A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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Primera Comunión
30 de octubre de 1947

PRIMERA COMUNIÓN


Por Ramón Suárez Picallo

“Con paz y limpieza en el corazón”, tu choza será un paraíso.”

Carlos y Ana Mora son dos hermanitos chilenos, de 10 y 12 años de edad respectivamente, que están preparándose para recibir a Dios en la forma del Pan Ácimo, según el bello sacramento de la Eucaristía, instituido por Jesús mismo en la última cena con sus apóstoles. “Tomad y comed de esto que es mi cuerpo, y que será sacrificado por vosotros...”. Tal fue la sencilla fórmula de la Consagración de uno de los más hermosos y significativos ritos de la Iglesia prolongado a través de los siglos: El Hombre-Dios, dado a sus criaturas como alimento eterno del espíritu en la humana y sencilla ceremonia de una comida de despedida. Por eso, cuando el ser humano –hombre o mujer- llega al uso de la razón, si sigue la tradición cristiana, se somete al tercero y cuarto sacramentos obligatorios, o sea, a la Confesión y a la Comunión, antecedidos por la Confirmación y el Bautismo, para vivir conforme a las leyes que rigen la Comunidad de los fieles. La primera Comunión tiene por ello un hondo y trascendental significado, por ser el primer contacto realizado voluntariamente entre el hombre y su Dios para consubstanciarse con Él.

Pero con el andar de los tiempos, la sencilla ceremonia se convirtió en un acto de orgullo y de pompa mundana, incluso con un ridículo atuendo regulado y reglamentado por quienes no saben cómo comulgaban los primeros cristianos. Y muchas veces, nos hemos indignado viendo a inocentes niñas envueltas en un vestido largo, blanco y antihigiénico, de primera comunión, más parecido a una mortaja final que a las ropas simbólicas del comienzo de la vida espiritual consciente; y a chiquillos vestidos de largo con traza de estar preparados para “despedir el duelo”, en vez de la natural alegría propia de su edad, sobre todo, en el día primero de su contacto con la divinidad creadora.

Y he aquí el problema gravísimo que se les presenta a los hermanos Carlos y Ana: ellos quieren hacer su Primera Comunión con el alma limpia y llenita de amor a Dios, pero no tienen los vestidos “reglamentarios” para tales casos: son varios pequeñuelos huérfanos de padre, y la mamá que debe mantenerlos a todos no puede meterse en gastos. Por todo lo cual, piden al diario católico de la mañana que publique su caso para que alguno de los piadosos lectores les facilita “un vestido, un ternito y unos zapatos usados” para salir airosos del trance. Viven en Compañía 4221, cerca de la Quinta Normal.

Es casi seguro que uno o varios de los muchos lectores catolicísimos que resuelvan la cuestión, mandándoles a los chicos alguna “ropita usá”; pero el problema no es ése; es otro de mucho mayor volumen y que afecta principalmente al sacerdote o a la catequista que los prepara para la trascendental ceremonia. Él debía haberles dicho: Para llegar a Jesús, hijos míos, no hacen falta vestidos de raso, ni lazadas de seda ni libritos cursis, ni estampitas de confitería, ni siquiera pantalones largos. Basta con presentarse limpio de alma, de corazón y de cuerpo. Ni roto, ni sucio, porque las roturas y la suciedad, revelan incuria desatención y falta de respeto por sí mismo; pero sí, zurcido, remendado y bien lavadito, que es la manera más decorosa de los pobres de bienes materiales, para presentarse ante Dios y ante los hombres en la seguridad de ser bien recibidos. Jesús era sencillo, humilde y pobre de solemnidad; y además amaba a los niños y a los pobres, mientras despreciaba a los que se vestían de seda por fuera, teniendo por dentro el alma envuelta en los sucios harapos de la codicia, de la envidia y de la soberbia, en procura de riquezas mal adquiridas.

Y de ahí el proverbio: “Con paz y limpieza en el corazón, tu choza será un paraíso”. Y aún podían agregar: tus pobres vestidos limpios y remendados, valen más ante tus ojos que la clámide, la toga o el manto de armiño, cuando cubren cuerpos, almas y corazones corrompidos.


(Texto publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1947)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Relixión - Publicado o 30-10-2014 01:47
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UN HIJO DE D. QUIJOTE
29 de octubre de 1943

UN HIJO DE DON QUIJOTE


Por Ramón Suárez Picallo

En estos días se ha producido un extraordinario y emocionante suceso en la colonia republicana española de Santiago de Chile. Un refugiado, relativamente joven, magnífico mecánico de máquinas de linotipia, ha perdido el juicio y se dio a hacer y hablar grandes despropósitos; tan grandes, que un grupo de compatriotas y correligionarios suyos, no tuvieron más remedio que recluirlo en un Sanatorio de enfermedades mentales, iniciándose una suscripción para costearle una estancia decorosa en la Casa de Salud. Trátase de un muchacho madrileño, alegre, jovial e ingenioso, muy querido por su verba pintoresca y su ingénita cordialidad; a poco de llegar a Chile, después de los trágicos avatares de la guerra civil, se dedicó por entero a perfeccionar dos inventos de su especialidad técnica; consiguió un crédito que le permitió trabajar con cierta holgura y logró registrar el fruto de su ingenio. Como pudo, y trabajando en otros menesteres, cumplió a cabalidad sus compromisos más urgentes, como cuadra a un caballero, de mucho honor y poca hacienda, de esos que suelen decir “mi palabra vale más que una escritura”. Se le ofreció casi una fortuna por sus inventos que él rechazó olímpicamente. ¡El talento no se vende!, decía iracundo.


DULCINEA DEL TOBOSO

Joven, de buena presencia, buen conversador y romántico por temperamento, no le faltó el aliciente de las simpatías femeninas en las que era singularmente afortunado. ¡Hasta que un día se enamoró! Se enamoró de verdad, perdidamente, irremediablemente, como un español de buena cepa. Con la cabeza llena de tuercas y tornillos, de cosas de precisión matemática, no supo o no quiso decir su tremenda aflicción. Sabía, o creía saber de antemano, que el objeto de su amor era, para él, un imposible. Dulcinea del Toboso, rubia, juvenil, de carne y hueso, se le aparecía como más allá de todas sus posibilidades. Y se lo calló, con sobriedad castellana, echándolo para dentro, el secreto alucinante. Se aisló de sus amigos, se hizo silencioso, y se envolvió, voluntariamente, en murrias y morriñas, ajeno por entero a todo problema de este prosaico vivir, luchar y morir. ¡Escribió versos! Leyó libros enrevesados, en busca de una salida para su atolladero sentimental. ¡Y fue para peor!

¡Vivía en la higuera!, como decían sus amigos, dando a entender que estaba fuera del mundo de las realidades tangibles. Alguien mencionó un día en su presencia un nombre de mujer. Como movido por un resorte, el hombre saltó: “Prohibo que se hable de eso. El que lo haga habrá de habérselas conmigo. ¡Quién quiera que sea, amigo, hermano o enemigo!...”

E inmediatamente, comenzó a hablar de política, de democracia y de República, en un tono inusitado. Habló de las injusticias sociales de la falta de misericordia humana, del desamparo de los niños y de los viejos, con razones tan profundas y elocuentes, que sus amigos, que jamás lo vieron tan elocuente, quedaron vivamente impresionados con sus dichos y razones.


LA LOCURA

Solía salir a pasear, completamente solo, por los barrios más pobres de la ciudad de Santiago; un día regresó sin su hermoso reloj de plata; otro, un anochecer muy frío, llegó a la pensión sin gabardina, hasta que, una mañana, no quiso desayunar, ni almorzar y se dispuso a mudarse. Sus amigos se “amoscaron”. Le preguntaron por el reloj, por la gabardina, y, sospechando que no quería comer, por no tener dinero para pagar, y sabiendo, además, que unos días antes disponía de cierta suma considerable, quisieron saber que había sido de sus bienes: el reloj, la gabardina, sus ropas y los pesos. El interpelado abrió los brazos y, mansa y suavemente, comenzó a hablar de esta extraña guisa:

-Lo di todo. La gabardina a un viejo muerto de frío, el reloj a una pobre mujer con tres niños, que me pidió limosna en el pedestal de la estatua de un héroe; los pesos –que eran poco más de mil– los repartí en una cuadra de conventillos entre niños sucios y famélicos.

-¿Qué me miráis?– dijo frente a la estupefacción de los interlocutores -¿De qué os asombráis? He sido feliz tres días, mitigando dolores ajenos, como hacía Jesucristo- ¡Tres días de dicha bien valen una vida de dolores!

Al invocar el nombre del Mártir del Gólgota, se exaltó más, dio a su voz entonación solemne, y afirmó después rotundamente: -Jesucristo volverá. El mundo está perdido por su ausencia. Volverá, porque si no vuelve, los hombres seguirán siendo verdugos de sus hermanos; se comen, se devoran y se matan unos a otros, mientras los niños y los viejos, que no pueden luchar, mueren de hambre y de frío.

-Volverá Jesucristo. Y mientras no vuelva, yo, asumo su representación. Y aquí, donde me véis y como me véis, yo soy su representante en la tierra. Y si me apuráis mucho os digo que por lo que he sufrido, yo mismo soy Jesucristo.


DIAGNÓSTICO

Pacificado el hombre, admitió la presencia de un médico alienista, que le fue presentado como amigo de un amigo suyo.

El galeno dictaminó algo así como una neuropsícosis de tipo místico, consecuencia de terribles convulsiones morales. Eso dijo el médico, mientras se dispusieron las cosas para internar al pobre delirante. Por algunas mejillas, que no sintieran el bien de una lágrima desde hace muchos años, rodaron las gotas salobres del agotado manantial. Las cabezas se descubrieron y alguien dijo:

-Acaba de pasar, loco de remate otra vez, nuestro señor don Quijote redivivo en un hijo suyo y de su raza.

Y por delante de todos los ojos desfilaron los campos resecos, polvorientos y tristes de la Mancha, todos llenos de follones y malandrines, y, en medio, la triste figura del caballero loco, invitándolos a detenerse en sus desaguisados, o a ser con él en épica y singular batalla.

(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de...1943)
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COLONIAS ESCOLARES EN CHILE
28 de octubre de 1942

COLONIAS ESCOLARES


Por Ramón Suárez Picallo

¿Ha visto usted alguna vez un enjambre de niños, en traje de baño, corriendo y saltando en una playa, haciendo pirámides de arena, o dándole manotadas a las olas azules? Es una lástima si no lo ha contemplado, porque el espectáculo es magnífico, gracioso y optimista.

En cambio, ha visto usted, muchas veces, en los barrios pobres, especialmente en las grandes ciudades, a los niños hacinados en el conventillo, sucios, raquíticos, pálidos, chapoteando es el barrro físico y en el fango moral, alejados del agua limpia como de las estrellas. Este espectáculo deprimente, de seguro que acongojó muchas veces su corazón, como indicio de futuras generaciones sucias y débiles. Pues bien: para sacar a esos niños pobres, aunque sea sólo por unos días, de ese ambiente mefítico y llevarlos a las playas, donde el aire, el mar y el sol robustecen los cuerpos y dan alegría a las almas, se han creado las Colonias Escolares de Vacaciones. Existen en todos los países del mundo, y en algunos, tienen asignadas en los presupuestos del Estado, sumas muy importantes.

En Chile, en estos últimos tiempos, se ha hecho mucho en tal sentido. Don Pedro Aguirre Cerda, el Presidente bondadoso, les prestó especial atención; las autoridades actuales también se la prestan. Pero los presupuestos aún no destinan sumas suficientes a ese renglón, y de recurrirse al óbolo privado para que puedan veranear los niños pobres.

Hoy se le pedirá a Ud. ese óbolo. No lo niegue. Abra generosamente el corazón y la cartera y piense que hará feliz, por unos días, a un niño que nunca fue feliz. Piense en una hermosa playa chilena, cuajada de niños, construyendo pirámides de arena acariciados por el aire y por la luz del sol, y se sentirá usted también, en parte constructor de pirámides de arena. Es decir, tendrá la dicha de ser por un instante un niño feliz.
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Presentación del libro “Zurita, Arquitectura del Escritor”, ensayo de Hernán Ortega Parada,
Reproducimos a continuación a intervención de Edmundo Moure na presentación do libro sobre o poeta chileno Raúl Zurita do que é autor Hernán Ortega.


EL SÓLIDO EDIFICIO POÉTICO DE RAÚL ZURITA


Como bien afirma Hernán Ortega, autor del libro, “Zurita, Arquitectura del Escritor”: “Con estas ‘arquitecturas’ se ha creado una inédita herramienta de análisis de los múltiples factores que hacen crecer a los autores de este género”.
Hablamos de una aguda y acabada indagación en el proceso creativo del escritor, en este caso específico, del poeta Raúl Zurita, para develar experiencias vitales y estéticas en función de la estructura de su obra literaria. En 1999, abriendo esta notable serie arquitectural, aparece “Enrique Gómez Correa”; en 2004, “Jorge Teillier”; en 2009, “Ludwig Zeller”; en 2014, una segunda edición de “Jorge Teillier”, en sobresaliente formato; y la primera edición de “Zurita”, que hoy nos ocupa en esta presentación.
Me une con Hernán Ortega una sólida amistad de más de tres décadas, incubada bajo el alero de la revista Huelén, en aquella casa mítica de avenida España esquina Blanco, donde el aroma dulzón del cuero curtido se confundía con el de la tinta de aquellos impresos en los que Hernán ponía el pulso constante e incansable de sus afanes de escritor, reuniendo a un grupo de soñadores y soñadoras capaces de sustraerse, aunque fuera en aquellas reuniones clandestinas, del peso aleve y corrosivo de esa “larga noche de piedra” en que las fuerzas militarizadas del lado oscuro habían sumido a nuestra República.
Desde un comienzo, me llamó profundamente la atención este individuo alto y desgarbado, de aspecto serio y algo solemne, que asumía el oficio de escritor como una suerte de cruzado quijotesco en beneficio de la literatura, concebida como ideal de trabajo compartido, posponiendo ese yo que entre nosotros suele ser gigantesco, aislándonos entre muros de vanidad y egolatría… Hernán quiso conformar un grupo selecto de creadores, en torno a una revista literaria como ha habido pocas en Chile, que logró sobrevivir en catorce números consecutivos, sorteando todas las limitaciones, exacerbadas en aquella época en que prevalecía el zafio terror del Estado fascista.
En el terreno semántico de las suposiciones -lo que pudo o debió ser y no fue-, se me ocurre que Hernán Ortega debió haber nacido en Alemania o en Inglaterra o en Suecia, países, ámbitos quizá privilegiados para el desarrollo de la investigación y de su hijo legítimo y pródigo, el ensayo. Hubiese dispuesto de medios y oportunidades para el desarrollo pleno de sus notables capacidades, analíticas y creativas. No obstante, la cruda realidad, que se impone a nuestros sueños y expectativas hizo que él creciera entre nosotros, en medio de esta menesterosa aldea de las letras, en cuyas
callejuelas precarias nuestro amigo ha sabido levantar su propia y fundamentada arquitectura, hecha de las mejores palabras repartidas con generosidad en su mesa fraterna.
El número 10 de la revista Huelén (agosto de 1983) fue dedicado a Raúl Zurita, con un artículo-entrevista, bajo el subtítulo “¿Infierno o Paraíso”, que ocupó un tercio de la publicación. En este texto se revela la capacidad indagadora de Hernán y el propio conocimiento de lo que constituye el proceso creativo del escritor, para articular una sólida estructura estética y vital al servicio del lector despierto y del escritor en vías de serlo, caminando entre las palabras por una senda estrecha que jamás termina, porque este es un oficio sin meta prefijada ni consagración definitiva… El que diga lo contrario no conoce sus avatares ni la imposibilidad, recurrente y dolorosa, de asir, de aprehender el lenguaje, siempre escurridizo y traicionero, mitad mariposa y mitad serpiente.
De ese texto, extraigo el colofón, de la pluma de Hernán Ortega:
“La historia se escribe con huellas. Y la poesía con inteligencia.
Nos queda la impresión que Zurita no irá al Purgatorio. Irá derecho al Infierno o al Paraíso. Allá, escrituras de fuego o de nubes denotarán su presencia.
Y en alguno de esos dos lugares, Zurita se encontrará con sus enemigos o sus panegiristas principales.”

Recuerdo que en 1990, recién inaugurada nuestra “democracia protegida”, Raúl Zurita viajó a Roma como flamante agregado cultural. Este nombramiento provocó escozores y generó diatribas entre algunos de sus pares de oficio. Se le criticó ácidamente, acusándole de connivencia publicitaria con los nuevos poderes… Entonces, escribí una crónica en el diario La Época, entregando al poeta mi modesto apoyo y mi reconocimiento expreso a la indiscutible calidad de su obra literaria. La publicación de mi texto me atrajo las iras y descalificaciones de aquellos iracundos detractores del poeta, que dedicaron un programa radial a descalificarme por mi osadía y a menoscabar la obra de Zurita…
Ahora, volviendo al colofón de Hernán, deseo a Raúl Zurita que no se tope, ni en el paraíso, ni en el infierno ni en ningún limbo escatológico, con esos canes iletrados que siempre ladrarán a quienes emprenden con ánimo y valentía los arduos caminos de la literatura… Como dijera nuestro recordado Filebo, “si algo no te perdonan tus camaradas de oficio, es que escribas bien”.

Paso a dar cuenta de algunas reflexiones en torno a Raúl Zurita y a su obra, surgidas luego de la lectura de este excelente ensayo, que recomiendo de manera entusiasta y desinteresada.
Consciente o inconscientemente, uno busca referentes, pares de espíritu, sea para sí mismo o para otros camaradas de oficio. Es el prurito de relación que toda actividad cultural requiere, estableciendo ligazones entre sus múltiples redes.
En el caso de Zurita, cantor epopéyico de las entrañas telúricas e históricas de Chile, como heredero aventajado de las voces clásicas de la poesía griega, latina e hispánica, y también de la aún novel poesía chilena, aparece ante mí uno de sus pares espirituales. Me refiero al escritor griego, de origen cretense, Niko Kazantzakis (1883-1957), uno de los grandes de la literatura universal, que no recibió el de sobra merecido Nobel, omisión que alcanzara también a Jorge Luis Borges y a otros dilectos no bien queridos de la Academia sueca.
Después de releer “Carta al Greco”, escucho de nuevo el eco telúrico de aquellas formidables imprecaciones con que el cretense desafía a la divinidad, mientras la busca, apelando a la figura de ese Cristo, humano y desgarrado, iluminado y sufriente, que atormentara a Kazantzakis… Este discurso, imprecativo y desmesurado, está presente en la poesía de Raúl Zurita, cuando nos dice: Les aseguro que no estoy loco… Créanme/ puede sí que el cielo me ponga un poco nervioso/ Es que hoy iba a rayar obscenidades en un baño/ y vi algo como un ángel –eso es todo/ “Escribe Dios y virgensantísima” me ordenó… O este otro verso: En los inmundos baños/ y en las altas catedrales/ hablan del éxtasis en las paredes/ Soy el hombre –respondo/ De Tu Sagrado Vientre Jesús/ me replican las paredes…
Esta actitud de Zurita, semejante a la de Kazantzakis, constituye quizá el meollo de su mérito estético, ser capaz de traducir en bella poesía aquella eclosión intermitente de un espíritu inquieto e insatisfecho, que aunque se declara escéptico y aun ateo, afirma una suerte de profesión de fe cósmica, cuando nos dice: “En el Universo, cada partícula de lo viviente da un testimonio de sí mismo”… Dar cuenta de sí mismo no deja de ser emocionante”… Así, Zurita ha plasmado versos en las pétreas llanuras del desierto y en los cielos ingrávidos de su pequeña patria.
Y cuando Hernán Ortega pregunta a Raúl Zurita: “¿Crees que ya has escrito la obra más libre y creativa, según alguna sospecha íntima?”, el poeta responde: “No quiero creer que sí. Me gustaría que todavía, si Dios llegase a existir, tuviese la gentileza de darme un par de años, me gustaría escribir un par de cosas que valiesen la pena…”
En las postrimerías de su vida, Niko Kazantzakis pedía a su Dios que le otorgase un año más para concluir su autobiografía espiritual, “Carta al Greco”, obra cuyo manuscrito hubo de compaginar y terminar Elena, su viuda, porque su petición, al parecer, no fue acogida por el innombrable.
De este coloquio entre Zurita y Ortega, espigo para mi crónica una reflexión de Raúl que me parece esencial:
“Quisiera creer que la única función de la literatura y del arte es hacer que la vida humana sea un poco más vivible. Pero, en todo caso, es un poco lo siguiente: los hechos en sí, son absolutamente parcos y secos, se murió mi papá, hoy me separé, nació mi hijo, hoy conocí a fulano de tal. Solamente el arte y la literatura son los que le dan a los hechos la piedad, la profundidad y la conmiseración que los hechos en sí mismos jamás tienen. O sea, el hecho de la muerte de mi padre es un dato seco, pero a través del arte yo puedo darle a la humanidad, despojada, el sentido que eso tiene. Entonces, puede ser que la literatura sea la única posibilidad de corrección de la experiencia, corrección que, por supuesto, nunca es suficiente. Muchas veces me he sorprendido pensando en que, para que dos seres que se amaban y que nunca tenían que morirse por luchas que no les correspondían, tuvo que escribirse ‘Romeo y Julieta’, ¿me entiendes? Me acuerdo tan patente que en la guerra de Sarajevo –yo estaba en Italia-. Vi imágenes de dos tipos tirados en un puente, eran un chico y una chica, creo que una musulmana y un serbio, de los dos bandos, muertos, jóvenes, y de inmediato los noticieros los llamaron ‘Romeo y Julieta de Sarajevo’… Pero siempre el arte es ese gran reservorio, lleno de conmiseración, para que los seres humanos no cometan las locuras y demencias que esas mismas obras se ven obligadas a contar, y sin embargo, nunca alcanzan…”
Kazantzakis escribió: “No es el hombre lo que me maravilla, sino el fuego que devora al hombre”.
En ese fuego propiciatorio, que jamás se extingue para quienes nos movemos tras sus anhelos, veo hoy a Raúl Zurita, nuestro gran poeta, emergiendo victorioso de las páginas de ésta su Arquitectura.

Edmundo Moure
25 de octubre, 2014
Presentación en la Feria Internacional del Libro, de Santiago, del libro “Zurita, Arquitectura del Escritor”, ensayo de Hernán Ortega Parada, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2014
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 27-10-2014 14:33
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La Feria Internacional del libro en Santiago de Chile en 2014
SACERDOTES Y BENEFICIARIOS DEL LUCRO


En publicitada arenga televisiva, que apunta a su futura campaña a la presidencia, Sebastián Piñera descalificó la reforma educacional, hoy en trámite legislativo. Sus razones son clarísimas: la iniciativa proscribe el lucro, es decir el alma misma del sistema capitalista, que funciona y se manifiesta a través de dos ángeles tutelares, la ambición y la codicia. Sin éstas, nada funciona, no puede haber “emprendimiento”, sustantivo clave que se aplica sólo a empresas de carácter comercial y utilitario; quedan fuera de su concepto aquellos cometidos humanos ajenos al beneficio pecuniario inmediato y a la usura, vale decir creaciones artísticas y de índole diversa que no se nutren de la “filosofía” mercantil al uso.

Piñera llama a los suyos a cerrar filas en torno a la defensa de la “libertad de empresa”; poco importa el rubro, trátese de educación, salud, sistema carcelario, extracción de basura o ahorro previsional. Donde exista la posibilidad de un beneficio pecuniario a costa de la inmensa mayoría, allí apuntarán los dardos de los “emprendedores”. Curiosamente, Sebastián Piñera no es creador de empresas, como creen o suponen muchos de sus feligreses. Se trata de un sagaz e implacable especulador, sacerdote de Mamón que supo aprovechar las oportunidades de sus contactos exteriores para montar el pingüe negocio de las tarjetas de crédito, base de su enorme fortuna personal. El resto se va concatenando por sí solo, porque, como bien afirma el vulgo, “la plata llama a la plata”.

El lucro, como incentivo y paradigma, según realidad estadística, sólo beneficiará a una minoría de la población; no podría ser de otra manera, porque la sustentación del sistema así lo requiere. De lo contrario, ocurriría la catástrofe, el desplome de sus estructuras. Como paliativo intermitente, advienen las crisis periódicas del capitalismo salvaje, cuyos remezones suelen favorecer a los propios sacerdotes, de acuerdo a otra verdad popular: “tener la sartén asida por el mango”. (De esto sí que sabe Piñera).

Un joven trabajador, personaje de una comedia de Bernard Shaw, afirma que prefiere la incertidumbre capitalista, la posibilidad de alcanzar estadios superiores del orden socioeconómico, a la certeza de una seguridad laborista que vuelva su vida, en el plano de las expectativas hedonísticas, tan mediocre como igualitaria. Y es que todo apunta, en el sistema hoy imperante en casi todo el orbe, a exacerbar los espejismos de una felicidad exhibida en las vitrinas de las tiendas y en los pasillos del supermercado, teniendo, como ejemplos a emular, a los cantantes exitosos, a los actores de masiva fama o a los futbolistas de elite. También caben aquí los escritores best seller, si saben adecuarse a la oferta y a la demanda del mercado, sin discursos críticos.

El sábado 25 de octubre me correspondió presentar, en la Feria Internacional del Libro de Santiago, el libro “Zurita, Arquitectura del Escritor”, de mi amigo y notable ensayista chileno, Hernán Ortega. Como se sabe, este año, la Cámara Chilena del Libro, gremio que reúne a editores y libreros –empresarios y comerciantes del rubro- negó a los escritores chilenos el ingreso a la feria sin previo pago de entrada. Como alternativa, quedaba la de ingresar al recinto con invitaciones puntuales a determinados actos, pero con la limitación de acceder sólo algunos minutos antes de esos eventos.

Pues bien, llegué a la FILSA veinte minutos antes del acto de presentación. Exhibí a una boletera la cartulina de convocatoria. La miró, devolviéndomela con una especie de mohín de triunfo: -“No le sirve, señor, porque ya llegaron todos los invitados”. Me recuperé del riesgo de pasmo, respondiéndole: -“Señorita, yo soy quien va a presentar el libro; allí está escrito mi nombre, y, para mayor abundamiento y por si le sirve el dato, soy escritor…” No hubo respuesta. Se produjo un momento de silencio, como esas pausas dramáticas entre diálogos de suspenso. Un fulano que hacía de cabeza del grupo de controladores de acceso, se volvió, alargando a la moza un ticket, con ademán displicente, diciéndole: -“Dásela no más, y que entre…”

Alejo Lavquén recordaba que la feria del libro fue creada por miembros de la Sociedad de Escritores de Chile, como una instancia libertaria e independiente, que permitiera al preterido escritor chileno mostrar sus producciones y poder ofrecerlas al público lector, sin pasar por las consabidas humillaciones y despojos de libreros y editores venales. En los albores de los 80’, fui designado por el directorio de la SECH para articular la feria en el parque Forestal, a un costado del Museo de Arte Contemporáneo. Lo hice, con la colaboración de Manuel Melero, entonces presidente de la Cámara Chilena del Libro. La entrada era gratuita y la SECH contó con un stand igual al de los otros expositores.

Hoy, la FILSA es un gigantesco supermercado del libro, apto para grandes editoriales y cadenas de libreros. Un negocio más, con lucro incluido, donde todo se cobra a precio de mercado. La única presencia “destacable” para los creadores literarios es la de ciertos escribas súper ventas, más o menos regalones del sistema, como es el caso del tránsfuga ideológico, diplomático piñerista de circunstancia, Raúl Ampuero… La caseta de la SECH se alza, como contrapartida, menesterosa y ausente, en un pasillo lateral.

Pero los escritores somos pocos para organizar un desfile, y nuestros intereses no concuerdan –salvo casos señalados- con los sacerdotes del lucro ni con sus beneficiarios. Y no hay políticos ni empresarios que nos defiendan, salvo quizá aquellos que emprenden la aventura de publicar un libro, aunque no se les dé la gramática ni les sonría otra metáfora que la de “In God we trust”.

Para quienes no lo saben, Don Francisco es también socio de la SECH (no sé si continúa pagando las cuotas sociales). Hace dos décadas o algo más, publicó un libro con sus “memorias”, e ingresó al gremio. El popular animador, al igual que Sebastián Piñera, no posee cabal dominio del lenguaje (está a la vista), pero recurrió a un gran escritor chileno, Alfonso Alcalde, por esos días sumido en la miseria, para que le escribiera sus “vivencias”, a cambio de una considerable soldada como retribución. Bueno, esa es otra posibilidad real de emprendimiento, diría el ex mandatario Piñera, hacer de “negro” para los ignaros de la farándula que quieren salir de la agrafía y publicar un libro.

Puede ser, amigo lector… Ojalá a ti se te diera bien eso del lucro. En mi caso, prefiero no abundar en ello.


Edmundo Moure
Emprendedor literario
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 26-10-2014 23:36
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Productos chilenos
RSP comenta (en 1950)con agrado o cambio que observa no consumidor e comerciantes chilenos pois cando el chegou a Chile se renegaba dos productos nacionais e agora nos escaparates se anuncia con satisfación "producto chileno"...

26 de octubre de 1950

La Feria del Mundo
Por Pick–Up (Ramón Suárez Picallo)

“BEBERÁS EN TU COPA...”

El curioso viajero que llegó a Santiago hace ahora diez años y que se quedo aquí como huésped amable, dispuesto a ver las cosas con objetividad desapasionada, comprueba complacido una escala ascendente e ininterrumpida de progresos. Progreso cultural, progreso espiritual, progreso industrial y progreso mercantil, consiste en jerarquizar y ordenar una emoción nacional, trascendida a todos los órdenes de la vida colectiva. No se trata de un nacionalismo chauvinista y excluyente llamado también patriotismo, absolutamente incompatible con el amplio espíritu universalista de Chile.

¡NO! Se trata de otra cosa en verdad muy distinta. Trátase de valorizar el propio esfuerzo en sus múltiples manifestaciones con un sentido nuevo de comunidad solidaria nacional, tan contraria al viejo criterio cursi de suponer que todo lo que viene de afuera es superior a lo que se encuentra o se hace aquí, como aquel dicho que dice: “Si es chileno, es bueno” trátese de lo que se trata. Los dos extremos aparentemente antípodas, indican un mismo complejo de falta de verdadero sentido nacional ponderado y creador.

Y ahora, a lo que queríamos ir. Hace diez años era muy difícil ver en las vidrieras elegantes del comercio santiaguino un solo rotulo que dijera “fabricación chilena”. Se consideraba tal anuncio cosa de mal gusto y digno de ordinariez. Y recordamos haber concurrido a un remate del que tuvimos que salir de mala manera. Era el martillero un hombre tosco, de mal gusto masculino y codicioso. Y al pedir oferta por ciertos objetos puestos a subasta, se encaró con un postor diciéndole: “Usted se equivoca, ni que este producto fuera nacional, sepa usted que es importado y por eso no considero su oferta”. La protesta contra el mal chileno surgió enérgica y espontánea y nosotros nos sumamos a ella. Se suspendió el remate y aquello terminó como el mismísimo Rosario de la Autora.

Hoy, en cambio, el transeúnte que recorre los centros mas finos y ciudadanos del comercio de la capital, y vea sus magnificas vidrieras puede contemplar, al pie de los productos más vistosos y mejor presentados, el rótulo que certifica orgullosamente su origen nacional. Paños y tejidos de todas las clases, finísimos cristales, muebles de época y de estilo, construidos por obreros chilenos y con maderas de sus bosques, calzados de exquisita elegancia, conservas enlatadas, aparte de los vinos y de los frutos de los campos, todos con el rótulo “fabricación chilena”.

En todo ello indicio de un nuevo estado de ánimo, de una fe y de una esperanza creadora, rectificando el viejo prejuicio negativo de menospreciar lo propio; es jerarquizar el esfuerzo creador de un pueblo. Es, en fin, recordar el dicho del poeta: “Beberás en tu copa de tosco vidrio o de fino cristal, pero tuya...”.
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Institucións e Sociedades - Publicado o 26-10-2014 02:53
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Don Juan de Borbón y Gil Robles
Desde a renuncia de Afonso XIII como xefe da Casa Real española o 15 de xaneiro de 1941, Juan foi o pretendente ao trono de España e encabezou a defensa da causa monárquica contra a ditadura de Franco, ligando o proxecto de restauración da monarquía a unha concepción política liberal e democrática (Manifesto aos españois, 1945), liderando parte da oposición ao franquismo. En 1946 instalouse en Estoril, Portugal coa súa familia e desde alí, asesorado por un consello privado, do que formou parte José Mª Gil Robles, despregou un paciente labor diplomático en favor da súa propia causa.
RSP, dende o exilio, opina sobre a cuestión.


25 de octubre de 1947

DON JUAN Y DON JOSÉ MARÍA


Por Ramón Suárez Picallo

Don Juan de Borbón, Habsburgo-Lorena y Battenberg, hijo tercero del ex Rey de España, Alfonso XIII, tiene muchísima gana de ocupar el trono de sus mayores derribado por unas elecciones municipales, celebradas el 12 de abril de 1931 y de las cuales devino la proclamación de la República Española. Desde aquel día, aciago para su familia, los miembros de la Casa Real, no cejaron un solo instante para recuperar la posición perdida mientras los que fueran sus amigos y partidarios, se avenían con el nuevo régimen y lo servían, a su modo, sin reconocerlo pero acatándolo.

Entre estos últimos, figuró don José María Gil Robles, Catedrático de Derecho Político de la Universidad de Salamanca, Diputado en los tres períodos parlamentarios de la República, y en uno de ellos gobernante - 1933-1935, llamado “bienio negro”, en el que compartió el Poder con don Alejandro Lerroux- durante el cual, desde el Ministerio de la Guerra ayudó a preparar la insurrección de 1936 cuya iniciación ordenó desde el Parlamento republicano, el mismo día de la muerte de Calvo Sotelo, mediante unas palabras bíblicas, que eran la clave del levantamiento, convenido desde hacía mucho tiempo.

El señor Gil Robles representaba, entonces, todas las fuerzas derechistas españolas en el orden religioso, en el orden económico y en el orden político frente al propio Calvo Sotelo, monárquico vertical por el que Gil Robles tenía pública y notoria antipatía. El profesor de Salamanca, sofista sutil, hábil y buen servidor de la reacción española, encabezada entonces por La Compañía de Jesús, definió su posición hablando en las Cortes Constituyentes en los siguientes términos: “La corona española ha caído, pero la Cruz que le servía de término superior, es recogida por nosotros con corona o sin ella”. Se refería a su poderoso grupo político denominado “Ceda” –sigla de la Confederación Española de Derechas Autónomas” como jefe del cual actuó dentro de la República; perdió las elecciones de 1931, ganó las de 1933 y perdió después las de 1936.

Al perderlas, en el mes de febrero, se dedicó en cuerpo y alma a provocar la Guerra civil; le propuso al jefe del Gobierno – a la sazón don Manuel Portela Valladares- que no entregase el poder a los vencedores, que proclamase la Ley Marcial y que disolviese el Congreso antes de reunirse. Cuatro horas después, el General Franco le hacía a Portela la misma proposición, en nombre del ejército; el Premier no les hizo caso y entregó el Poder a quienes lo habían ganado en las urnas en memorable jornada electoral, aún siendo como eran sus adversarios políticos. La guerra civil quedó proclamada en aquel mismo instante a la espera tan sólo del grito: “a las armas”. Lo dio Gil Robles en la ocasión antes mencionada y la lucha comenzó con los resultados conocidos.


COMPUERTA AL MAR

El señor Gil Robles creía que la insurrección había de ser hecha a la medida de su partido y de los intereses que él representaba: protección al latifundio semifeudal, monarquía “ponderada y ecuánime” y otras cosas más, que no entraban en el Programa desaforado del “nacional sindicalismo” de Falange Española, revolucionaria al revés. Gil Robles, después de una histórica entrevista con Franco, salió para el exilio como si fuese un “rojo distinguido”. La prensa franquista, no le escatimó epítetos ni injurias. Lo puso como a chupa de dómine.

En el destierro se encontró con el Pretendiente al trono, el que a su vez no había sido mejor tratado que él por el dictador en ciernes. En efecto, don Juan de Borbón, había sido rotundamente rechazado, después de vestirse de falangista, como soldado raso del “movimiento salvador”. El generalísimo, ya tenía, sin duda, a la sazón, sus “ideas” sobre el reino del que quería ser jefe. Y se dijo lo mismo que dice ahora: “Principitos a mí…. Y a estas horas. Yo los hago y los deshago, y, como hay tantos, elijo el que quiero. Porque no se le pueden poner compuertas al mar desbordado de una guerra civil”.

Don Juan y don José María se pusieron de acuerdo para “convencer” a Franco; y para combatirlo después de no haberse querido convencer de que debe irse del Gobierno. Franco proclamó su propio reino sin don Juan y sin Gil Robles, y ahí está en él, tan campante y pimpante, dispuesto a todo, menos a llevarles el apunte a los dos desprestigiados capistotes de una España que no volverá nunca más.

Últimamente, un sector de los monárquicos –el llamado constitucionalista y liberal- inició gestiones con algunos grupos republicanos, entre los que se cuenta el Partido Socialista Obrero Español, que dirige don Indalecio Prieto, para llegar a un acuerdo tendiente a derribar a Franco, substituyéndolo por un Gobierno provisional que convoque a las elecciones para que el pueblo decida qué régimen desea. En estos trapicheos, intervinieron, bajo la amable vigilancia del Foreign Office, Indalecio Prieto y José María Gil Robles, los que, según noticias cablegráficas que tenemos a la vista, habrían llegado a un principio de entendimiento para el logro del objetivo principal, consistente en decirle al Generalísimo: “Váyase usted con Dios y déjenos a nosotros en paz o en guerra”.

Mas hétenos aquí que don Juan de Borbón, a quien suponíamos representado él y sus pretensiones por Gil Robles, ha declarado que no hay tal cosa; que los dos líderes obraron por su cuenta y riesgo; y que la corona de España no vendrá a su cabeza por tales caminos. Por cuales otros puedan venirle es cosa que nosotros no sabemos, a pesar de nuestros medios de información.

¿Es que han dejado de entenderse don Juan y don José María? Allá se las entienden ellos. Mientras tanto, España y los pueblos que la integran, siguen su ruta por caminos propios, que no son ni los de Juan ni los de José. Son los caminos de España.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de...1947)
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EL OSTRACISMO
24 de octubre de 1942

EL OSTRACISMO, CASTIGO A LA VIRTUD


Por Ramón Suárez Picallo

La efemérides centenaria de O’Higgins -¡loada sea por siempre su memoria!– trae el triste recuerdo de que el Padre de la Patria chilena, al igual que San Martín, y los padres, forjadores y reformadores de otras patrias, murieron en el ostracismo, forzado o voluntario. Sólo aquellos que amando fervorosamente a su patria y habiéndola servido, como ellos la sirvieron tuvieron un día que trasponer sus linderos hacia el exilio, saben lo que eso significa y son capaces de valorar, en toda su magnitud, la grandeza moral de quienes se aplicaron a sí mismos el terrible castigo para servir a la paz civil y política de sus países. Vivir y morir, voluntariamente, lejos de la Patria que se ama como a la luz de los ojos, teniendo reflejada su visión en el alma y en las pupilas, es el supremo sacrificio que no puede describirse con palabras.

Por algo el ostracismo nació como castigo a las virtudes cívicas. Lo instituyeron los griegos para apartar de la vida pública a aquellos hombres, que, por su prestigio, su sabiduría y su ascendencia moral sobre sus semejantes, pudieran alzarse con la suma del Poder y convertirse en dictadores o tiranos. “Y, para evitar aquella tiranía que, por ser virtuosa, era justa, peligrosa y sin reparo –dice Saavedra Fajardo– nació en Grecia el ostracismo, que consistía en confinar en una isla o lugar solitario a los más virtuosos”. Y Bartolomé Leonardo de Argensola:

“Si de Grecia sacaba el ostracismo.
a los buenos, por insignemente buenos”

Exactamente, por buenos, por insignemente buenos, como diría el alto poeta, murieron en el ostracismo O’Higgins y San Martín, creadores de patrias. Y al evocarlos en el momento supremo del tránsito hacia la inmortalidad, ennoblecidos y embellecidos por el dolor ingente del exilio voluntario, los vemos más grandes aún que en la hora de sus más gloriosas batallas y de sus mejores realizaciones políticas.

Por lo que significa, como ejemplaridad y como lección va el recuerdo de su gesto magnífico, especialmente en estos tiempos en que la ambición del mando y la codicia del poder, traen perturbado al mundo en sus cuatros puntos cardinales.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de...1942)
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A CERÁMICA DE ISAAC DÍAZ PARDO

Afundación acolle unha mostra sobre a cerámica de Díaz Pardo.

A Fundación Galicia Obra Social (Afundación) expón desde este xoves, na sua sede de A Coruña, unha mostra sobre a cerámica de Isaac Díaz Pardo, baixo o título 'A vangarda das formas. Obra cerámica de Isaac Díaz Pardo', que estará exposta ata o 10 de xanerio.
Comentarios (0) - Categoría: ISAAC DÍAZ PARDO - Publicado o 23-10-2014 08:50
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Mariscal Jan Christiaan Smuts
RSP comenta a acollida que recibiu no Parlamento Británico o estadista e militar sudafricano Jan Smuts.
Smuts (1870-1950) foi nomeado Mariscal de Campo do exército británico en 1941, sendo o primer sudafricano en alcanzar dito rango.


23 de octubre de 1942

LUCHAR Y CANTAR


Por Ramón Suárez Picallo

A Jan Smuts, Mariscal de Campo y Primer Ministro de Sudáfrica, tuvo que haberle impresionado vivamente el espectáculo que le brindó el Parlamento Británico, integrado por Lores y Comunes, reunido solemnemente, para escuchar su palabra.

Smuts es un viejo soldado, templado en cien combates, es un estadista esclarecido y es, además, devoto aficionado a las artes y las letras. Uno de los hombres más interesantes del Imperio Británico, al que admira y guarda áurea lealtad. Es una resultante humanizada del siglo XIX inglés, tan rico en valores políticos y humanos. Por eso, conoce a Inglaterra y sabe que muy raras veces, su Parlamento famoso, tributa a un hombre nacido fuera de las Islas, al homenaje de una reunión plenaria y solemne, presidida por David Lloyd George, con la presencia del Jefe del Gobierno de S.M.B.

Smuts dijo allí palabras de optimismo y esperanza. Y las dijo con tal acento, con tal convicción y con tal fe, que los sobrios y parcos representantes de Inglaterra, puestos de pie, cantaron para él una canción de alegre camaradería, como si se tratara de un grupo de colegiales de Oxford o de Cambridge.

¡Insólito espectáculo! Los solemnes y empacados Lores y los inquietos y a veces agrios representantes populares, cantando una canción juvenil a un Mariscal de Campo que tiene más de 80 años, es cosa que, ciertamente, hace historia. “Renovarse o morir”, se ha dicho. Inglaterra no morirá, porque sabe renovarse, y, además, sabe hacerlo cantando canciones de alegre camaradería, en medio de la mayor y más decisiva lucha de su Historia. Recordemos que quienes saben cantar, tomados de las manos, saben vivir en comunidad y morir con una canción de esperanza en los labios.

En todo esto debió pensar Jan Smuts mientras recibía el cálido e inusitado homenaje del Parlamento Británico, la vieja institución viviente de la Democracia universal.


(Artigo publicado no xornal La Hora de Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de...1942)
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