se cuenta una siniestra anécdota. El papa Pablo VI habría intercedido, a través del nuncio en España, para que el sátrapa otorgara el perdón a los últimos condenados a muerte. Franco aceptó la elevada solicitud y firmó los decretos de conmutación. Pero surgió un detalle inesperado: el motorista que llevaba los documentos de salvación llegó al patíbulo media hora después de consumada la ejecución. Cuando el nuncio papal pidió explicaciones, Franco le respondió, con su voz atiplada de seminarista: -“Monseñor, a mi edad ya no manejo motocicletas”. Humor negro y homicida, propio del autócrata omnímodo.

Debes saber, caro lector, que muchas de estas crónicas nacen de diálogos que sostenemos al calor de una copa de vino, cuando se hermanan las palabras y se aligera la memoria. Gregorio, mi amigo cordobés, avecindado en Chile por causa laboral, me cuenta de su padre, militar de la República:
“Antonio Dobao Lopera tenía dieciocho años cuando estalló la sublevación. Se marchó de su pueblo natal, en Guadalcázar, Córdoba, a luchar como voluntario en contra de los conjurados. Durante los tres años de la guerra civil combatió en los frentes de Andalucía, Levante y Madrid, a donde llegó a ser subteniente de la Guardia de Asalto, teniendo a su cargo la instalación y mantenimiento de las líneas de comunicaciones…
“Al concluir el conflicto, tuvo que entregarse al enemigo y fue encerrado, junto a sus compañeros, en la plaza de toros de Las Ventas, desde donde escapó con un camarada, para caminar durante tres meses, sólo por la noche, hasta llegar a su pueblo de Córdoba. Fue detenido y llevado a un campo de confinamiento en Cádiz. Salió de allí, cerca de un año más tarde, ayudado por un primo que trabajaba en la cocina, por ‘buena conducta’… Debió cumplir tres años de ‘servicio militar’ en el ejército franquista, y luego casó con Mercedes Cuenca, mi madre… Pero su existencia y la de su familia se desenvolvían en el filo de la navaja, con el peligroso anatema de haber sido activo republicano… Bueno, en 1959 se marchó a Alemania Federal, donde se precisaba de mano de obra calificada. Tres años después, mi madre, mis cinco hermanos y yo pudimos reunirnos con él en la ciudad de Essen… Lo demás lo sabes, Moure, mis treinta años en Alemania y esta ‘militancia republicana’ que sólo me abandonará el día de mi muerte”.
Hacemos una pausa para brindar, con la breve arenga de otro amigo, Jorge Zúñiga, sefardita y chileno: ¡Ni altar ni trono! ¡Viva la Tercera República! Algo que debiera cumplirse, como los sueños labrados sobre la dura tierra, algún día…

También se cumplirán ocho décadas, el 19 de agosto de 2016, del asesinato del poeta Federico García Lorca, una de las víctimas paradigmáticas del franquismo, por su condición de artista y de homosexual, porque los corporativistas hispanos, en su versión católica del fascismo italiano y del nazismo alemán, también fueron homofóbicos y racistas, aunque emplearan sin escrúpulos tropas moras para combatir a los republicanos.
Hace ochenta años nació en Madrid el conocido escritor chileno, Poli Délano, mientras su padre, escritor y diplomático, Luis Enrique Délano, estudiaba Letras e Historia del Arte, en la Universidad de Madrid. Pablo Neruda vivía entonces en el barrio de Argüelles, ejerciendo como cónsul chileno en la capital española, donde iba a compartir enriquecedoras experiencias con Federico García Lorca, con Rafael Alberti, con Miguel Hernández y otras grandes figuras intelectuales del mundo hispanoamericano, reunidas en torno a la preclara Generación del 27.
Así cantó el vate su conmoción ante la tragedia que vio cernirse sobre la patria de Cervantes:


MADRID (1936)


MADRID sola y solemne, julio te sorprendió con tu alegría
de panal pobre: clara era tu calle,
claro era tu sueño.
Un hipo negro
de generales, una ola
de sotanas rabiosas
rompió entre tus rodillas
sus cenagales aguas, sus ríos de gargajo.
Con los ojos heridos todavía de sueño,
con escopeta y piedras, Madrid, recién herida,
te defendiste. Corrías
por las calles
dejando estelas de tu santa sangre,
reuniendo y llamando con una voz de océano,
con un rostro cambiado para siempre
por la luz de la sangre, como una vengadora
montaña, como una silbante
estrella de cuchillos.
Cuando en los tenebrosos cuarteles, cuando en las sacristías
de la traición entró tu espada ardiendo,
no hubo sino silencio de amanecer, no hubo
sino tu paso de banderas,
y una honorable gota de sangre en tu sonrisa.


En 1939, en las postrimerías de la guerra, el 22 de febrero, muere en Collioure, Francia, Antonio Machado, mirando hacia la patria envuelta en llamas y humo negro, panorama brutal que le hace volver los ojos hacia el pozo sereno de los recuerdos: -“Estos días azules y este sol de la infancia”, su postrer verso... El poeta catalán de la canción, Joan Manuel Serrat, canta con dulce melancolía aquellos instantes crepusculares del sevillano.
En marzo de 1942, muere el joven poeta, Miguel Hernández, en la prisión de Alicante. Le recuerda así Vicente Aleixandre:

No lo sé. Fue sin música.
Tus grandes ojos azules
abiertos se quedaron bajo el vacío ignorante,
cielo de losa oscura,
masa total que lenta desciende y te aboveda,
cuerpo tú solo, inmenso,
único hoy en la Tierra,
que contigo apretado por los soles escapa.


Preguntarás, amigo lector: ¿Por qué los poetas, por qué la poesía para recordar lo que aún nos duele, lo que el tiempo no ha sido capaz de restañar?


Porque la palabra poética pervive sobre la ceniza del olvido; porque de ella siempre manará el agua clara de la esperanza: -“Desde la muerte, renacemos…”, como cantó Neruda, como seguiremos cantando sobre las ruinas de todas las guerras.

Que así sea.



& & &

Edmundo Moure

18 de julio de 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 17-07-2016 15:45
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Presentación en Sada do poemario Ollares, de Ricardo Seixo
Mañá, mércores 29 de xuño, estaremos presentando o fermoso libro de poesía "Ollares", de Ricardo Seixo, en Sada. Contaremos coas lecturas dalgúns dos seus poemas.
Agardámosvos na Capela de San Roque, ás 20:30, para gozar dunha tarde de música e poesía!

Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 28-06-2016 22:54
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Presentación de NEGRUÑA de Xosé Duncan en SADA
Xosé Duncan presenta a súa novela Negruña, historia que mestura fantasía e ciencia-ficción ambientada nunha cidade que hai moito tempo deixou de ser A Coruña, nun mundo escuro e burocratizado ata límites inhumanos que por veces arrepía porque no noso presente agroman indicios do que podería ser ese futuro. Acompaña na mesa ao autor Tomás Rivera, blogueiro e crítico de literatura nunha radio comunitaria. Mais antes de entrar nesa sociedade onde, ao cabo, disque gobernan os mesmos ineptos de sempre, faremos a nosa particular homenaxe a Manuel María, xa que presentaremos un novo número do Caderno de Estudos Xerais dedicado á súa figura.


DÍA : 3 de xuño
HORA: 20'30 H.
LUGAR:Capela de San Roque (Sada)

Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 02-06-2016 00:04
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Graciñas a Cibrán Santamarina pola súa charla sobre as orixes da materia!
O pasado venres 20 de maio, tivo lugar na Capela de San Roque unha apaixonante charla arredor das orixes da materia da man dun dos científicos que colaborou na pescuda do bosón de Higgs, o galego Cibrán Santamarina Ríos. Graciñas por todo!




Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 28-05-2016 14:52
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Recordardo a GarciA Lorca
FEDERICO GARCÍA LORCA, EL DUENDE ANDALUZ

En el grato espacio del refugio López Velarde, Casa del Escritor, rendimos homenaje a Federico García Lorca y a su duende poético, sobre la base de aquella notable conferencia que pronunciara en Buenos Aires, en el año 1933, acompañado de poetas, escritores e intelectuales de una generación privilegiada. Allí estuvieron entonces Rafael Aberti, Silvina y Victoria Ocampo, Delia del Carril, Pablo Neruda y Raúl González Tuñón, entre otras figuras de Iberoamérica y de España. “Juego y Teoría del Duende” fue también presentada por el poeta granadino, ese mismo año, en La Habana.

Y aquí, en uno de los rincones de este “Último Reino” del austro, donde pugnamos por remozar y extender la palabra creadora de poetas y escritores, tomamos como leitmotiv de la animada tertulia del pasado viernes 20 de mayo, aquella conferencia cuyos presupuestos siguen vigentes, como una arte poética que atraviesa ya ocho décadas y que une, acercando mundos, como dice nuestro amigo Antonio Chaves Cuiñas, inquieto gestor cultural, pintor eximio y poeta, quien ha dedicado dieciocho meses a la investigación literaria en Chile y al rescate de memorias preteridas en este extraño y olvidadizo país; tal ha sido su aporte respecto de la obra de Pablo de Rokha, con hallazgos e interpretaciones que no terminan de sorprendernos.

La conferencia-coloquio estuvo articulada en dos de las variadas vertientes de la creación estética de García Lorca: primero, el “duende” y su espíritu universal; luego, ese genial poemario que compusiera en Santiago de Compostela, en el año 1932, imbuido de la figura y de la obra de Rosalía de Castro; nos referimos a los Seis Poemas Gallegos, que escribe en la lengua vernácula, quizá secundado por sus entrañables amigos, los escritores gallegos Ernesto Guerra da Cal y Eduardo Blanco Amor. Este último conservará aquellos manuscritos, con las tachas y correcciones manuscritas del genio andaluz, documento que hoy se guarda en uno de los museos de Galicia.

Procuramos hacer vibrar, aquella noche, las palabras de Federico, recordando que el próximo día 6 de junio es el aniversario ciento dieciocho de su nacimiento en Granada, y que el 19 de agosto se cumplen ocho décadas de su vil asesinato en Viznar, crimen del que nos sigue hablando, con acento desgarrado, el poema de otro andaluz universal, Antonio Machado:

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!

En esta conferencia suya, quizá como negra premonición, surgen sus consideraciones sobre el sentido de la muerte en España:

En todos los países la muerte es un fin. Llega y se corren las cortinas. En España, no. En España se levantan. Muchas gentes viven allí entre muros hasta el día en que mueren y los sacan al sol. Un muerto en España está más vivo como muerto que en ningún otro sitio del mundo: hiere su perfil como el filo de una navaja barbera…

Y si nos sigue hiriendo su prematura e injusta muerte, sentimos a Federico vivo en sus versos y palabras inmortales, en ese duende suyo que extrajo de las raíces gitanas de su tierra y supo transformarlo en pulso que late aún en todas las latitudes. Escuchémosle:

En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale, con instinto eficaz. El maravilloso cantaor, El Lebrijano, creador de la Debla, decía: “Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo”; la vieja bailarina gitana, La Malena, exclamó un día, oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de bach: “¡Olé! ¡Eso tiene duende!, y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, esta espléndida frase: “Todo lo que tiene sonidos negros, tiene duende”. Y no hay verdad más grande.

Con esa verdad a cuestas había llegado Federico a Galicia, en la lluviosa primavera de 1932, para disfrutar de ese duende lleno de lluvia y colores de musgo que descubre en Santiago de Compostela, en sus milenarias rúas misteriosas, donde parece escuchar, desde las piedras humedecidas, la voz de la gran poeta Rosalía de Castro, a quien dedica uno de sus seis poemas gallegos…

Y no resistimos la tentación de recitarlo, en ese ambiente de la SECH que de pronto parecía el de las viejas tascas de Campus Stellae, con sus mesas puestas en U para avivar el coloquio del vino y las palabras en un espacio fraternal:


Canzón de cuna pra Rosalía Castro, morta
Canción de cuna para Rosalía de Castro, muerta


¡Érguete, miña amiga,
¡Levántate, amiga mía

que xa cantan os galos do día!
que ya cantan los gallos del día!

¡Érguete, miña amada,
¡Levántate, amiga mía,

porque o vento muxe, coma unha vaca!
porque el viento muge como una vaca!


Os arados van e vén
Los arados van y vienen

dende Santiago a Belén.
desde Santiago a Belén.


Dende Belén a Santiago
Desde Belén a Santiago

un anxo ven en un barco.
un ángel viene en un barco.


Un barco de prata fina
Un barco de plata fina

que trai a door de Galicia.
que trae el dolor de Galicia.


Galicia deitada e queda
Galicia yaciente y callada

transida de tristes herbas.
transida de tristes hierbas.


Herbas que cobren teu leito
Hierbas que cubren tu lecho

e a negra fonte dos teus cabelos.
y la negra fuente de tus cabellos

Cabelos que van ao mar
Cabellos que van al mar

onde as nubens teñen seu nidio pombal.
donde tienen las nubes su nido y palomar.


¡Érguete, miña amiga,
¡Levántate, amiga mía,

que xa cantan os galos do día!
que ya cantan los gallos del día!

¡Érguete, miña amada,
¡Levántate, amiga mía,

porque o vento muxe, coma unha vaca!
porque el viento muge como una vaca!

Alfonso Castelao diría de estos poemas: “O noso idioma ten tal fermosura, que un poeta andaluz como García Lorca –o poeta mártir-, non foi quen de resistir o seu engado e compuxo poemas en galego”. (Nuestro idioma tiene tal belleza, que un poeta andaluz como García Lorca –el poeta mártir-, no fue capaz de resistir su hechizo y compuso poemas en lengua gallega). Otro escritor y exegeta suyo, César Antonio Molina, calificaba estos poemas, en uno de sus estudios interpretativos, como “milagro.
¿Milagro? No; hallazgo de amor, sí, desde las entrañas de ese andaluz universal, pródigo y multifacético que fue, que sigue siendo, Federico García Lorca, hijo predilecto de Granada y de España.



Edmundo Moure
Mayo 22, 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 23-05-2016 10:59
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95 anos do pasamento de Emilia Pardo Bazán
Cúmplense 95 anos do pasamento de Emilia Pardo Bazán (12 de maio de 1921) e tal día como hoxe de 1895 no diario matutino El Imparcial publicaba este conto.

Posesión


Por Emilia Pardo Bazán

El fraile dominico encargado de exhortar a la mujer poseída del demonio, para que no subiese a la hoguera en estado de impenitencia final, sintió, aunque tan acostumbrado a espectáculos dolorosos, una impresión de lástima cuando al entrar en el calabozo divisó, a la escasa luz que penetraba por un ventanillo enrejado y lleno de telarañas, a la rea.
Escuálida y vestida de sucios harapos, reclinada sobre el miserable jergón que le servía de cama, y con el codo apoyado en un banquillo de madera, la endemoniada, que se había llamado en el siglo Dorotea de Guzmán, que había sido orgullo de una hidalga familia, alegría de una casa, gala y ornato de las fiestas, parecía un espectro, una de esas mendigas que a la puerta de los conventos presentaban la escudilla de barro para recibir la bazofia de limosna. Su estado de demacración era tal, que a pesar de verse por los desgarrones del mísero jubón las formas de su seno, el dominico, que era un asceta y solía luchar con tentaciones crueles, no sintió turbación ni rubor, y sólo la piedad, la dulce y santa piedad, le impulsó a ofrecer a Dorotea amplio pañuelo de hierbas, y a decir benignamente:
-Cúbrase, hermana.
De tanta miseria y abyección tomó pie el fraile para empezar a convencer a Dorotea de que sacudiese el yugo de un amo que así paga a sus fieles servidores. Y mientras la posesa clavaba en el religioso sus grandes pupilas color de humo, donde, de cuando en cuando brillaba fosfórica chispa, él habló copiosamente, con unción y ternura, encareciendo la amorosa efusión de Cristo, que siempre tiene abiertos los brazos para recibir al pecador, la continua intercesión de su Santa Madre, la infinita misericordia del Criador, que sólo nos pide un instante de contrición para borrar todos nuestros delitos. Mas no tardó en advertir el dominico que la sentenciada le oía con salvaje insensibilidad, bajo la cual trepidaba una cólera sorda; y entonces pensó que convendría, para abrir brecha en un alma contaminada por la presencia de Satanás, hablar un lenguaje humano, casi egoísta, buscar palabras que irritasen a la pecadora y la forzasen a una discusión, en que saldría vencedor el dominico.
-Dorotea -dijo, tuteándola con violencia y enojo-, mira que ya pronto comparecerás ante ese Dios que va a pedirte cuenta de tus actos, y que a una vida de sufrimientos pasajeros seguirá otra de suplicios perdurables. Un paso, un segundo, es el tránsito a la eternidad, y esa eternidad es fuego, no como el de aquí, que causa la muerte, y con la muerte trae el descanso, sino interminable, horrendo, continuo, que renueva las carnes para volverlas a tostar y recuaja los huesos para calcinarlos otra vez. Pobre oveja que has seguido al hediondo macho cabrío, ahí tienes lo que te espera. ¿No te avergüenzas de ser esclava del demonio? ¿No lloras al menos tu esclavitud?
La endemoniada seguía guardando el mismo hosco silencio; pero, de pronto, se estremeció. Era que el dominico, enternecido por sus propias palabras, había dejado asomar a sus ojos humedad de llanto; y la mujer, conmovida, tal vez a su pesar por aquel indicio inequívoco de conmiseración, dijo sombríamente:
-Yo no puedo llorar. Lo primero que hizo mi dueño y señor Satanás fue quitarme las lágrimas de las pupilas y el calor de los miembros. Toca y verás.
Y alargando una mano, rozó la del dominico, que retrocedió espantado de la glacial, de la mortuoria frigidez de aquella piel que creía abrasada por la fiebre.
-No me compadezcas -añadió orgullosamente-. La sensibilidad y el ardor que faltan por fuera se han refugiado en mi corazón, que es un brasero de llama rabiosa.
-Eso mismo les sucede a los santos -murmuró el dominico con angustioso afán-. Que ese fuego no se apague; pero purifícalo ofreciéndoselo a Jesús.
-No -respondió con energía la endemoniada, cuyo rostro se contrajo y cuyos ojos, donde boqueaba el horno de la escondida hoguera, bizcaron repentinamente con frenético estrabismo.
-Pero ¿por qué, desdichada hermana? Dame una razón, una siquiera. De cuantas sentenciadas me ha tocado exhortar, sólo tú has callado, en vez de blasfemar y maldecir. Maldice, que lo prefiero. Ya sé que han sido inútiles los exorcismos, los conjuros, el hisopo, las oraciones, las santas reliquias; ya sé que el demonio no ha salido de ti, porque no quisiste tú que saliese, y como Dios, que ha podido criarte sin tu voluntad, no puedo contra tu voluntad salvarte, el espíritu impuro se alberga aún en tu seno. No he pensado en emplear contra ti la fuerza; te pido y te ruego, si es menester de rodillas, que me des una explicación de tu ceguedad. Eras hermosa y eres horrible; eras dama principal y pudiente, y eres menos que las mujerzuelas de la calle; eras buena y honrada, y eres ludibrio y vergüenza de tu sexo... ¿En qué moneda te paga el maldito? ¿Qué felicidad ignominiosa te da a cambio de todo lo que sacrificas por él?
Crispando los labios y arrancando del pecho un suspiro ronco, respondió la poseída:
-Ya que te empeñas en saberlo, lo sabrás. No creas que en este momento habita en mí el que llamas espíritu maligno. Sufría con los exorcismos y las reliquias y se apartó de mí. Pero sé que volverá, y sé que cuando me achicharren nos vamos a reunir para siempre.
-¡Qué horror! -exclamó, santiguándose, el dominico.
-Escucha -prosiguió la endemoniada-. No ignoras que en el mundo fui mujer de calidad, ensalzada por linda, respetada por noble, codiciada por rica, aplaudida por discreta. Estas prendas me atrajeron rondadores y galanes; pero ninguno supo hacer que yo pagase sus finezas. Pasaron por delante de mis rejas o de mi estrado y los desdeñé, porque mi alma, que se remontaba muy alto, aspiraba, secretamente, a algo más grande, a un príncipe, a un monarca, a un ser extraordinario, desconocido y superior. Sucedió que una prima hermana mía, que acababa de vestir el sayal de las carmelitas y a quien yo solía visitar en su reja, comenzó a hablarme exaltadamente de sus nupcias con Jesús, de los éxtasis y deliquios que gozaba en brazos de su celestial Esposo y de lo despreciables que parecen, en cotejo de tan divinos regalos, los amoríos y las aventuras de la tierra. Estos coloquios me trastornaron y emprendí una vida de devoción y de mortificaciones que hizo creer a todos, y a mí la primera, que sentía una vocación monástica firme e irresistible. Mientras tanto, en mi interior yo me despedazaba de congoja, de inquietud y de tedio, y un día, en un arranque de sinceridad, dije a mi prima la monja: «Ya no te envidio. Soy demasiado altanera para envidiar un Esposo que con infinitas esposas habrás de repartir. Ahora mismo, en centenares de claustros y en miles de celdas, tu desposado visita a otras mujeres. Desprecio lo que no es sólo mío.»
-¡Diabólica soberbia! -gimió el fraile-. ¡Era el tentador quien te sugería esa locura!
-Aquella noche -prosiguió Dorotea-, estando yo a punto de recogerme y habiendo soltado ya de la redecilla la mata de pelo, he aquí que se me aparece...
-¿Un monstruo horrendo?
-Un mancebo pálido y triste, pero hermoso, muy hermoso.
-¿Con olor a azufre? ¿Con pezuña hendida?
-No; con un cerco de luz rojiza alrededor de la rizada melena rubia.
-¡Virgen santa! Era, sin duda, un íncubo.
-¿Un íncubo? -repitió, sorprendida, Dorotea.
-Así llamamos al demonio cuando toma bella forma de varón para manchar y escarnecer a una mujer desdichada como tú.
-No se trata de escarnecer ni de manchar, pues el aparecido y yo entretuvimos la noche conversando castamente. Refiriome su historia punto por punto, y supe que era un gran príncipe, arrojado de los reinos de su padre por un instante de rebeldía, y que mientras a su padre todos le ensalzan y pronuncian su nombre con adoración, del hijo rebelde abominan y maldicen. Cuando supe que nadie le quería, cuando comprendí su desventura inmensa empecé a sentir que le quería yo y a soñar que mi amor le compensase todo cuanto había perdido, hasta los reinos de la gloria. Al amanecer se fue, pero volvió a la noche siguiente, trayendo un botecillo de un ungüento, con el cual me frotó las plantas de los pies y las palmas de las manos, y salí volando por el ventanillo. Cruzamos espacios inmensos, y abatiéndonos a tierra entramos en unas cuevas muy profundas, abiertas en el seno de altas montañas, y cuyo techo parecía de diamantes. Allí se apiñaba una muchedumbre inmensa, que reconocía la autoridad de mi señor, y bullía al pie de su trono una hueste de mujeres hermosísimas, cortesanas, reinas o diosas, desde la rubia Venus y la morena Cleopatra hasta la insaciable Mesalina y la suicida Lucrecia. Y como yo sintiese en el corazón la mordedura de los celos vi que las apartaba indiferente, sin mirarlas, y oí que decía: «No temas; yo no soy como el «Otro», yo no me reparto... Te pertenezco, Dorotea, pero tú también me perteneces a mí en vida y muerte». Cada noche, al dar las doce, le esperé y le acompañé, y fui venturosa.
-¡No llames ventura a las infames torpezas en que te encenegaba el enemigo de Dios! -protestó el dominico.
-¡Si no he cometido torpeza alguna! -respondió altivamente Dorotea-. Lo primero en que convinimos él y yo fue en que nuestro cariño sería el de dos espíritus, y mantuvimos el pacto. Mi señor tuvo a menos sujetarme con las cadenas de la materia, y cifró su orgullo en poseer mi alma, y nada más que mi alma, por voluntad mía. Mil veces me ha repetido que gracias a mí, puede alabarse de un triunfo que sólo a Dios parecía reservado: el de ser querido espiritualmente, sin mancha de concupiscencia. En cambio, yo sé que no tengo rivales, y que soy el único bien de mi señor. Nada me importa el vilipendio ni el tormento que me han dado. La muerte, la deseo. Cuanto antes enciendan el brasero para mí, más pronto me reuniré con «él».
Y volviendo la espalda al fraile, la posesa ocultó el rostro en la esquina de la pared resuelta a no decir otra palabra.
Cuando salió el dominico de la prisión de la relapsa empedernida, sollozó, besando el Crucifijo pendiente de su grueso rosario:
-¡Cómo permites, Jesús mío, que te parodie Satanás!
Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE E. PARDO BAZÁN - Publicado o 13-05-2016 11:06
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PRESENTACIÓN DE AREAL Nº12
Como ven sendo habitual, no mes de abril presentamos un novo exemplar da revista AREAL, e desta vez xa vai o número 12. A presentación será o próximo venres, día 22 de abril, ás 20:00 h. na Casa da Cultura de Sada, e contaremos coa actuación do grupo de música e danza tradicional sadense Queiroa.
Ademais da revista, repartirase o Caderno de Estudos Locais nº19, que trata o tema das inundacións en Sada, de Rafael Carballeira Coego.
Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 20-04-2016 12:52
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14 de abril en Sada. Ofrenda floral

Este xoves, 14 de abril, ás 20 horas da tarde, coincidindo co 85 aniversario da proclamación da II República, faremos un sinxelo acto de homenaxe ás vítimas da represión franquista no monumento dedicado a elas no paseo marítimo de Sada. No acto terá lugar a habitual ofrenda floral.

Agardamos contar coa túa presenza. Un cordial saúdo,

A.C. IRMÁNS SUÁREZ PICALLO
Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 12-04-2016 20:27
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Caderno dedicado a Luisa Viqueira Landa
Onte, na inaguración da exposición HEROINAS (REPUBLICANAS) da artista sadense Marta Paz,promovida pola nosa asociación coa colaboración do Concello de Sada,e na que presentou o acto Paco Pita,Presidente da A.C. Irmáns Suárez Picallo e interviron ademáis Benito Portela.Alcalde de Sada; Marta Paz, pintora e feminista; Lola Ferreiro, doutora en Medicina, activista feminista; Manuel Rguez.Viqueira, fillo de Luisa Viqueira e Marcos Villar, concelleiro de Cultura presentouse o Caderno de Estudos Xerais nº 6 dedicado a Luisa Viqueira Landa, no que se recollen as intervencións que, con motivo da traída das súas cinzas o 18 de abril de 2015 ao cemiterio de Ouces (Bergondo), se fixeron en dito acto.
Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 09-04-2016 10:47
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JUICIOS CRÍTICOS ( Edmundo Moure opina sobre a sua obra)
JUICIOS CRÍTICOS


Cada hombre lleva en sí un mundo compuesto por todo aquello que ha visto y amado, adonde continuamente regresa, aun cuando recorra y parezca habitar un mundo extraño.
René de Chateaubriand


En 1950 ingresé al primer año de Humanidades, en el Liceo Manuel de Salas (7° Básico, hoy). Tenía nueve años, era el más chico en edad y porte. La profesora de “Castellano”(me gusta este sustantivo más que “Lenguaje”), una vieja gorda y mal encarada (tal vez cuarentona), nos encomendó la primera tarea: escribir en casa una composición, en dos hojas de cuaderno, sobre el tema “Vacaciones”. Escribí mi texto, ese fin de semana, y lo entregué el lunes. El miércoles, la maestra leyó las calificaciones, cuya relación acostumbraba a informar desde la nota más alta, e iba descendiendo en los guarismos, hasta llegar a los desafortunados… Con estupor, advertí que no decía mi nombre; fui el último en ser mencionado: -Edmundo Moure, tiene un uno... Casi me caí del asiento. Imposible, yo había hecho mi tarea con empeño y convencimiento. Cuando sonó la campana del recreo, me acerqué a la gorda, con cara interrogativa y suplicante… -Mire jovencito, acepto cualquier cosa menos la deshonestidad… -No le entiendo señorita… -Seamos claros, esta composición se la escribió algún adulto, su papá o su mamá, ¿cierto? –No –le respondí en un susurro. –La escribí yo solo. –No le creo, el lenguaje empleado no corresponde a un niño. Respiré hondo, saqué fuerzas de flaqueza, y le rogué: -Señorita, por favor, deme otro tema y yo se lo escribo aquí mismo... Me escrutó, sorprendida. –Bueno, tome esta hoja y escríbame algo sobre la primavera.
Lo hice, en no más de quince minutos, y le alargué la hoja. Mientras leía mi nueva creación, observé que la gorda maestra fruncía el entrecejo. Sonrió levemente, diciéndome: -Tiene usted talento lingüístico, debieracultivarlo si quiere llegar lejos…Suspiré, exitoso. Mi nota final se había empinado a un seis coma cinco.
Dos años después de este primer juicio crítico, organizaron en el colegio un concurso de cuentos, en dos niveles: primero y segundo ciclo de humanidades. Participé con mi relato “El capitán indómito”. Era la historia de un comandante de barco de origen irlandés, de apellido Mac Muty, y transcurría en el Mar de los Sargazos (no me acuerdo hoy de la trama, pero se desencadenaban terribles acontecimientos)…

Bueno, obtuve el primer premio, y eso me dio alas para soñar que alguna vez sería un escritor célebre y, por supuesto, adinerado, quizá propietario de un velero que atravesara los mares procelosos hasta el Cabo de Hornos… Los libros de Emilio Salgari me habían transformado en navegante cabal, e intenté construir pequeñas embarcaciones de madera, pero mis manos carecían (y carecen) de toda habilidad artesanal. Mi compañero de banco, el alemán Meyer, que construía maravillosos galeones en miniatura, con palos de fósforos y madera de balsa, criticó mis dedos, comparándolos con los de un campesino bruto: -Quizá podrías probar inscribiéndote en el curso gratuito de jardinería… Y rio de buena gana, con su risa teutona y salivosa.
Nueve años más tarde, a los dieciocho, pergeñé un puñado de poemas inspirados en las atrocidades del imperialismo yanqui en la guerra de Vietnam. Un día, tuve el coraje de entregárselos a mi padre, para que los leyera y me aportara su juicio crítico de lector contumaz. Pasaron dos o tres semanas, sin que me dijese nada. Lo abordé, preguntándole qué le habían parecido aquellos textos –para mí- de indudable interés literario. Me miró de soslayo, alargándome la carpeta que los contenía, mientras me preguntaba, con acento sardónico: -¿Has leído a Quevedo? –No mucho, papá –le respondí, algunas cosas que nos pidieron en el colegio. –Bueno, ahí en la biblioteca del salón están las obras completas. Y se volvió, ofreciéndome su espalda como telón que hubiese caído en rotundo veredicto.
Pasaron veinte años de intensas y constantes lecturas. Es posible que durante ese tiempo haya yo escrito algunas páginas que jamás di a conocer, que extravié en la prolífica biblioteca del olvido, donde yacen quizá las mejores obras de la literatura universal. En 1979 publiqué, merced al sistema de autoedición, mi primer poemario, Ciudad Crepuscular, mediante venta de suscripciones entre mis compañeros de la empresa alemana en la que trabajaba. Presenté a aquel hijo de mis palabras en el Instituto Chileno-Hispánico de Cultura, con el respaldo y apoyo intelectual de mi buen amigo, el poeta Raúl Mellado Castro, ante nutrida concurrencia.
Dos semanas más tarde, en el suplemento literario de El Mercurio, Enrique Lafourcade comentaba el nuevo libro con escaso entusiasmo, en su estilo entre perdonavidas satisfecho y crítico arrogante. Pero ese juicio me afectó menos que el de Jorge Garrido, estafeta de la empresa germana, quien me pidióque le concediera unos minutos, porque debía manifestarme algo importante.
Entramos en uno de los bares que entonces abundaban en calle Teatinos. Jorge me miró a los ojos, diciéndome: -Estoy sentido con usted, porque no me consideró en las suscripciones de su libro… -Amigo –le respondí, no quise gravarte con un gasto semejante. –Esa no es una buena razón –retrucó… Además, yo compré el libro en la presentación y le voy a decir, en su cara, que es regularcito… De los dieciocho poemas, hay tres que se salvan; el resto es prescindible, sin mayores luces poéticas. Yo que usted, lo pensaría antes de publicar otro libro de poemas.

A estas alturas de mi vida, con veintiún libros publicados –dieciséis en Chile y cinco en España- y más de un millar de crónicas aparecidas en diarios y revistas literarias, a lo que cabe agregar cuatro obras inéditas, el juicio categórico del estafeta Garrido me parece acertadísimo. De aquel libro, rescataría yo dos poemas; el resto no merece estar impreso.
Puesto ahora a ordenar mis escritos, pensando en la posteridad, incorporé todo, incluyendo los libros, en formato PDF, en una carpeta virtual, con el título “Mi Herencia”, con copia de seguridad en pendrive, por lo que pudiera suceder. Este notable patrimonio pertenece desde ya a mis hijos. Ellos, o mis nietos o biznietos sabrán hacer algo productivo con el trascendental legado…
Puede que algún joven crítico, sagaz y conocedor, de aquellos que reciben las becas Guggenheim u otras prebendas académicas por el estilo, y se van a estudiar al vilipendiado imperio del norte, descubra el valor de una obra como la mía, merecedora sin duda del más alto encomio…
El grillo que guardo en el armario, apostilla:
-¿Y de qué te va a servir el prestigio póstumo?
-Después de todo –le respondo-, puede que el Paraíso sea la biblioteca infinita que soñaba Borges. Aunque también cabe que ella fuese el mismísimo Infierno…
-Eso, ni los críticos lo saben con certeza, -sentencia el grillo, mientras canta en su rincón, como si se mofara.

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Edmundo Moure
Marzo de 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 01-04-2016 00:23
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