A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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CATÓLICOS Y MUSULMANES

29 de marzo de 1950

CATÓLICOS Y MUSULMANES


Por Ramón Suárez Picallo


Su Santidad el Papa Pío XII expresó la esperanza de lograr un punto de contacto entre los católicos y musulmanes, para que se unan contra los enemigos de ambas religiones y de todas las otras religiones. Las declaraciones del Pontífice romano fueron hechas con motivo de recibir las cartas credenciales del nuevo Ministro Plenipotenciario de El Líbano árabe ante la Santa Sede Apostólica.

Tales declaraciones del Jefe de la Cristiandad –antiguo y eficiente diplomático del Vaticano, cuando era Monseñor el Cardenal Pacelli– debieron haber causado gran impresión entre los católicos de su Iglesia, especialmente entre aquellos intolerantes e intransigentes, que no entienden cómo el hombre, para llegar a Dios, tienen múltiples y variados caminos; los que enseñaron Buda, Moisés, Jesús y Mahoma entre otros altamente respetables, ínterin sean recorridos y buscados con unción sincera y con afán de perfección humana y espiritual.

Precisamente tenemos estos días, como libro obligado de cabecera la magna obra de Américo Castro, titulada “España en su Historia” (Cristianos, moros y judíos), donde se hace una conmovedora exégesis de la convivencia de las tres razas y religiones monoteístas de idéntico origen, antes de que la intolerancia rompiese –para desgracia de la Gran Nación– aquellos vínculos maravillosos.

“Pero todo se andará”, incluso en esto de volver a las fuentes primeras de la fe, para darle al hombre de nuestros días, desconsolado y desesperanzado, al sentido creador de su inmortalidad, de sus atributos naturales y divinos, como criatura hecha a imagen y semejanza de su Creador y como parte integrante de su obra Maestra.

Quizá el sabio, el político y el diplomático que es el Papa Pío XII, logre volver a los viejos tiempos en que lo importante no era ser devoto de ésta o de aquella religión; sino que el de tener alguna religión, cualquiera que ella fuese.

Eso sí, siempre partiendo del principio del libre albedrío, que Dios le concedió al hombre cuando no quiso ser dictador.

Comentarios (0) - Categoría: RSP-Relixión - Publicado o 29-03-2015 01:29
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EL EGIPTO FILARMÓNICO

27 de marzo de 1950
EL EGIPTO FILARMÓNICO

Por Ramón Suárez Picallo

El príncipe Mohamed Taher Paschá es sobrino del rey más o menos respetable, que hizo, últimamente, noticia mundial, a causa de un lío amoroso.

En efecto, su faraónica majestad, gordo, feo y su tanto y cuanto mujeriego y libidinoso, se enamoró como un colegial de una hermosa doncella de 16 años, novia de su representante en las Naciones Unidas, ilustre diplomático, joven de buen ver y todo lo demás.

La real copucha, egipcia tuvo ribetes de escándalo internacional, pues en la competición amorosa entre el rey y el diplomático, ganó el rey, que para eso lo es, o como decía el otro, donde hay capitán no manda marinero. El joven diplomático, con musulmana resignación, dimitió su cargo por “razones de salud”, y aquí no pasó nada.

El Egipto es un viejo y maravilloso país, cuna de civilizaciones. Desde sus viejas dinastías de Ramsés, Tutankamones y Ptolomeos, con los romances de Cleopatra, Julio César y Marco Antonio, fue siempre referencia y atracción del mundo antiguo. Y quizá lo único duradero y permanente de la gran aventura de Alejandro el Macedonio, haya sido la fundación de la bellísima ciudad de Alejandría, pórtico de la helenización del Egipto, El Nilo y las pirámides fueron y son aun hoy meta codiciada de turistas aburridos y de filósofos ocultistas, aparte de la celebre frase de Napoleón a sus soldados, cuando se metió por aquellos andurriales.

Pero hay otro Egipto en nuestros días, simpático, cautivante y encantador, heredero de sus viejos poetas y de los primeros compositores de sus grandes himnos al trigo nutricio, al Padre Sol y al Río Padre y fecundador. Es el Egipto lírico y filarmónico, amante, como pocos pueblos, de la buena música.

Efectivamente, en el Egipto de hoy, especialmente en sus dos grandes ciudades, El Cairo y Alejandría, han actuado los más grandes maestros y los más grandes maestros y los más famosos conjuntos musicales del mundo, ante públicos musicales del mundo, ante públicos devotos, selectos y conmovidos. Y lo más curioso es que estas fiestas de arte, han sido organizadas, dirigidas y financiadas por grandes magnates de la sociedad egipcia, casi siempre vinculados a la familia real, quien sabe por que extraños y ancestrales complejos...

Tal cosa ocurre ahora también. El Príncipe Mohamed Taher Paschá, sobrino del actual rey, ha organizado y financiado por su cuenta y riesgo una serie de magníficos conciertos a base de música clásica vienesa, ejecutados por la famosa Orquesta Filarmónica, que ilustró durante más de cien años de arte musical, la fina y deliciosa cultural de la capital de los Habsburgo.

El maestro Clemens Krauss dirigirá el ciclo y dedicará un concierto integro a Johann Strauss, su ilustre conciudadano y miembro de las más gloriosas dinastías musical de la Europa de su tiempo.

Y váyase lo uno por lo otro, los desafueros de los reyes, y hasta la quema del la gloriosa Biblioteca de Alejandría por aquél bárbaro Omar, fanático y bruto, incluyendo la deslealtad de Faruk, birlándole la novia a su mejor diplomático, pueden ser hechos atenuados gracias a esta afición lírica y redentora.

¿Qué la música, la buena música, suele ser manto encubridor de los mayores pecados, confesables e inconfesables, de estos y de los otros tiempos.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal dçia como hoxe pero de ... 1950)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Música - Publicado o 27-03-2015 16:53
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ALCOHOL, DELINCUENCIA Y SALVAJISMO

Sucesos como o que se comenta aquí e que ocurriu hai máis se sesenta anos en Chile, ocurren a miúdo na actualidade. Estamos cansos de ver gravacións con actos similares de civís e militares ...


26 de marzo de 1951
COSAS DE AYER

ALCOHOL, DELINCUENCIA Y SALVAJISMO


Un Cabo de Carabineros, José Erasmo Rocha, abnegado servidor del orden público, un hijo auténtico del pueblo, ha caído alevosamente victimado.

Un grupo de delincuentes y de ebrios desfogó contra él un salvajismo propio de bestias endemoniados. Abrumado a golpes, pisoteado y masacrado por la turba, sucumbió para siempre al querer cumplir unacto propio de su función policial.

Lo ocurrido en esa Población Callampa subleva el espíritu, indigna y repugna. Es una prueba de que en él no estaba solamente el pueblo con su pobreza y con su desesperanza, sino que con él; junto a él, confundiéndose con el trabajador honesto y tranquilo, a pesar de la pobreza y de sus angustias, estaba en acecho la delincuencia en espera de la ocasión para desahogar sus instintos criminales.

La explotación del alcoholismo en esas poblaciones, en que falta el dinero para el alimento y para el vestuario de mujeres y niños, que son como espectros de hambre y de la mugre, es un delito monstruoso. Las consecuencias están a la vista. Casi simultáneamente se han cometido hechos delictuosos en dos de las poblaciones. Los factores en acción han sido el alcohol y la delincuencia.

La triste y deplorable condición en que se encuentra esa parte empobrecida de pueblo que se agrupa en las poblaciones, no puede ser aprovechada para convertirla en cómplice de la brutalidad y del crimen.

Ello demuestra que a toda esa gente no tan sólo hay que ampararla de las inclemencias de su indigencia, que se hará más triste y más desesperante a medida que avancemos hacia el invierno, sino que, además debe vigilarse por que esas poblaciones, en donde gente de trabajo espera y lucha por mejorar honestamente su condición, no se conviertan en habituales guaridas de traficantes del alcoholismo, ni de delincuentes.

Carabineros de Chile, que es una hermosa expresión del pueblo al servicio de la nación, registra una baja más que tendrá que añadir a la lista de los que han caído en cumplimiento del deber. La opinión pública, justamente indignada por el brutal atentado, solidariza con la Institución y expresa su pesar. Espera, al mismo tiempo, que la dolorosa experiencia sufrida sirva de acicate para no dar tregua a la delincuencia, que parece querer enseñorarse de campos y ciudades.


(Artigo publicado no xornal La Hora,en Santiago de Chile, tal dia como hoxe pero de... 1951)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (outros) - Publicado o 26-03-2015 17:18
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PASTEL DE CHOCLO
Neste artigo o noso colaborador -desde Chile- Edmundo Moure, ao tempo que lembra o exquisto pastel de choclo que preparou a sua muller Gloria Marisol Moreno del Canto, recorda momentos e vivencias familiares mentras disfrutaba vendo o triunfo dos cataláns no partido Barça-Madrid o pasado domingo...


PASTEL DE CHOCLO



Ayer, domingo, cocinaste un exquisito pastel de choclo, gracias a este largo verano que ha hecho fructificar el maíz hasta los albores del otoño… Doce choclos grandes, pasteleros, una mata de olorosa albahaca (bella palabra árabe que llevaron los moros a la Península, junto a la benéfica planta), un kilo de carne molida, cuatro cebollas con su “escarcha cristalina y pura”, seis dientes de ajo, siete huevos duros, cien gramos de pasas y doscientos de aceitunas (árabe también el vocablo y sus aromáticas olivas)… “Aceituneros altivos, ¿de quién son esos olivos?” Doy los ingredientes, pero no los secretos de tu preparación, que es incomparable. Bien lo apreció nuestro buen amigo Gregorio Dobao, cordobés de nacencia, gallego de antergos y alemán de adopción, pese a que estos españoles peninsulares miran el maíz como alimento de puercos y gallinas… Mi padre le hacía asco a las indígenas “humitas” -o tamales, como les dicen en México-, pero aprendió a comer el pastel de choclo, éste que al primer bocado encantó a Gregorio… Lo acompañamos con un cabernet Medalla Real y todo fluyó como la buena conversa en un almuerzo memorable, aunque parezca refutarme Michelle Perrot, eximia escritora francesa, que en su libro “Mi Historia de las Mujeres”, escribe:
“Las mujeres dejan pocas huellas, escritas o materiales. Su acceso a la escritura fue tardío. Sus producciones domésticas se consumen más rápido, o se dispersan con mayor facilidad. Ellas mismas destruyen, borran sus huellas porque creen que esos rasgos tienen poco interés… Hay incluso un pudor femenino que se extiende a la memoria… Un silencio consustancial a la noción de honor.”
Pero esto va cambiando, poco a poco, ¿no es verdad?
Cuando nos conocimos, tenías treinta años de edad, venías llegando de la sabia y orgullosa Europa, y no sabías cocinar ni te interesaba lo más mínimo. Desde tu marcada condición de intelectual y filósofa, te reías de tus propias amigas chilenas, casadas y “dueñas de casa”, como decimos aquí en relamido eufemismo, para ocultar la condición secular de servidumbre bajo la tutela del varón.
En el Rincón de La Florida, donde nos fundamos como pareja, entre árboles y acequias rumorosas, preparaste un día “niños envueltos”, plato chileno de nuestra primitiva cocina, como dijera un chef internacional, que no es un guiso antropófago, sino unas hojas de repollo que envuelven lo que llamamos “pino”, sofrito de cebolla, ajo y carne molida, cocidas en olla o al horno, acompañadas de arroz graneado… ¿Recuerdas, amada, cuando serviste los platos en nuestra pequeña mesa de coligües, bajo el parrón, y observaste mi cara de sorpresa, y luego de pasmo, cuando intenté trozar aquella envoltura de repollo crudo, con sus hojas tiesas y duras como una cartulina? El arroz tampoco tuvo una cocción feliz; era una mazamorra blanca e insípida...
Los tiempos cambiaron y tus manos fueron habituándose a los menesteres culinarios, aun a contrapelo de tus inclinaciones especulativas y literarias, hasta el punto que ni Sol ni José María encuentran guisos y preparaciones mejores que los tuyos… También yo, que cargo con una tradición culinaria memorable, a menudo recordada y escrita en las imágenes de las tías gallegas, asociadas a los placeres de la buena mesa. Pero nada mejor que este pastel de choclo dominguero, que saboreamos hasta pasadas las tres de la tarde, coronado con una roja sandía de Paine… Te levantaste a lavar la loza, a limpiar los restos del sencillo banquete que nos habías regalado, mientras Gregorio y yo nos aprestábamos a disfrutar del partido de liga entre el Barcelona y el Real Madrid, batalla futbolera que tiene toda una historia de rivalidad que sobrepasa los marcos deportivos (aun dudando que se trate de un deporte al modo de los griegos olímpicos), y que asume connotaciones políticas, desde que el gallego Franco utilizara, a partir de 1950, al Real Madrid como punta de lanza de su propaganda “españolista”, cuando le insufló al “cuadro merengue” considerables aportes pecuniarios que le llevarían, muy pronto, a ser campeón en casa y en competencias europeas de clubes… Gregorio y yo, republicanos a ultranza, hinchamos por el Barcelona, deseándole lo peor al Real de los “fachas”, o sea, la ignominiosa derrota, cosa que ocurrió este domingo, gracias a la República.
Te fuiste a dormir una siesta y nos dejaste frente a los veintidós peloteros sobre el campo verde… José María nos ayudó con los ajustes técnicos necesarios para una buena visión, aunque apenas si miró el partido… Como bien sabes, a nuestro hijo no le gusta el fútbol, asunto que es parte de mis frustraciones de padre, pero nadie puede ser perfecto. El resultado sí lo fue: dos a uno en favor de los catalanes, que se encumbraron en la punta de la tabla.
Ya me lo dijiste, hace veintisiete años: “No entiendo cómo un individuo como tú, apasionado por la literatura, puede gozar el pobre espectáculo de veintidós pelotudos pateándose las canillas…” Ya ves, amor, cómo discurre la vida entre sus constantes paradojas. ¿Quién hubiese dicho entonces que ibas a preparar estos platos gloriosos?
Termino. Me callo. Pero antes, una reflexión y una pregunta para ti: -El verano se ha ido, pero aún nos sonríen los dientes áureos del maíz en las mazorcas… ¿Cuándo vas a sacramentar el último pastel de choclo de la temporada?

Edmundo Moure
Marzo 24, 2015
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 24-03-2015 00:05
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DÍA MUNDIAL DA METEOROLOXÍA, 23 de marzo

O Día Mundial da Meteoroloxía conmemora a data do 23 de marzo de 1950 na que se constituíu formalmente a Organización Meteorolóxica Mundial (OMM) grazas á firma do convenio dos seus primeiros 30 membros. Actualmente esta organización conta con 191 membros (185 estados e 6 territorios) e os seus fins son a cooperación internacional en servizos e observacións meteorolóxicos, a promoción do intercambio rápido de información, a normalización das observacións e a publicación uniforme de observacións e estatísticas.

Entre as últimas preocupacións da OMM, a principal é o cambio climático que se fai xa evidente tralo recente informe de París. Pero tamén preocupa a esta organización o esgotamiento dos recursos naturais, a contaminación e emisión de gases á atmosfera, a deforestación, a construción de presas, etcétera, que son factores humanos que están influíndo poderosamente neste cambio. Fenómenos climáticos cada vez máis virulentos como O Neno parecen confirmalo. Outro ámbito de estudo importante é a previsión de catástrofes naturais relacionadas coa meteoroloxía, como as tormentas tropicais ou as inundacións.
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 23-03-2015 01:12
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DÍA MUNDIAL DA AUGA, 22 de marzo

En 1992 a Asemblea Xeral das Nacións Unidas estableceu que o 22 de marzo de cada ano se celebraría o Día Mundial da Auga. O Día Mundial da Auga é unha ocasión única para reflexionar e lembrar que mentres nós menosprezamos un ben tan fundamental para a nosa vida, moitas persoas no mundo non teñen acceso á cantidade de auga potable necesaria para a súa supervivencia.

A situación é preocupante e moitos expertos consideran a cuestión da auga como o desafío máis importante que debe afrontar a humanidade no século XXI.

Ademais da auga para beber, a agricultura, a industria, a hixiene e a saúde, a calidade ambiental, etc., as posibilidades de desenvolvemento dun territorio e a súa poboación dependen da auga, da súa calidade e do seu consumo racional.


Nunha aldea de Kenia, un neno debe camiñar durante varias horas ó día ata o pozo máis próximo para levar á súa familia uns poucos litros de auga. Esta familia mide moito cada cunca de auga e pénsao dúas veces antes de consumila.

Seguramente o valor que lle atribúe á auga o consumidor español ou a familia keniana será moi distinto. O relativo baixo prezo deste líquido en España fai que, o mesmo que o estudante despistado, non valoremos a súa importancia, non só para os seres humanos senón para toda a natureza.

A calidade ambiental do noso entorno e do planeta depende moito do uso que todos fagamos da auga, de tratala como o que é: fonte de vida.


Con motivo desta data, na Escola T.S. Enxenería Canales e Portos da Universidade de A Coruña teñen lugar os actos que se indican no cartaz.
Comentarios (0) - Categoría: Actualidade - Publicado o 22-03-2015 00:18
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Inés Enríquez Frödden
Inés Enríquez Frödden (1913 — 1998) avogada e política chilena. Foi a primeira muller en chegar ao parlamento e asumiu os cargos de intendenta e deputada, en 1950 e 1951.

20 de marzo de 1951
COSAS DE AYER

NUEVAMENTE UNA MUJER


El devenir histórico ha demostrado siempre que cuando la desmoralización cunde en las colectividades, aparece una mujer como una mística salvadora y como emblema de triunfo.

En la época en que Francia se sentía derrotada, con sus ejércitos pletóricos de deserciones, surge Juana de Arco y con ella el fervor y el patriotismo por todo un pueblo.

También en Egipto hace cuatro mil años, en que la decadencia de Menfis amenazaba terminar con la civilización del Nilo, se hizo presente una hija del Faraón, la princesa Hacheptsut, que despertó entusiasmo entre sus súbditos y reinó para salvar la más potente cultura levantada sobre la tierra.

Fue una mujer la que hizo posible la expedición que dio nacimiento y vida a nuestro país. El viaje de Almagro despertó dolor y pesimismo, pues las regiones del Nuevo Extremo no mostraron sus riquezas al anciano don Diego. Nadie quería intentar nuevamente la pavorosa empresa y era imposible reclutar hombres para una travesía, habida la cuenta de tantos padecimientos. Sin embargo doña Inés de Suárez, inseparable compañera de don Pedro de Valdivia, supo ayudar y presidir ella misma la conquista llevando aliento y esperanza a cada uno de los soldados.

Nadie puede negar la influencia moral y afectiva de doña Javiera Carrera, de doña Paula Jaraquemada y de otras damas chilenas que supieron proteger y guiar a los patriotas en los amargos días de la Reconquista.

No es extraño, entonces que el triunfo de la señora Inés Enríquez sea una consecuencia lógica dentro de la entidad política a que pertenece, y más que nada dentro de toda la izquierda.

Cuando el confusionismo partidista ha hecho olvidar la trayectoria democrática del país; cuando se ha empezado a dudar de esas posibilidades electorales que iniciaran una nueva era el año 1938, ha surgido también una mujer que devolverá a los corazones el optimismo perdido.


(Artigo publicado no xornal La Hora o 21 de marzo de...1951)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 21-03-2015 01:51
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CONTOS DE PARDO BAZÁN: TRAVESURA

TRAVESURA


Por Emilia Pardo Bazán

[Nota preliminar: edición digital a partir de la de «La Esfera» núm. 219,de 19 de marzo de 1918, y cotejada con la edición crítica de Juan Paredes Núñez (Cuentos completos, La Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, Conde de Fenosa, 1990, T. IV, pp. 38-40).]


De sobra sabemos que aquí no hay puerta cerrada -díjome el teniente alcalde al referirme este ínfimo suceso-. Por más órdenes terminantes que dé uno, por más cara seria que ponga, aunque aterre a los guardias con severas instrucciones, apenas da media vuelta, entra todo el mundo, como Perico por su casa, en todas partes, ¡hasta en el sursum corda! Y entran primero los menos indicados, y se cuelan los que jamás debieron colarse nunca. Y no es lo peor que se cuelen, sino que se desmandan y se aprovechan.
Fue el caso, que estábamos construyendo, en los almacenes municipales -¡ya los ha visto usted!-, una carroza de Carnaval. Tenía la carroza la forma de un inmenso lagarto, hecho el cuerpo con verde mirto, y la gorja, ojos y lengua con claveles rojos. Como el diseño era artístico, el animalote resultaba hasta bonito, o siquiera muy pintoresco. La plataforma estaba hábilmente adaptada a la hechura del saurio, y las ruedas, casi invisibles, eran doradas con purpurina. Gran efecto había de causar el tarascón.
Y del barrio, y de más lejos, venían a bandadas golfos y hampones a admirar la obra de arte, y no podíamos espantarlos por más que hacíamos. El uno, por sobrino del carpintero Fulano; el otro, porque le conocía el empleado Mengano...; éste, porque era ahijado de la lavandera; aquél, porque su madre, la castañera de la esquina, conocía mucho al concejal H o B... Al poco rato aquello era una reunión concurrida, y los que ataban las ramas del mirto o clavaban las tablas de la plataforma, no podían revolverse, molestados por el emjambre, que cada vez se les echaba más encima, solícito en prestar imaginaria ayuda.
-¿Traigo alfileres? ¿Quié usté puntas de las gordas?
Entre estos auxiliares espontáneos, el más despabilado era un pilluelo, al cual conocían por Maca, abreviatura de Macario, su verdadero nombre. Donde había un recado que dar, una puerta de coche que abrir, algo que recoger del suelo, allí estaba Maca, con su semblante pálido y sucio, su ropa desteñida y remendada, su risa fácil, que celebraba toda broma que se le dirigiese, y su dentadura espléndida, enseñada con motivo de la risa. Así como no hay manera de evitar que el aire se cuele por las rendijas, no la había de librarse de Maca donde algo sucediese, fuese lo que quisiera. Maca sabía, no puedo decir por qué artes, dónde se reúne la gente, y rara vez se quedaba a la puerta; si veinte veces le despedían, otras tantas volvía, con tenacidad de mosca porfiada a quien oxean y de nuevo se posa en el terrón de azúcar. Habíamos acabado por aceptar a Maca como a una imposición de la fatalidad, y sin preguntar de dónde venía, quiénes eran sus padres, ni si era lícito su modo de vivir, casi nos sería penoso que desapareciese, hechos a tomar su importunidad como algo familiar en nuestra vida.
Mientras iba espesando el mirto, figurando la piel del verde monstruo, que en su lomo había de llevar a un grupo de lindas señoritas vestidas de Locuras -nunca disfraz más apropiado-, Maca zascandileaba por allí, nadie se fijó en un momento, al anochecer, en que desapareció como por encanto. A nadie se le podía ocurrir que se hubiese ocultado en cualquier rincón; si se pensase en él, se supondría que andaba ya por la calle, su morada habitual.
Se retiraron los pintores, los operarios, los espectadores, dejando solo el almacén de trastos y a la tarasca, a la cual sólo faltaban remates. Antes de retirarse habían dejado, al lado de la carroza, un cestón repleto. Eran bollos, fiambres y botellas con que al otro día serían obsequiadas las Locuras..., y no sólo las Locuras, sino sus obsequiantes. Debiendo salir temprano, adelantaron esta precaución.
Apenas quedó el local silencioso, salió Maca de su escondrijo. La oscuridad del recinto no era tan completa que, por los ventanos enrejados, no entrase una luz difusa, a la cual sus ojos se habituaron en seguida. Miró alrededor, y arrimadas a la pared vio unas figurazas espantables. Eran gigantes con turbante o con corona, y feísimos enanos con ropajes caprichosos. Había uno armado de todas armas, que en la cabeza ostentaba descomunal bacía de barbero. Había un villano rechoncho, caballero en un asno. Había un inglesón con sombrero gris y patillas rojas, y un gitano con unas tijerazas al cinto disformes. Estos monigotes permanecían cuajados en la expresión exagerada de sus carotas, que degeneraba en mueca. El pilluelo sabía muy bien lo que eran tales vestiglos. Hartas veces los había visto desfilar en festejos municipales. Los gigantes, los cabezudos del Ayuntamiento... Casi le parecían amigos. Pero, a tal hora, en la soledad del encierro, con la penumbra dudosa que envolvían sus bultos, adquirían una vida fantástica. Maca notó algo semejante a miedo. Entonces sus ojos se fijaron en la cesta.
En ella iba a encontrar no sólo el placer soñado, sino el valor que le faltaba. La abrió y la reconoció, con presteza de gallofero hecho a los lances del merodeo y del descuido.
¡Qué de riquezas! Nunca otras así habían palpado sus dedos ágiles. Trufados y rajas de lengua cuyo olor abría el apetito, jamón jugoso, bocadillos, emparedados formando un bloque, dulces y pastas, caramelos en bolsas de raso... Y, además, unas panzas frías, duras, de botellas que prometían paraísos...
Maca resolvió tomar de cada provisión un paquete. De las botellas tentadoras decidió apropiarse dos, una de jerez y otra de champán. Nadie lo sabría. Escondería el casco vacío detrás de Sancho Panza, y, luego, averigua quién te dio... Para abrir las botellas allí tenía, a falta de descorchador, el martillo de los carpinteros. Un golpe en el gollete... Roto el cuello, comenzó a empinar. ¡Contra, y qué cosa más buena! Sobre todo, aquel vino que hace espuma, ¡qué fino, qué traidor! ¡Y los bocados! ¡Dios, qué ricos! ¡Qué hermosuras se zampan los concejales! Maca devoró, devoró, engullendo ávidamente, alternando el trago con el tragadillo. ¡Más, más! En medio de su ansia, y de la cabeza «se le andaba arredor», el golfo pensó en borrar las huellas de su delito. Ocultó los papeles, los destrozados golletes, los cascos apurados, y dando traspiés, se acogió a la mole de la verde tarasca. Un sueño invencible le invadía, se apoderaba de su cuerpo ahíto y de su cerebro mareado. Una idea se le ocurrió; por mejor decir: le empujó el instinto a buscar refugio en el ancho vientre del monstruo. Deslizóse allí, entre virutas y ramas de mirto desechadas, y en el casi mullido lecho se tendió, ocultándose, maquinalmente, bajo el follaje. Un sopor profundo se apoderó de él. Como una piedra...
Tan como una piedra, que al amanecer del otro día no sintió que encajaban y atornillaban la plataforma, ni que fijaban sobre ella una especie de baranda, con toscos asientos destinados a que los ocupasen las Locuras. Y no percibió que sacaban el mamotreto, ni que le enganchaban el tronco de mulas que lo había de arrastrar, ni que el grupo de muchachas, alegre y desenfadado, diciendo timitos y chulerías, se instalaba sobre el lomo del lagarto, armando bulla con los cascabeles de sus cetros carnavalescos, rematados en cabecitas de muequeros bufones. Y empezó el armatoste a rodar, y rodó toda la mañana, entre la algarabía de la multitud, por calles y paseos, recogiendo ovaciones, perdiendo mirto a cada vuelta de rueda. Maca se había despertado por fin, con atroz dolor de sienes y bascas horribles. Deseaba gritar, clamar para que le sacasen de la extraña cárcel, y no se atrevía: de fijo le daban una paliza, le derrengaban a puntapiés... Además, le faltaban fuerzas. ¡Estaba malo, muy malo! En su prisión no había aire, y el taconeo que sobre él armaban las Locuras le resonaba dentro del cráneo, como si le golpeasen con mazos poderosos.
-¡Mi madre! -gemía el mísero, a pesar de que no la había conocido nunca.
Por la tarde, mientras el lagarto recorría una vez más los paseos, ya algo pelado, y con deserción de dos o tres Locuras, cuyo paradero se ignoraba, el golfo, ardiendo en calentura, tuvo un acceso del delirio. Vio a los monigotes de cartón piedra, convertidos en seres reales, que le acosaban, que le ensartaban con sus lanzas o le aporreaban con sus garrotes. Y vio que un colosal lagarto le tragaba y le digería penosamente. Eran sus propias sensaciones las que atribuía al animal. Su angustia era más cruel: la del que tiene el estómago paralizado. Debió entonces de revolverse con fuerza, porque algo notaron los que dirigían y conducían la carroza.
-No sé qué demonios hay ahí dentro...
Ya se retiraban al almacén. Allí alzaron la plataforma y sacaron al andrajo de humanidad, a Maca, delirando y grotescamente envuelto en ramillas de mirto...
En la Casa de Socorro fallaron: intoxicación, calentura muy alta. En el hospital, a los pocos días, gástricas, tifoideas.
-¿Y en qué paro? -pregunté con interés.
-¡Bah! -respondió el teniente alcalde-. Si usted quiere, averiguaremos. No he vuelto a tener noticia. Sólo sé que a Maca no se le ha vuelto a ver por ahí...


Texto publicado na ESFERA tal día como hoxe, 19 de marzo pero de...1918
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MEMORIA DA AUGA
MEMORIA DEL AGUA


Por Edmundo Moure Rojas

La palabra vacaciones, asociada desde temprano al agua sonora y misteriosa, era para nosotros algo quimérica en los años de infancia y juventud. Con una prole de ocho hijos, la abuela que vivía con nosotros, un tío abuelo y el hermano enfermizo de mi madre, más uno que otro residente a tiempo completo, que nunca escaseaban en aquella casa de cuartos innumerables y de larga mesa provista como milagro cotidiano, salir de veraneo, en familia, era asunto tan improbable como embarcarse en un transatlántico rumbo a Europa.
Pero mis padres nos llevaron, por primera vez –éramos sólo cuatro-, a un breve regalo estival en la localidad de Puente Negro, cerca de San Fernando, quince kilómetros hacia la cordillera, villorrio emplazado entre los ríos Tinguiririca y Claro, más cerca de este último, donde había abundantes truchas –hablo de febrero de 1946- que hacían la delicia del gallego Cándido, asiduo pescador.
Nos alojamos en la Pensión Parra, propiedad de doña Fidelia. Era un enorme caserón de dos altos pisos, provisto de ancho corredor y balaustrada que daba al camino de tierra en ascenso por los contrafuertes cordilleranos, hasta llegar a las Termas del Flaco y a la Sierra de Bellavista. Las amplias habitaciones de la segunda planta carecían de baño. Sobre una vieja cómoda había un gran lavatorio de fierro enlozado y un jarro o jofaina del mismo material, artilugios que servían para un aseo de cintura arriba, quedando el resto, incluidas las partes pudendas, al arbitrio de los baños en el río, a donde llevábamos una barra de jabón “gringo”, para mantener la necesaria higiene de los cuerpos. Al fondo de la quinta arbolada, sobre la acequia de rumorosas aguas, se alzaba una caseta de madera, provista de asiento con orificio redondo, que permitía desahogar los apremios escatológicos… De un clavo en la pared pendían papeles cuadriculados de periódico, dispuestos para aquella necesidad más urgente que la lectura.
Al despuntar el alba, mi padre, junto a su hermano Manuel y al amigo Arnaldo, remontaban las márgenes del río Claro y gozaban del placer de la pesca con mosca, una de las más difíciles especialidades, tan bien descrita por Ernest Hemingway en su notable novela autobiográfica, Nick Adams, donde narra sus primeros pasos en el arte de la caña vibrante y el sedal presto, bajo enseñanza de su padre, estableciendo fina analogía poética entre el acto de atraer al pez, hacerle picar el anzuelo, y cogerlo, aún palpitante y escurridizo, para depositarlo en la canasta del morral, con los escarceos amatorios del adolescente que descubre los primores del sexo.
Yo tenía apenas cinco años, así que aquella fantástica aventura sólo quedaba librada a la imaginación y a las promesas de un futuro remoto, “cuando seas grande”. La incitación palpitaba para mí entre el sonido del agua y el olor pegajoso y salobre de los aparejos de pesca y de esa canasta de la que emergían las truchas que íbamos a comer con deleite…
Recuerdo una tarde, en que padre Cándido había salido, solitario, a repetir la excursión de la mañana, quizá descontento por los escasos frutos obtenidos… Mi madre se veía muy inquieta por su tardanza, a medida que el sol trazaba su ruta de reposo, preocupación que se trocó en angustia después de la hora de cenar… Más aún, cuando al cabo del crepúsculo estalló súbita tormenta cordillerana, con truenos y relámpagos, y la lluvia se dejó caer con furioso repiqueteo contra aquella vieja casona y sobre el espeso polvo del camino.
Tío Manuel disimulaba su propio desasosiego, burlándose de la aprensión materna: “Ya va a llegar, cuñadita… Capaz que haya pasado a beber chicha en la cantina de los arrieros, o quizá esté charlando con la viuda de la botica”…
Cerca de la medianoche, furiosos ladridos del viejo can de la pensión alertaron a los adultos. Se escuchó el característico silbido que bien le mereció a papá el alcume gallego juvenil de O Grilo (El Grillo), allá en A Touza, porque, al decir de su amigo Maduro: “ía sempre polas congostras, asubiando” (iba siempre por los senderos, silbando).
Mi madre ahogó un grito de sorpresa. Cándido apareció en el umbral, calado hasta los huesos, con su alta silueta recortada bajo el dintel. En su cara se veían marcas de profundos arañazos que aún sangraban. Sus anchas manos exhibían similares heridas, pero una sonrisa de satisfacción le iluminaba el rostro, donde centelleaban los ojos azules. Me pareció temible aquella figura, con un sesgo de vitalidad salvaje que me hizo estremecer.... Al día siguiente, durante el almuerzo, narró en detalle lo ocurrido: Luego de llegar a un punto elevado del río, comenzó a pescar desde la orilla, para ir aventurándose cada vez más dentro del agua, buscando los bajos donde suelen pernoctar las truchas. Logró pescar una docena de ellas. El morral pesaba lo suyo, mientras seguía en la faena, sin percatarse que la corriente del río se intensificaba, hasta que el agua le llegó a la cintura. Con recelo, advirtió que el cauce iba encajonándose poco a poco entre unos farallones cubiertos de zarzamora. Oscurecía. No era posible retroceder. Pensó desembarazarse de aquella preciosa carga de plata húmeda y reluciente, pero resistió aquel impulso derrotista. Buscó afanosamente un lugar, una grieta en aquel muro natural por donde poder trepar… Tenía que escuchar la voz del agua y su compás memorioso, que señala vías, honduras y recodos salvadores… Repitió varios intentos infructuosos. El agua le acariciaba las axilas. Era preciso salir o la corriente le arrastraría hacia la confluencia del Claro con el Tinguiririca, donde el torrente se despeñaba con estruendo irreparable. Logró aferrarse a la zarzamora, a esa silveira que recordaba tan amable en los días de la infancia, con sus dulces amoriñas (moras) que recogiera para agasajar a su madre Elena… Sus manos poderosas y sus fuertes brazos posibilitaron el lento ascenso hacia la ribera… El denodado empeño por sobrevivir hizo insensibles las desgarraduras de espinas y piedras, pero los estragos en su cuerpo resultarían más elocuentes que sus palabras.
En febrero de 1948, mis padres arrendaron casa en el balneario de El Quisco. Veraneamos en ese lugar idílico, donde no había entonces más de veinte casas y la playa era una extensión dorada, casi desierta, que se ofrecía, exclusiva, a nuestros juegos… Hay fotografías, en blanco y negro, donde aparezco con mi hermano Toño, en trajes de baño de lana… Entre los vívidos recuerdos de aquellas dos semanas, sobresalen dos; el primero, mi forzoso aprendizaje de torpe nadador, cuando mi primo hermano Julio me lanzó a una poza de tres metros de profundidad, gritándome, con brutal pragmatismo: “o nadas o te ahogas, huevón”… Nadé. No cabía otra cosa. El segundo recuerdo fue un violento acceso nocturno de asma, que mi madre procuró aliviar mediante espesa infusión de leche hervida con ajo; la tragué con irreprimible asco y obediencia casi beatífica… Al parecer fue un buen paliativo, aunque no he repetido su prescripción… Parecen hoy más eficaces los inhaladores, salvo aquellos de procedencia rusa, que no le sirvieron al Che en sus agudos sofocos selváticos, como bien lo expresa en el célebre Diario de Combate, a despecho de estalinistas de entonces... y de ahora.
Con el correr de los años, ir de vacaciones fue sinónimo de gratos días en Chacra El Olivo, para los que debíamos turnarnos, entre los seis varones. Fui quizá el huésped más asiduo, acogido por mis primos Sergio y Manolo, coetáneos y compinches de fechorías y aventuras en aquel lar remoto que surge a menudo en los recuerdos de mi conciencia, y, sobre todo, en mis sueños, lugar en que la esperanza suele encontrar, como lo hiciera mi padre, el camino de regreso por la infalible memoria del agua, que rescata los murmullos de la vieja lengua campesina de los antergos, como si discurriera por el Búbal de Santa María de Vilaquinte.
En el verano de 1974, veintiocho años después, arrendé una cabaña en la localidad de Shangri La, ubicada siete kilómetros al oriente de Puente Negro, rústico balneario en la ribera del río Claro, que regentaba un judío-ruso, Boris Krivoss, y que le había otorgado aquel pretencioso nombre de oriental y místico exotismo… Solo, yo remontaba el río en persecución de las truchas, agitando el anzuelo-mosca sobre la límpida piel del agua, sin la habilidad de mi padre, pero con algo de fortuna que me permitía volver con algunos ejemplares, para luego cocinarlos en el ennegrecido fogón. Solía caminar hasta el pueblo, para comprar vituallas. Una mañana advertí, bajo el corredor frontal de la Pensión Parra, la figura venerable de doña Fidelia, sentada en silla de mimbre. Me acerqué a saludarla. Estaba ciega, pero al parecer lúcida, a los noventa y cinco años de edad… Recordó a mi padre: “Era muy buenmozo don Cándido y tenía acento extranjero; venía mucho por aquí, a pescar en verano y a cazar en invierno… A veces se alojaba en mi pensión, pero prefería quedarse donde la Mireya, la viuda del boticario”…
En el eterno fluir, va develando sus secretos el camino del agua.

Marzo 2015
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 14-03-2015 23:47
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FOTOS DA PRESENTACIÓN DO LIBRO DE XURXO SOUTO EN SADA
O venres 6 de marzo de 2015, Xurxo Souto achegouse ata Sada para falarnos do seu libro "Contos do Mar de Irlanda" e cativarnos coas súas historias do Gran Sol e coas cancións que naceron do mar.




Comentarios (0) - Categoría: Actividades - Publicado o 09-03-2015 18:08
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